Cultura

Espectacular aumento del turismo religioso en Valencia

San Nicolás, la Almoina, la Catedral, la Capilla del Santo Cáliz y la Basilíca de la Virgen captan la atención de valencianos y visitantes

iV.com.- Valencia ya propone otro aliciente más a turistas y visitantes, a partir de la arquitectura y el arte religiosos que se han convertido en centro de atención de la ciudad.

Con 21 siglos de historia de por emdio y en pleno corazón de la villa, a la Catedral, el Miguelete, la Basílica de la Virgen o la Almoina, se une ahora la parroquia de San Nicolás, la denominada “capilla sixtina” valenciana.

Asentada sobre un templo romano, la Catedral fue mezquita después.  Su origen se remonta al siglo XIII. Catedral que no pertenece a un estilo unitario ni dominante, sus lenguajes van desde el románico hasta el barroco, como lo atestiguan cada una de sus tres puertas: Puerta principal, o de los Hierros (Barroca); Puerta de los Apóstoles (Gótica) y Puerta del Palau (Románica). Miguelete: Campanario de la Catedral construido en los siglos XIV – XV, obra de Andrés Juliá. Torre de planta octogonal y 50.85 metros de altura, de marcado carácter gótico, que se encuentra junto a la barroca Puerta de los Hierros.

En el interior de esta simbólica construcción una escalera de caracol conduce hasta la terraza, desde donde se divisa la ciudad, la huerta y el mar. Capilla del Santo Cáliz: antigua Sala Capitular y de Estudios; en su origen, 1356, estaba separada de la Catedral. En ella se conserva el Santo Cáliz que, según la tradición, empleó Jesucristo en la última cena. La “Obra Nova” o “Balconets de Cabildo” viene constituida por un conjunto de tres plantas, adosado a la cúpula de la Catedral, siendo su principal función la de dominar visualmente la Plaza de la Virgen. Obra renacentista de triple arcada serliana.

San Nicolás

El restaurador jefe de la Capilla Sixtina bautizó los frescos de la iglesia valenciana de San Nicolás como dignos homólogos de la obra maestra vaticana de Miguel Ángel y en dos meses, tras su reapertura, han revolucionado el turismo religioso de la ciudad al recibir hasta 2.000 visitas en un día.

También ubicada y semioculta en el casco histórico de Valencia, a escasos metros de la Catedral, la Basílica de la Virgen de los Desamparados -patrona de la ciudad- y el Palau de la Generalitat, esta iglesia gótica del siglo XV disfruta desde el 4 de febrero de una nueva vida gracias a una ingente restauración integral, tanto pictórica y ornamental como arquitectónica, que ha durado varios años.

La recuperación de los 1.904 metros cuadrados de exhuberantes frescos de su bóveda -frente a los 800 de la Capilla Sixtina- ha supuesto un hito técnico y económico.

La intervención de la Fundación Hortensia Herrero ha permitido, con una inversión de 4,7 millones de euros (dos millones para la estructura y 2,7 para las pinturas), salvar literalmente una iglesia de gran tradición en Valencia pero muy deteriorada.

“Ha sido una restauración hecha por la sociedad civil. No es el Estado quien debe implicarse en la protección del patrimonio”, apunta su párroco, Antonio Corbí. “Es un regalo inmenso a la ciudad”, proclama para valorar también el papel del Instituto de Restauración de la Universidad Politécnica de Valencia, cuyos técnicos, liderados por la catedrática Pilar Roig, han sacado a la luz las barrocas escenas cromáticas diseñadas por Antonio Palomino y ejecutadas por su discípulo Dionís Vidal.

Debido a la degradación de cubiertas y ventanales de la nave, esas pinturas, que datan del siglo XVII, sufrían un gran deterioro, con la filtración de agua y sin apenas ventilación.

Así, tras una primera intervención urgente en el exterior de la iglesia, llegó el turno de los restauradores pictóricos, que emplearon técnicas de todo tipo -incluyendo láser y bacterias “educadas” en laboratorio para limpiar las obras- para salvar unos frescos que no se restauraban desde 1920 y que, ahora, no paran de causar admiración entre turistas, feligreses, medios de comunicación nacionales y extranjeros y expertos en restauración.

El proyecto integral ha permitido, además, restaurar las capillas -como la de san Judas Tadeo, cuya devoción genera largas colas cada lunes-, las fachadas, las vidrieras y el pavimento del templo.

El equipo de la UPV ha invertido más de 41.400 horas de trabajo empleando 6.000 hojas de papel para la fijación de las pinturas, 10.000 litros de agua destilada, 100 kilos de algodón y 500 pinceles.

Para su párroco, la iglesia ha entrado de lleno en el circuito del turismo religioso español y si en febrero -“el mes del entusiasmo” y de puertas abiertas, según Corbí- recibió 24.000 visitas, en lo que va de marzo, con las Fallas en medio, ha sido visitada por más de mil personas al día, llegando a picos de 2.000.

Esta revolución para el templo y su entorno, donde comercios y hasta museos como el de soldaditos de plomo de L’Iber han incrementado sus ventas y visitas, ha conllevado también la creación de empleos, pues el hecho de que sea Monumento Histórico Artístico Nacional desde 1981 le obliga, por ejemplo, a que todos sus guías sean profesionales acreditados.

Antes de la restauración apenas llegaban a una veintena los feligreses que acudía a misa un domingo cualquiera. “Ahora -advierte el párroco-, hay domingos en que no se puede ni entrar” para asistir a la eucaristía y, de paso, extasiarse ante los frescos de Vidal y la reciente labor de los “restauradores del alma humana”.

Así les ha bautizado la Fundación en la exposición instalada en el área central de un templo que, también, luce un gran torreón con cinco campanas junto a la fachada principal que puede contemplarse desde la trasera plaza de San Nicolás, ajena al bullicio de la céntrica calle Caballeros del barrio de El Carmen, donde está situado el estrecho y semiescondido pasaje de acceso a la iglesia.

Al edificio le llega ahora la fase de “conservación preventiva” o vigilancia que garantice la perdurabilidad del proyecto, como sondas térmicas y vidrieras de apertura automatizada para favorecer la ventilación de la nave.

Roig ensalza también la figura del anterior párroco y exprofesor de Historia del Arte, Julián Magro, quien en 2000 rechazó un proyecto público de restauración pictórica al no contemplar otra arquitectónica previa y que, antes de fallecer y ante la entrada de la Fundación, instó a que fuera el Instituto de Restauración de la UPV quien se encargara de la ingente tarea de resucitar este templo.

La parroquia editará en breve un libro con todos los detalles de esta iniciativa que, coordinado por Pilar Roig, pretende testimoniar el avance técnico y metodológico que ha supuesto para el mundo de la restauración y la investigación.

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(El Mundo)

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