Opinión

Misión cumplida

Jose Segura / LO QUE HAY

Con este grito triunfal de George W. Bush, el hijo de otro de los enloquecidos líderes mundiales, intentaba transmitir el presidente de las Torres Gemelas el triunfo del bien sobre el eje del mal. Pero ese destrozo causado en Irak sólo fue el principio de uno de los últimos capítulos que han acabado por motivar el odio y el terrorismo yihadista internacional.

Porque este problema se puede remontar a tan atrás como uno quiera bucear en la historia. O tan adelante como uno quiera leer sin ambages los acontecimientos más recientes pilotados por estadounidenses, europeos, rusos y otros.

A esos desastres causados por occidente en tantos países de oriente próximo y norte de África, tierras ricas en petróleo y gas aunque pobres en el reparto de la riqueza y en los derechos civiles, hay que sumar el absoluto fracaso de la pretendida integración de los musulmanes venidos a Europa desde al menos tres generaciones. Cosmopolitismo que los propios ciudadanos europeos no hemos sido capaces de asumir desde nuestra soberbia, que ahora pagamos en forma de jóvenes sin trabajo, sin valores y sin futuro que vuelcan su frustración participando en ejércitos o células terroristas y asesinando a mansalva.

Todo ello sin olvidar el absoluto desastre en que se ha convertido la otrora ilusionante Unión Europea. Una gran zona común de intereses económicos, en la que no hemos sido capaces de completar tareas tan imprescindibles como una visión política compartida que nos permita actuar conjuntamente en la toma de decisiones, en sacar a flote lo mejor de nuestra historia, nuestra cultura y nuestros valores, al igual que disfrutar de una seguridad común, hasta ahora dividida por los egos nacionalistas más perversos.

Y aún cabe añadir el absoluto desastre, en cuestiones de seguridad e inteligencia, que Bélgica exhibe con unas carencias absolutamente impropias de un país cuya capital, Bruselas, es también simbólicamente la de la Unión Europea.

Una unión que, como en la canción, va por el mundo cruel de fracaso en fracaso, incapaz de enfrentar con éxito todos aquellos fiascos acontecidos en su todavía corta historia.

Misión cumplida, debieron pensar las máximas autoridades europeas cuando hace pocos días acordaron la expulsión masiva de los refugiados. Misión cumplida, debieron pensar cuando firmaron, con la habitualmente desleal Turquía, uno de los tratados más vergonzosos de la historia contemporánea. Misión cumplida, creen también los agentes de la ley que de vez en cuando se dan una vuelta por el barrio bruselense de Molenbeek, con pequeñas redadas que, evidentemente, no evitan que en la capital de Europa se concentre el mayor número de potenciales terroristas de nuestro continente.

Sí, misión cumplida, debieron pensar también los terroristas, los únicos que de momento están ganando esta guerra en la que los europeos estamos envueltos como consecuencia de nuestros propios actos.

Twitter @jsegurasuarez

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