Opinión

La prensa clientelar madridista confunde a la Fiscalía

Vinicius iniciaba así su tramo final de show, provocando a la grada de Mestalla,/TWITTER
Vinicius iniciaba así su tramo final de show, provocando a la grada de Mestalla,/TWITTER

MANUEL HUERTA

Valencia, martes 23. 05. 23

Para los no avezados en esto del fútbol es fácil dejarse llevar por la corriente informativa de Madrid, un conglomerado de medios de comunicación, periodistas autónomos y opinadores varios, que forman parte de la masa clientelar del Real Madrid. Unos por fanatismo puro y duro, despreciando un mínimo sentido de objetividad que su profesión les debería a obligar a practicar, otros simplemente por aquello de que es «lo que más vende», es decir, por intereses comerciales.

Su parcial influencia llega hasta el punto de hacer abrir a una fiscal, extraordinaria profesional del derecho por otra parte, diligencias penales por presunto delito de odio (la exageración roza la cómico) a la Fiscalía de Valencia del ramo, a dos aficionados de la grada de Mestalla y en el ámbito de un partido de fútbol con una rivalidad exacerbada por aquellos, dentro de una estrategia organizada para tapar el estruendoso fracaso deportivo de la temporada del club que dirige Florentino Pérez, perdedor en las dos máximas competiciones a las que aspira a ganar cada temporada por su gigantesco presupuesto.

De lo de Lula da Silva ya no diré ni una sola palabra porque el personaje no merece ninguna atención por mi parte, aunque el ruido generado por el entramado mediático del club del Bernabeu le haya hecho aprovechar la ocasión para volver a arremeter contra España y los españoles como ya es costumbre en el personaje.

A ver, que estamos hablando de dos tíos jóvenes que van al fútbol y lo viven como una religión propia, que fuera de ese contexto es posible que no se comporten ni adopten signo alguno de violencia racista, que seguro que ignoran las consecuencias de su actitud porque de lo contrario no lo harían y que posiblemente no tengan el suficiente nivel de instruccion para discernir la gravedad de un insulto en según que escenario se manifiesten. Otra cosa es que la Fiscal quiera sumarse a la corriente desinformativa de Madrid para no verse incluída en el foco de las iracundas críticas de éstos.

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Es sacar de contexto todo lo sucedido para hacer una bola de chicle tan grande que se le atragante el conjunto de aficionados españoles con el único fin de esconder el fracaso del club de sus amores, avisando de que ellos, los periodistas y el club, son intocables y no pueden ser objeto del mismo trato que el resto de equipos e informadores. Y lo peor es que además cuentan con la ayuda del presidente de la Federación Española, personaje al que insultar al Valencia Club de Fútbol y a su afición le ha salido gratis, al margen de alentar este tipo de maraña viscosa indecente contra todo aquel que ose levantar la voz contra los escándalos arbitrales que históricamente les han favorecido.

Lo último del patético personaje que es Rubiales ha sido apartar al árbitro del VAR del partido de Mestalla, insinuando que manipuló las imágenes en la correcta expulsión del jugador del Madrid. Sin duda, chantajeado otra vez por los medios, que elucubran que el valencianista Hugo Duro también agredió al brasileño, cuando lo que hace y se ve claramente en toda la secuencia de imágenes, es intentar apartar del fregao al madridista, sin más. Por eso, Iglesias Villanueva no muestra esa acción, porque entiende que es simplemente apaciguadora y no agresiva, como sí lo fue el puñetazo que recibió del jugador del Real Madrid.

Lo de Vinicius en Mestalla se veía venir. Ha sido en Valencia pero podría suceder en cualquier campo del país, insisto, en cualquier campo de España, tal es la repulsión que ese conjunto prensa-equipo generan en todo el territorio. En el Real Madrid y en el resto de clubes profesionales juegan más de 100 futbolistas negros y ninguno de ellos ha tenido problemas con los aficionados de ningún estadio. Tampoco sucede en el ámbito de las competiciones europeas, en donde el personaje en absoluto cuenta con el remonbre postizo con el que se desempeña en LaLiga, merced a la campaña constante de promoción de la que disfruta día a día.

Porque a los que dicen que el hablar de provocación previa es decir basura, habría que preguntarles por la reacción de los aficionados del Real Betis, por ejemplo, si Vinicius, durante el primer tiempo de un partido, les estuviera haciendo gestos de desprecio, continuara durante el segundo tiempo y finalmente montara un show melodramático como el que organizó en Mestalla. A ver, que estamos hablando de dos personas, dos, que han proferido insultos racistas en un recinto de 46.000 espectadores.

Porque las aficiones de los clubes de futbol son la razón vital del propio negocio, como así entienden todos los profesionales del balón excepto el brasileño, a los que se les debe el mayor respeto de todo el montaje, a los que no se les puede vejar ni menospreciar, encarándose en cada partido con ese público que, lógicamente, defiende unos colores, una pasión, una historia deportiva y en muchos casos, un símbolo arraigado en sus corazones y en el de los suyos.

Por eso es fútbol y no ajedrez, waterpolo, atletismo o tenis de mesa. Por eso el business puede pagar las estratosféricas cantidades que cobran estos mequetrefes que como Vinicius, muerden la mano que les da de comer. Esto sí que lo entienden los medios afines al madridismo. Ha caído una gota y cuentan que hay una DANA. porque así rellenan espacios radiofónicos, páginas de periódico o programas de televisión. Pero de la derrotas ante el City en Champions o ante un Valencia jugándose el descenso, nada de nada porque eso no vende. Es lo que está sucediendo en este bochornoso asunto.

 

 

 

 

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