Chiringuitos de playa, esperen pero no desesperen

Los chiringuitos son el destino favorito para cambiar de aires y atienden a casi todos los gustos./TCLos chiringuitos son el destino favorito para cambiar de aires y atienden a casi todos los gustos./TC

De la sombra total al más candente de los focos, ciertos chiringuitos, desconocidos hasta ahora, se convertirán en protagonistas inesperados

Valencia, domingo 03. 07. 22

TINO CARRANAVA

Basta observar las fotos de los chiringuitos efímeros que vuelven a aterrizar en las playas para retratar el prólogo del verano de frente y de perfilmientras los paseos marítimos se convierten en un tablero de ajedrez formado por múltiples terrazas, donde estos establecimientos estivales puntualmente dirimen sus diferencias al compás del gusto de los clientes.

Mientras unos parten hacia nuevos destinos, otros clientes prefieren mantener la lealtad al chiringuito de cabecera antes de someterse a los dictados del experimento. Sin embargo, no debe habitar el olvido sobre aquellos locales que jugarán un papel importante en el maratón veraniego.

Ya se sabe que el tiempo real en la hostelería no tiene rampas, tiene escalones. Por eso conviene disfrutar de estos encuentros con un reloj de sol como el cliente que emprende un viaje con billete de ida y vuelta a lo (des)conocido. De la sombra total al más candente de los focos, ciertos chiringuitos, desconocidos hasta ahora, se convertirán en protagonistas inesperados.

Populares, de sombra deseada, genuinos, sofisticados, exclusivos, y primarios, hacen del (des)equilibrio entre el continente y el contenido su sello. Hay de todo. Como destino cotidiano favorito para cambiar de aires sus propuestas atienden a casi todos los gustos.

Para la mayoría, la llegada de este deseado verano es arribar al cabo de Buena Esperanza hostelera. Por eso parafraseando los versos del genial Pablo Neruda… nosotros los de antes quizás hayamos cambiado, pero no tanto para olvidar el camino…. hacia nuestros chiringuitos favoritos.

El saldo emocional y la confianza ciega serán también más que evidentes al buscar nuevos amarres en la arena, con alto cabotaje hostelero, pero sin olvidar utilizar las balizas obligatorias para que el barómetro de una supuesta restauración registre la máxima satisfacción.

Los chiringuitos se convertirán en fortalezas del ecosistema barista y en oasis de la geografía hostelera playera./TC

Los chiringuitos se convertirán en fortalezas del ecosistema barista y en oasis de la geografía hostelera playera./TC

Otros clientes, también hay que reconocerlo, superarán su particular cabo de las tormentas hosteleras en ciertos chiringuitos, incluso llegarán los instantes de zozobra comensal no exentos de perplejidad. Pero eso será otra historia.

A las puertas del estío real los (des)amores gastronómicos que dejan huella serán la norma y no una excepción. Nos despertaremos del largo sueño a la sombra de las sobremesas estivales mientras la memoria comensal desmenuzará el contexto culinario en el que nos moveremos durante las vacaciones.

Surgirán historias de amor hostelero frágil que darán cauce a un sentimiento gourmet. Algunas sobremesas nacerán contra pronóstico y contribuirán a la ardua tarea de hacernos olvidar a nuestros chiringuitos de cercanía, fruto de la confluencia de orfandad y necesidad.

Otros perecerán, al programarse la soledad que generan mientras se redefine el campo de las nuevas querencias. Es difícil asumirlo abiertamente, pero debemos dar el primer paso. No hay manera de escaparse de nuestras debilidades y volveremos acodarnos, si nos lo permiten, en nuestros chiringuitos de referencia.

De cómo evolucionen estas relaciones, de cómo se planteen esas querencias dependerá el porvenir de la nueva temporada estival. «Apatrullando» la arena y los paseos marítimos confirmaremos que los pronósticos (no) se cumplen de forma rotunda. Aunque su capacidad, en general, está garantizada, en una minoría, porque no decirlo, no queda acreditado un mínimo de calidad.

No será difícil rastrear su influencia. Un soplo de aire fresco acelerará la manera de ejercer el aperitivo, entender la sobremesa, vivir el tardeo y finalmente disfrutar de la nocturnidad. Terraceo de poniente, atardecer coctelero, pequeños paraísos de atmósfera particular, donde los buscadores de postales hosteleras tendrán su observatorio ideal, en definitiva, chiringuitos para todos los gustos y bolsillos.

La tradición hostelera atribuye al ser humano la capacidad de actuar sobre su entorno y cambiarlo. Algunos chiringuitos demostrarán su deseo de distanciarse de la realidad presente. La moda hostelera tiene hambre del exterior en busca de estas islas, formadas por barras, hamacas y sombrillas, que preservan la continuidad de las sobremesas al borde del mar.

Otros se convertirán en fortalezas del ecosistema barista y en oasis de la geografía hostelera playera, donde abrazar la profunda luz mediterránea y disfrutar de la biodiversidad nocturna, a través del terraceo estival con identidad calculada. La lección es clara: Hay que aceptarlos tal como son, con todas sus complejidades logísticas y contradicciones hosteleras. ¿Y el cliente? Cada uno decidirá. Chiringuitos, esperen y no desesperen.

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