Opinión

El fascismo revive en Europa

Jose Segura/FILOSOFÍA IMPURA

Francia, Holanda, Alemania, Hungría o Polonia son solo algunos de los países europeos en los que el fascismo vuelve a tener, en mayor o menor medida, una presencia social muy preocupante ante la que no se están tomando las medidas necesarias.

Y entre todas estas reapariciones de la serpiente, destaca Polonia. Un país, crudamente dibujado por Günter Grass en su novela ‘El Tambor de Hojalata’, en el que la extrema derecha ha obtenido una mayoría absoluta parlamentaria que ha tomado el poder en todas las instituciones y amenaza a cualquiera que pase por allí con el peor de los infiernos.

En Polonia vuelve a estar perseguida la libertad de prensa, con grupos editoriales en el punto de mira del gobierno. Como también lo están todos aquellos ciudadanos que no se homologuen con el criterio de “buenos cristianos, buenos polacos” que pretende imponer la fuerza dominante. Nada diferente a lo de “buenos comunistas” que sufrieron por fuerza en su día. Algo así como si los polacos no hubieran aprendido nada y se empeñaran en seguir siendo un pueblo dominado.

En la UE, de la que Polonia es país socio, se está observando este penoso fenómeno con la lentitud y la ineficacia habituales, con esa dejadez tan exasperante que a este paso acabará engullendo a la propia Unión por inoperante. Se habla del peligro que supone la actitud política de Polonia, se estudian llamadas de atención e incluso sanciones. Pero nada se pone en marcha con la suficiente relevancia como para frenar tan peligroso avance de la intolerancia.

No debemos olvidar que la Unión se creó con la intención de que nunca otra guerra volviera a asolar Europa. Tampoco debemos desalojar de nuestra memoria que esa guerra fue generada por aquel nacional-socialismo, que en su versión actual, recorre de nuevo el continente.

Partidos políticos de extrema-derecha que crecen inusitadamente; propagandas fascistas que aprovechan cualquier motivo –como la inmigración- para sembrar el odio; sospechosísimos ataques colectivos a mujeres que son asaltadas y violadas por aparentes refugiados, con las consiguientes manifestaciones nazis al grito de “ya os lo dijimos”. Son demasiadas amenazas juntas que crecen sin control en países que en su día declararon su inequívoca vocación democrática.

Los europeos debemos reaccionar con fuerza ante esta alarmante situación política y social, que no para de crecer. Y son también nuestros gobiernos y la propia Comisión Europea o el Parlamento de la UE quienes deben pilotar esta reacción, sin la que nuestro futuro se encuentra de nuevo en el más grave de los peligros.

Hoy no haré mención filosófica alguna, ni pura ni impura, porque el asunto cae por su peso. Cualquier ciudadano con dos dedos de frente y una mínima costumbre de pensar de manera justa y tolerante sabe a qué peligros me refiero, pues no en balde aún está muy reciente nuestra propia historia.

Pero sí dedicaré unas líneas más para criticar duramente la violencia vandálica ejercida por manadas del otro extremo, el izquierdo, que en Cataluña han sido exculpadas por la Generalitat a instancias de las CUP. ¿Inexplicable? No, inadmisible.

Twitter @jsegurasuarez

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