Libertad, igualdad, fraternidad y latrocinio

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ANTONIO GIL-TERRÓN PUCHADES

22.10.21

Derechos humanos; respeto y dignificación de la mujer… igualdad y fraternidad entre todos los hombres y mujeres por encima de credos, raza, color de la piel o condición; justicia social; apoyo al desfavorecido; protección del débil… Estos son algunos de los valores que recogen el espíritu de la Civilización Occidental.

Hay quien por indigencia cultural, mental, o simple mala baba, vincula esos valores, pilares de nuestra civilización, al espíritu de la Revolución Francesa; pero nada más lejos de la realidad.

La Revolución Francesa y la masonería

La Revolución Francesa y la masonería, con su LIBERTAD, IGUALDAD, Y FRATERNIDAD, lo único que hicieron fue apropiarse de los principios y valores cristianos recogidos en el Evangelio, pero olvidando pérfidamente mencionar a su autor: Jesucristo.

Sin embargo, así como el cristianismo auténtico se basa en el amor y la no violencia, la Revolución Francesa se construyó sobre el odio, la violencia, el terror, el latrocinio, y el asesinato indiscriminado de hombres, mujeres, ancianos, y niños, sacrificados en el altar de la diosa razón, como si la razón portase en la faja un cuchillo.

La aparición en escena del proletariado

Sin embargo, tras la REVOLUCIÓN FRANCESA siguieron habiendo dos clases sociales: los de arriba que ahora eran LOS BURGUESES tras haber guillotinado y expoliado a LA NOBLEZA, y los de abajo, LOS CAMPESINOS que tras la inmigración a las grandes ciudades con la revolución industrial, darían lugar al PROLETARIADO.

Pero es justo reconocer que más cínica y culpable fue la labor del Antiguo Régimen, en donde el tiránico poder cometía (hasta los crímenes más abyectos) en el nombre de Dios y su Hijo Jesucristo, al tiempo que se pasaban por el forro sus mandatos.

Una revolución sin violencia es posible

Visto lo visto, habrá quien diga, para justificar lo injustificable, que la REVOLUCIÓN FRANCESA que da lugar a la caída del ANTIGUO RÉGIMEN, no hubiese sido posible sin derramamiento de sangre, cuando lo cierto es que el tiempo ha demostrado que una revolución sin violencia es posible; más lenta tal vez, pero sin involución.

En este orden de cosas, una de las grandes revoluciones acaecidas en el Mundo, la promovida por el clérigo cristiano Martin Luther King en defensa de los derechos civiles de todos ciudadanos, y contra la segregación racial, triunfó sin el empleo de la violencia. Se ganó la batalla sin derramamiento de sangre, salvo la del propio Luther King que pagó con su vida, como dos mil años antes lo hiciera su maestro JESUCRISTO.

Crucifijos frente a tanques

Tal vez, y abundando en lo mismo, el ejemplo más reciente de que SÍ ES POSIBLE una revolución pacífica y sin derramamiento de sangre, ha sido Polonia, donde el pueblo, alentado por una Iglesia Católica perseguida y en las catacumbas, fue capaz de derribar la férrea dictadura policial y militarista del tiránico Estado marxista que los oprimía, tan solo con pacificas manifestaciones multitudinarias, y sin disparar un solo tiro.

Cruces frente a bayonetas:

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