Opinión

La del Alba

"Esta historia es oro molido para los profesionales de la salud mental. Hechos reales con sus análisis", explica Vicente Torres./INFORMAVALENCIA.COM
"Esta historia es oro molido para los profesionales de la salud mental. Hechos reales con sus análisis", explica Vicente Torres./INFORMAVALENCIA.COM

MARÍA JESÚS DÍAZ PÉREZ

18. 07. 23

Autor: Vicente Torres.

Me corresponde el honor de presentar en primer lugar la última novela de Vicente Torres, ¨La del Alba¨, aunque aún me pregunto de dónde saco el valor para hacerlo, visto el currículo y la trayectoria de mi compañero de mesa, el profesor Alfonso Martínez Díez.

Vicente y yo nos conocemos hace algunos años, y mantenemos una amistad donde los dos nos sentimos libres de intercambiar opiniones, generalmente de política, pero también de muchos y variados temas. Quizás sea esta la razón por la que me ha elegido para esta aventura, nueva para mí, de presentar un libro suyo. Estas palabras están escritas desde el cariño y la admiración que siento por él y, por tanto, considero que mi aporte a la presentación de la obra puede llegar a ser original, por diferente.

La del Alba es una novela autobiográfica o más bien una autobiografía novelada. El germen de la idea del contenido surgió de la necesidad que sentía el autor de ofrecer un legado a su entorno más íntimo, más en el círculo de la familia y allegados y así comenzó la obra bajo el título de El Gen Superviviente.

Como dije antes, yo a Vicente le conozco hace unos años, doce o catorce, y siempre he considerado que, como el caballero de la armadura, impulsaba y defendía muchas y variadas causas justas, sin descanso, siempre sin desfallecer, enfrentándose a gigantes y a molinos simultáneamente en batalla desigual, en lugares donde uno imagina que debería encontrar el desinterés y la búsqueda de un mundo mejor. Pero eso es otro capítulo, o quizás podría ser otro libro. Aquí lo dejo…

De Vicente siempre me gustaron muchas cosas, algunas quiero compartirlas con la audiencia que nos acompaña en este acto.

Vicente mira de frente. Dice que apenas oye pero escucha, analiza, debate, pregunta y desde luego memoriza. Su mente prodigiosa atesora ideas originales, saca conclusiones brillantes… y no hace imposiciones, pero no se deja llevar por el rebaño. Tampoco le veremos poniéndose de perfil cuando hay una injusticia, o alguien falta a la verdad a sabiendas.

La del Alba nos revela un Vicente que llevó o sobrellevó una infancia durísima, donde él mismo dice que entre su madre y él no hubo nunca un vínculo emocional, donde su padre, varios de sus hermanos y en general todo su entorno le despreciaban y maltrataban. No voy a desvelar el contenido, porque es trabajo personal de cada uno sacar las conclusiones de lo que el él se dice, de lo que su autor quiere compartir con su lector. Y ya se sabe que cada persona es un mundo.

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Sí quiero decir que el personaje puede trascender lo que está pasando, el dolor extremo que padece, porque elige conscientemente no parecerse a sus maltratadores, elige hacerse militante de las cualidades humanas, elige la empatía y la compasión, elige seguir el camino correcto y elige el bienestar que le produce el aroma de los jazmines del entorno de la sierra de Oltá, la Solana, Bernia… su querida Valencia. Elige soñar, tener ilusiones, por ejemplo se deleita imaginando historias con las figuras que proyectaban las sombras que se colaban por las rendijas de la puerta de su habitación cuando era pequeño…

Toda esta capacidad de abstracción, toda esa imaginación y el mundo de ilusiones del que se rodeaba actuaban como fieles escuderos en su lucha contra los gigantes pero también contra los molinos.

Pero Vicente no considera que esté dando una lección de vida. En una de las conversaciones que mantuvimos por correo electrónico Vicente me dijo que su único mérito había sido el de sobrevivir en unas condiciones imposibles, pero que le han venido bien porque sin ellas él habría sido peor. Aquí me viene a la cabeza la frase de Séneca: a través de lo áspero se llega a las estrellas. Él supo sobrevivir pero también dio lustre a su armadura refugiándose en sí mismo y en sus convicciones, extrayendo fuerza de cada dificultad. Lo que aprendió es mérito suyo, porque lo hizo a fuerza de estudiar, leer, meditar… y pensar, pensar y pensar. Vicente Torres (lo desvela en el libro) posee una inteligencia superior al 99´9% de la población. Por si no fuera mérito suficiente fue capaz también de fortalecer su vida interior en parte ayudado por una sordera que le ayudó a protegerse, a aislarse, a encender las luces interiores y a brillar de puertas adentro.

Aquí me gustaría destacar otra cualidad que yo considero del autor, y es el discernimiento. Me resulta especialmente admirable que una persona que se considera, literalmente, nadie, despliegue esa capacidad de valorar las cosas sanamente, con inteligencia, consciencia y sentido crítico, para tomar la mejor decisión. Decía al principio de mi intervención que Vicente no se pone de perfil ante una injusticia, no se para ante lo que cree correcto hacer. Apuesta por la justicia y por la nobleza de espíritu. Si hubiera devuelto odio por odio (reconoce el autor) no podría haber salido psicológicamente indemne del desafío que le había planteado la vida. De manera que tener fe en uno mismo es clave también en esta, digamos, ecuación.

Otro importante ingrediente es la voluntad de hierro para conducirse (de conducta) por el camino correcto, el de la bondad porque, para ser malo, sólo basta con dejarse llevar. Y también por un deber para con la humanidad y es que cuando practicamos el bien, repercute en toda la humanidad, igual que practicar el mal repercute en toda la humanidad. No siempre tenemos al alcance un escudo de superhéroe, a veces hay que remangarse e ir a por todas. Eso hace Vicente.

El alma noble (así considero que es la suya) posee la gran cualidad de apasionarse por las cosas honestas. La honestidad y la virtud son valores altamente apreciados, y la nobleza supone ser capaces de buscar causas, motivaciones y aspiraciones justas. (De nuevo Séneca)

Para concluir, decirles que es una historia que merece ser contada porque todo el mundo puede extraer conclusiones de ella, como dice el propio autor.

Querido Vicente, dice la famosa canción de Serrat ¨le daré verde a los pinos y amarillo a la genista¨. Así si se comprende el sentido de la vida. Gracias por trascender y por mostrar que sí se puede dejar un legado esforzado en el camino del bien.

Muchas gracias por su atención. Lean y piensen.

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