Encuentran la forma de reducir al mínimo la aterosclerosis de las arterias

Doctora Ana María Cuervo, investigadora principal del estudio, de la Facultad de Medicina Albert Einstein (EE.UU.)/FARMACOSALUDDoctora Ana María Cuervo, investigadora principal del estudio, de la Facultad de Medicina Albert Einstein (EE.UU.)/FARMACOSALUD

El equipo de la investigadora española Ana María Cuervo, de la Facultad de Medicina Albert Einstein (EE.UU.) demuestra que promover un proceso llamado autofagia mediada por chaperonas reduce la aterosclerosis, una de las principales causas de infartos

Miércoles 30. 03. 22

REDACCIÓN informaValencia.com

La terapia consiste en acelerar el proceso denominado autofagia mediada por chaperonas, que se ralentiza a medida que envejecemos y puede proteger frente a la aterosclerosis, una de las principales causas de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.

El equipo de la investigadora española Ana María Cuervo, de la Facultad de Medicina Albert Einstein (EE.UU.), ha descubierto que la terapia redujo la placa que estrecha las arterias en ratones. Los resultados, publicados en « Proceedings of the National Academy of Sciences» ( PNAS), muestran que  autofagia mediada por chaperonas es un proceso de limpieza celular que la doctora Cuervo descubrió en 1993 y bautizó en 2000.

«Hemos demostrado que necesitamos este proceso para protegernos frente la aterosclerosis, que progresa cuando esta autofagia disminuye, algo que también sucede cuando las personas envejecemos», explica Ana Mª Cuervo, pero, igual de relevante, «hemos demostrado que aumentar su actividad puede ser una estrategia eficaz para frenar la aterosclerosis y detener su progresión».

La enfermedad cardiovascular (ECV) es la principal causa de muerte en el mundo, con más del 80% de esas muertes debidas a ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. A su vez, suele estar asociada con la aterosclerosis: la acumulación de placa (un material pegajoso que consiste en grasa, colesterol, calcio y otras sustancias) dentro de las paredes de las arterias. La acumulación de placa endurece y estrecha las arterias, impidiendo que entreguen sangre oxigenada al músculo cardíaco (lo que provoca ataques cardíacos), al cerebro (accidente cerebrovascular) y al resto del cuerpo.

Aterosclerosis de arteria humana/archivo iV.com

Aterosclerosis de arteria humana/archivo iV.com

En el estudio, los investigadores regularon este proceso en ratones alimentados con una dieta rica en grasas y proaterosclerótica y luego los compararon con ratones de control alimentados con la misma dieta durante 12 semanas.

Así vieron que los ratones en los que se reforzó genéticamente la autofagia tenían perfiles de lípidos en sangre muy mejorados, con niveles de colesterol notablemente más bajos en comparación con los ratones de control. Además, las lesiones de placa que se formaron en los ratones alterados genéticamente fueron significativamente más pequeñas y de menor gravedad en comparación con las placas en los ratones de control.

La investigación también ha encontrado evidencia de que una autofagia débil también se correlaciona con la aterosclerosis en personas. Algunos pacientes que han sufrido accidentes cerebrovasculares se someten a un procedimiento quirúrgico, conocido como endarterectomía carotídea, que elimina los segmentos afectados por la placa de sus arterias carótidas para reducir el riesgo de un segundo accidente cerebrovascular.

El equipo de La Dra. Cuervo analizó la actividad de la autofagia en segmentos de la arteria carótida de 62 pacientes que habían sufrido un accidente cerebrovascular que fueron seguidos durante tres años después de la cirugía y vio que los pacientes con «niveles más altos de autofagia después de su primer accidente cerebrovascular nunca sufrieron un segundo, mientras que casi todos los pacientes autofagia limitada sí que experimentaron un segundo ictus».

La investigadora española cree que, en principio, esta estrategia podría convertirse en una forma de prevenir la aterosclerosis, aunque, matiza que «proponerlo como terapia preventiva, es decir, a los 50 años habría que tomarte la pastilla que active autofagia, no es todavía algo que se pueda considerar en la práctica clínica», porque, apunta, « los tratamientos preventivos requieren ensayos clínicos muy largos».

Más factible ve el hecho de que se emplee «en personas que ya han tenido un infarto, porque hemos visto que estas personas que presentan niveles bajos de autofagia tienen muchísimas más probabilidades de tener un segundo infarto que aquellas que tienen mejor actividad de la autofagia».

De hecho, adelanta que su equipo ha desarrollado compuestos farmacológicos que se han mostrado prometedores para aumentar de manera segura y efectiva la actividad de la autofagia en la mayoría de los tejidos de ratones y en células derivadas de humanos.

Estos compuestos, tal y como detalla a ABC Salud la Dra. Cuervo, disminuyen «un ‘freno’ natural que todos tenemos en la autofagia para mantenerla a los niveles que serían normales» y, «el quitar ese ‘freno’ natural ayuda a aumentar la autofagia a niveles parecidos a los que tendría una persona joven y sana».

Aunque todavía están en fase preclínica, ya hay una compañía farmacológica interesada en llevarlos a ensayos clínicos y la «idea es iniciar el primer ensayo clínico a principios de 2023 para mostrar que los compuestos son seguros».

También advierte la investigadora que hay muchos tipos de autofagia y que en este caso se habla de la mediada por chaperonas porque «nos parece una de las más seguras». Otras formas de autofagia, explica «atrapan todo lo que ven en la células».

La autofagia mediada por chaperonas también tiene un papel en las enfermedades neurodegenerativas, tal y como público el año pasado el equipo de la Dra. Cuervo en «Cell» donde se demostraba que la disminución progresiva que ocurre con la edad en las neuronas contribuye a la demencia senil, pero que en el caso de enfermedades degenerativas como el alzhéimer, esta disminución aun es mayor y usando los «compuestos que hemos desarrollado podíamos disminuir la pérdida de memoria y otros síntomas en modelos animales de estas enfermedades».

En este sentido, añade la investigadora, hay mucho interés ahora en lo que se llama “geroterapeutica”, es decir, «intervenciones que no actúan en una enfermedad determinada, sino que lo que hacen es prevenir uno o varios de los cambios que conducen al envejecimiento y con ello previenen las enfermedades asociadas, incluyendo alteraciones metabólicas como la aterosclerosis. Desde este punto de vista, como la disminución de la autofagia mediada por chaperonas parece que ocurre con la edad en muchos órganos, los compuestos que la activan podrían ser buenos candidatos como geroterapia».

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