Entretanto navideño: gordo gustativo o pedrea culinaria

La lotería gastrónoma nos atrapa y conduce por sitios inesperados./TCLa lotería gastrónoma nos atrapa y conduce por sitios inesperados./TC

Muchas son las razones, pero una está en el centro de todo, para encontrar la fortuna gastronómica en determinadas fechas navideñas es necesaria la suerte

Valencia, lunes 19. 12. 22

TINO CARRANAVA

En ocasiones la futura sobremesa que imaginamos en las celebraciones de empresa, durante la efervescencia hotelera de Navidad, adquiere un tono decepcionante cuando cristaliza en el presente. Luces y sombras en la oferta de la lotería restauradora dado que cada vez cohabitan diferentes experiencias.

Inmersos en los prolegómenos navideños e inaugurada la última quincena del año, en cuestión de horas, las cartas de los menús de las próximas fiestas se ponen sobre la mesa. La historia que les voy a contar ocurre desde hace años. Nos prometen el gordo, un tercer premio o un menú con la terminación ideal, pero quizás no nos agrade el premio gustativo de la comida y se convierta en una discreta pedrea culinaria. Otra vez será, el placer de riesgo gourmet, a veces, sitúa al paladar con el paso cambiado.

Durante la Navidad los comensales (no) somos libres, estamos movidos por deseos gastronómicos y emociones culinarias que no controlamos. Nuestros paladares están sometidos a las ocurrencias de una portentosa red social, laboral y familiar. Aunque algunos consideran que mantener los mismos criterios de selección del establecimiento es un ejercicio de coherencia comensal, para otros es puro inmovilismo hostelero.

Es cierto que hay que experimentar. Cambiar de restaurantes durante la Navidad, no es una rendición hostelera, es una necesidad logística por razones de toda índole que (no) es necesario enumerar: viajes, invitaciones, encuentros familiares, cenas de empresa, etcétera.

Muchas son las razones, pero una está en el centro de todo, para encontrar la fortuna gastronómica en determinadas fechas navideñas es necesaria la suerte. Las previsiones no se cumplen y se produce el consabido borrado. Todo esto al final es una consecuencia de la expectativa malentendida.

El azar, a veces, es el guardián involuntario del éxito de ciertas sobremesas navideñas. Sin ensombrecer el futuro de las comidas de Navidad convendría preguntarse la influencia de la suerte al reservar un restaurante desconocido sin referencia alguna.

No hace falta ser un fino analista para adivinar que la inmediatez gobierna determinadas comidas de empresa. La pregunta inútil sería la de preguntar desde cuándo y por qué, pero lo ilustrativo es iluminarnos sobre quiénes han organizado la cena de empresa. No busquen ningún dato interesante, los clientes y restauradores hacen esfuerzos por acotar el tamaño y la naturaleza de las expectativas. Por tanto, aquí vuelve a evidenciarse que la lotería gastronómica tiene un peso similar -o mayor en Navidad.

La lotería es como una compañía natural que nos recuerda al menos la existencia de una restauración con indicios de eternidad y, por contra, otra de abandono para no volver a pisar más. Para romper el tedio que mejor que metamorfosearse en pacientes comensales, sin ensombrecer el futuro de las futuras cenas. Los astros se conjurarán para que coincidamos con compañeros, amigos y familiares que exigen a cuatro manos.

En apariencia, disfrutamos del éxito de la convocatoria pero la suerte desigual se sucederá en el entretanto navideño.

En la reserva del local desconocido hay mucho de tanteo, de merodeo, de mover el móvil en la oscuridad para poder llegar al sitio. En plena calle, cuando aparecen las dudas y se achican las referencias, todo se decide en un este sí o un este no. El porvenir no es poco, vamos directo al horizonte más cercano a merced de la intuición. La lotería gastrónoma nos atrapa y conduce por sitios inesperados. Hay ocasiones en que lo culinariamente lúcido, que se agazapa en lo lúdico, salta a la superficie de ciertas sobremesas de un modo destellante, con hallazgos memorables en otros borrón y ronda nueva.

Ahora que ya sabemos con certeza que ciertas reservas (no) son inocentes, si aparcáramos el asunto medular de la lotería, sin sobredosis de ínfulas gastrónomas, la eficacia del azar resulta (in)contestable.

Atrapados en las obligaciones de las fiestas navideñas, para escapar a este destino consentido, no debemos olvidar el conjuro que puede detener el falso hechizo gourmet. Es una gran paradoja, sin duda, y aunque nos incomode, el reproche y cierto desprecio al azar no deben ser obligados.

Dentro de las omisiones, cuantitativas y cuantitativas, que rodean la organización de ciertos encuentros sería bueno que fuéramos conscientes del valor de nuestros silencios y nuestras predilecciones a la hora de reservar las cenas de navidad.

Así se haría más fácil. Entretanto navideño: gordo gustativo o pedrea culinaria.

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