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QUE LA RESILIENCIA TE ACOMPAÑE

Resulta que la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), que agrupa a 35  países entre los que se encuentra España, se muestra muy preocupada porque, en nuestro país, uno de cada tres estudiantes con quince años ha repetido algún curso.

La preocupación sería de agradecer si no fuera porque, a renglón seguido, argumenta que tener altas tasas de repetidores puede ser muy costoso para los países y no siempre existen garantías de que repetir vaya a  permitir a los alumnos seguir enganchados al sistema.

El tema se vuelve entonces peliagudo, porque si repetir no se plantea como una solución, evidentemente el permitir que alumnos que no consiguen alcanzar unos objetivos establecidos promocionen, por supuestísimo que tampoco lo es.

¿Qué hacer entonces? Difícil respuesta.

Para empezar, los datos del informe PISA (el Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes – En inglés: Programme for  International  Student  Assessment – es un estudio llevado a cabo por la OCDE a nivel mundial para medir el rendimiento académico de los alumnos en matemáticas, ciencia y lectura; y su objetivo es proporcionar datos comparables que posibiliten a los países mejorar sus políticas de educación y sus resultados), identifican el problema y concluyen que los alumnos más desfavorecidos social y económicamente tienen un riesgo de repetir curso 11 veces mayor que otros alumnos mejor situados socioeconómicamente.

Acabáramos.

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Resulta que se necesita hacer un estudio para concluir que un niño que, por ejemplo, vive en una casa donde no se llega a fin de mes, con problemas económicos que normalmente también están relacionados con la exclusión social, va a tener más posibilidades de fracasar en la escuela que otro que no sufre la misma situación.

Es de perogrullo pensar que un hogar donde se lidia diariamente con problemas de «subsistencia» no es el mejor lugar para que un niño pueda desarrollar sus capacidades académicas. A esa conclusión creo que somos capaces de llegar todos, maestros y no docentes. Las preocupaciones en una casa afectan a todos sus miembros y, cuanto mayores las preocupaciones, mayor la tensión y el «stress», también para los niños.

Repito, el informe nos da datos sobre el problema. Hasta ahí bien. Lo «chungo» es que también viene a decir que la solución es conseguir que estos niños – con la «mochila» que cargan sobre sus espaldas – se enganchen de nuevo al sistema, que vuelvan a jugar el partido; y para ello proponen adaptaciones curriculares, detecciones tempranas y milongas varias que lo que pretenden es, como siempre, pasarle la pelota al docente de turno que pelea el día a día junto a ellos.

Puestos a pasar pelotas, a lo mejor ellos podrían dedicarse a mejorar la situación económica y social de la gente. A lo mejor así habría más hogares «normalizados». A lo mejor así un niño no tendría por qué vivir bajo situaciones que no debería. A lo mejor así todos los niños podrían dedicarse a estudiar y punto, como deberían.

Sea como sea, quizás a más de uno de estos de la OCDE se les haya cruzado por la cabeza la misma reflexión y, por si a alguien se le ocurre pasarles la «patata caliente», concluyen que, aunque la situación familiar desfavorable es muy, muy importante, hay estudiantes que, a pesar de los pesares, son capaces de conseguir resultados académicos óptimos; y han llegado incluso a inventarse un término para calificar la capacidad de estos estudiantes para alcanzar resultados por encima de las expectativas predecibles por su estatus socioeconómico: «RESILIENCIA».

Así que, docentes del mundo entero, ante las dificultades, las adversidades y las injusticias en el desarrollo de nuestro «oficio» habrá que ir repitiendo – como si de un mantra «jedi» se tratará – aquello de «Que la RESILIENCIA te acompañe»… a ver si así suena la flauta.

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