Opinión

Doping

Juan Enrique Daroqui / ECONOMISTA

El doping, antes, era asociado con los deportistas que tomaban sustancias para mejorar su rendimiento físico y así conseguir mejores marcas. Con el paso del tiempo no solo se pretendía conseguir mejores marcas, lo que se pretende es ganar a los rivales y lograr más títulos. Obtener mejores marcas y ganar más títulos además de fama y prestigio también va asociado a ganar más dinero, y no solo por los premios que otorgan las pruebas si no porque además se consiguen mayores ingresos a través de los patrocinadores. La pasta influye.

Obviamente el doping está asociado a sustancias ilegales ya que mejorar el rendimiento con métodos permitidos es lo que hace todo buen deportista. Pero esto del doping ya no solo es tomar sustancias, también se hacen transfusiones de sangre y a saber qué otras cosas, de manera que el COI define el doping como “la administración o uso por parte de un atleta de cualquier sustancia ajena al organismo o cualquier sustancia fisiológica tomada en cantidad anormal o por una vía anormal con la sola intención de aumentar en un modo artificial y deshonesto su actuación en la competición.”

Todos conocemos casos de doping entre deportistas, quizá el primero que llamó la atención fue el de Ben Johnson, que ganó la medalla de oro de los 100 metros lisos, batiendo el récord del mundo, en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Le quitaron la medalla, el récord y lo sancionaron dos años. Volvió a dar positivo en 1993 y ya lo sancionaron de por vida.

Otro caso escandaloso fue el de Lance Armstrong, cuando se descubrió que había ganado los siete Tours de Francia consecutivos haciendo trampa. Naturalmente le quitaron los siete títulos y fue sancionado de por vida.

Pero esto del doping no para de avanzar y ya tenemos que el doping mecánico o doping tecnológico se puede dar en el ciclismo aplicando motores o sistemas a las bicicletas. ¡Qué cosas se inventan!

Y ya rizando el rizo ahora hemos descubierto el doping electoral puesto que resulta que hay partidos políticos que han utilizado métodos ilegales para incorporar sustancias (euros, muchos euros) en sus organizaciones para poder ganar las elecciones a las que se presentaban. Y como se ve que esto del doping engancha, no lo han hecho una sola vez, si no varias. Como Johnson o como Armstrong son reincidentes. Y como decía al principio no solo se trata de ganar, se trata de que por ganar se recibe mucho más dinero. Cuantos más diputados tienes más dinero recibes. La pasta influye como decía.

El problema está en que si se le pilla al partido tramposo, ¿qué castigo se le puede poner? Ya que no se le puede quitar la medalla o el título porque ni se le dio medalla ni título puesto que lo que ganaron fue poder y eso, a toro pasado, es muy difícil de quitar, habría que recurrir (aparte de las consecuencias penales que pudiera tener si es que las tiene), a la segunda parte de la sanción que se impone a los deportistas, sancionarlo a no poder competir durante un periodo de tiempo la primera vez, o de por vida si se es reincidente, ¿no?

Es solo una idea.

@Rutiguer_JED

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