Opinión

Roberto Fernández se topa con Baraja

Hugo Guillamón realizó un gran partido en San Mamés y el equipo notó su ausencia al ser sustituído./VCF
Hugo Guillamón en un partido ante el Athletic en San Mamés./VCF

MANUEL HUERTA

13. 08. 23

No quiero escribir un artículo que sirva para generar mal rollo en la plantilla del Valencia, de verdad que no es esa mi intención y menos ahora, después de una gran victoria en Sevilla. Pero es que hay que desenmascarar a los representantes de futbolistas sin escrúpulos y sus coros de la prensa que, esos sí, no tienen reparo alguno alguno en desestabilizar cuanto haga falta en busca de una suculenta comisión los primeros y de las correspondientes prebendas en forma de paellas, entradas o viajes, los segundos.

Es el caso de Hugo Guillamón y la empresa que lleva sus intereses, con el ex barcelonista Roberto Fernández al frente. Hace ya años que empezaron una campaña para revalorizar al futbolista valenciano, seguramente sabedores de que, a pesar de la renovación hasta 2026 con el Valencia de la mano de Anil Murthy -muy dado a lo de las mariscadas y el buen whisky y que dejó cerrada la renovación antes de ser fulminado por Lim- lo iban a tener negro para hacer un buen negocio con un jugador que ya por entonces no daba más de sí.

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Guillamón en un futbolista que como central tiene bastantes carencias y únicamente juega a su favor el buen trato de balón para sacar el balón jugado. Hasta ahí y punto. Como mediocentro es un auténtico desastre, como se ha demostrado en las dos campañas pasadas, en las que hemos perdido puntos por su culpa, por no saber. No tiene el oficio que se mama desde las categorías inferiores y no sirve para la posición, clave por otra parte en un once de hoy en día. Lástima que Bordalás no viera como sí ha hecho Baraja, las posibilidades de Mouctar Diakhaby, «el nuevo y polivalente Patrick Vieira»… Y Gattuso es que no tenía más, aunque tampoco descubrió las posibilidades del central francés.

Pero para eso eso sirve la camaradería y el compadreo entre gente del fútbol poco honesta, para promocionar a un jugador muy limitado y con escaso mercado, aunque sea a costa de la economía de los clubes. Lo hemos visto: que si la extraña convocatoria de Luis Enrique -compañero de Rober Fernández en el Barça-  que si el interés del Athletic el año pasado, que si la Lazio ahora. Todo mentira. Les ha ido bien hasta que se han topado con «el hijo de Benitez», Rubén Baraja, que supongo y elocubro que no lo ha metido en la lista de los no deseados para ver si hay alguna forma de que el Valencia haga caja y pueda amortizar la irresponsabilidad de Murthy acordando el contrato que lo dejaba en el Valencia durante cuatro temporadas más desde octubre de 2022.

Así que una vez más, un entrenador con personalidad, valencianista hasta la médula y que sabe lo que quiere y a dónde va, les ha estropeado el negocio a los intermedios listos y a sus palomas mensajeras. Como aquella vieja canción del cubano revolucionario Carlos Puebla «Llegó el comandante y mandó parar». Antes que Guillamón hay mucha clase y solvencia en la plantilla: Pepelu, Javi Guerra, Javi Navarro, el propio Diakha. En fin, otra vez será, comisionistas y prebenderos varios.

 

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