Operación Verdi: CONCLUÍDA. Capítulos 14 y 15

Enrique Argente VidalEnrique Argente Vidal

En los capítulos 14 y 15 -el verano y el tiempo libre nos incita a publicar cada semana dos capítulos hasta el final de la novela-, nuestro agente Paco Puig avanza en su investigación sobre la financiación de la venta de armas gracias a su colega holandés Maurits, que consigue una importante filtración de un agente fiscal también «tulipán». En el capítulo 15, Juan, el asesor y mánager de la soprano Teresa Casabella, recibe una sorprendente revelación de Gianfranco, postrado en su casa a causa del infarto 

Madrid-La Haya

Enrique Argente

 ASUNTOS INTERNOS

De: pacopuig1955@eupol.es

From: Vermeer.neer@eupol.neder

 Informe preparado, me gustaría confrontarlo contigo antes de presentárselo al director adjunto.

¿Puedes venir en un par de días? Maurits.

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From: Vermeer.neer@eupol.neder

De: pacopuig1955@eupol.es

De acuerdo. Solicito autorización y te aviso de mi llagada. Paco

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En esta ocasión, el jefe se mostró muy reticente a conceder la autorización de servicio exterior que preceptivamente debía librarse, para poder disponer de las correspondientes dietas y permisos de viaje.

Desde mi oficina en Valencia había cursado vía fax, (todavía la policía nos movemos para algunas cosas por este arcaico medio de comunicación), las autorizaciones, que deseaba firmase Eduardo, pero al llegar a Moratalaz, pronto me di cuenta que no estaba por la labor.

─Vamos a ver agente Pu-ig, —se dirigía de esta forma a mí cuando quería cabrearme. —Hasta cuando vas a estar con este jueguecito de los viajes a La Haya con tu amiguete el árbitro.

—Coño Eduardo, no creo que dos viajes con una compañía de bajo coste, sea como para lo que acabas de decir. Te aseguro que la complejidad de la investigación requiere mi viaje.

Eduardo, se tomó su tiempo para responder y su gesto al oír su nombre en lugar del habitual “jefe”, me indicó que no estaba la cosa para familiaridades.

—Agente… Sin lugar a dudas le estaba saliendo el jefe, y repitió.        Agente Puig, ¿sabe en qué mes estamos?

Como el horno no estaba para bollos, continúe con el tratamiento, de jefe y subordinado —Por supuesto, hoy es quince de noviembre, solo con leer el almanaque que tiene usted en su escritorio se sabe.

—¿Y sabe, que porcentaje del presupuesto llevamos gastado a día de hoy?

La situación me parecía absurda, ni lo sabía ni me interesaba, además me parecía ridículo el tratamiento que nos estábamos dando tras más de veinte años trabajando juntos y ser de la misma promoción, así que exploté:

—Mira Eduardo, o señor Inspector Jefe de Europol España, como prefieras. Mi problema nada tiene que ver con el presupuesto y su ejecución. Es más, me importa un… huevo, eso es lo que me importa. Ese…es…tú… problema. El mío es descubrir y detener las mafias y redes internacionales de delito, sobre todo en la Unión Europea. Así que o me firmas las autorizaciones o lo descubrirán otros, con lo cual te cogerá un ataque de cuernos cuando veas en Euronews al director adjunto Prince, rodeado de varios inspectores jefes como tú, anunciar el desmantelamiento y detención de la mayor red de tráfico de armas y blanqueo de dinero del quinquenio. ¡Vale!

Como respuesta, recibí lo que se podía considerar un exabrupto.

—Vete a paseo, veré lo que puedo hacer. ¡¡Qué sabrás tú de mis problemas!! Vuelve sobre mediodía.

Salí del despacho del inspector jefe sin más. Cuando le había lanzado mi artillería y no me sostuvo la mirada durante toda la perorata, lo conocía lo suficiente, para saber que tendría las autorizaciones. Cuando regresé sobre las dos de la tarde, el jefe se había marchado, pero allí sobre su mesa estaba todo firmado y conforme.

Mantenía mi promesa dada al jefe sobre la evitación de gastos innecesarios, así que opte por volar por primera vez con la compañía Transvía a Ámsterdam. Como de costumbre, allí me esperaba Maurits, pero no para llevarme a La Haya sino para entrevistarnos con el experto en diamantes de la policía de finanzas holandesa.

Contra todo pronóstico, con un entusiasmo impropio en Maurits me estaba hablando de él.

─Verás Paco, como estamos en el buen camino. Me ha costado mucho convencer al agente de finanzas Van Bloom, para que nos situara en el negocio de los diamantes, sus mercados y sus movimientos. Ten en cuenta que no pertenece a la policía, sino al cuerpo de agentes fiscales del estado y este es un cuerpo del cual es difícil obtener informaciones. Además, por el principio de confidencialidad lo tienen expresamente prohibido y a nosotros dos el director adjunto ya nos ha dado más de un aviso, por forzar alguna que otra confidencia.

—Me parece magnifico, pero no te pongas tan legalista que podemos espantar a tu informador y a lo de los avisos de atención… que quieres que te diga. Cuando resolvemos el caso…  y los jefes salen en Euronews colgándose la medalla, se olvidan de todo.

La cita contó con la discreción de un silencioso y tranquilo banco del Vondelpark, en las afueras de Ámsterdam. El sr. Van Bloom, sin decirlo directamente, dio muestras más que suficientes de que no le agradaba la presencia de un agente extranjero y más si este era, como soy, de los temibles PIGS[1].  Pero una vez conocida nuestra profesionalidad y tras darle Maurits todo tipo de garantías, comenzó sus confidencias dirigiéndose, siempre en holandés a Maurits.

—Verá colega, he retomado alguno de los asuntos que tenemos en el departamento bajo inspección y a sus preguntas creo que puedo informarle de que, en efecto, hemos detectado la entrada en el mercado, de importantes lotes de diamantes, pero no a través del CSO[2], organización en manos de la compañía De Beers, sino en el mercado de Londres.

Me moría de ganas por interrumpir a Van Bloom, pero no quería supiese que mi nivel de holandés era lo suficientemente bueno como para estar enterándome de todo y se confiase creyendo que hablaba solo para Maurits, en este caso no me quedaba más remedio que esperar a que Maurits interviniera, lo que ocurrió de inmediato.

—Perdone Van Bloom. Al fin se había decidido y en su forma más directa. ─¿En que influyen en el mercado? ─ El señor Van Bloom, esperaba la pregunta, estoy convencido que así era, es más se había preparado su “erudita” respuesta. Se irguió en el duro e incómodo banco del parque, carraspeo ligeramente y comenzó.

─¡Es fundamental compañero! — Empezábamos mal, consideraba a Maurits un compañero y a mí un peligroso inconveniente.

─El CSO, nunca realiza transacciones inferiores a 500.000 dólares, además tiene dos divisiones, la industrial que opera bajo el nombre de “Industrial Diamond Distributor Ltd” y la de joyería que lo hace con la “Diamond Producers Assotiation” y la “Diamond Corporatión”.

Tras tomarse un respiro y encender un cigarrillo, continuó. —En Londres, por el contrario, el mercado diríamos que es más abierto, conviven los dos mercados, ya me entienden A y B, como también se hacen operaciones entre particulares a través de agentes libres y compras en origen, estas son muy peligrosas pues se corre el peligro de ser estafado. Son operaciones de alto riesgo y por debajo del precio de mercado.                                                                     —¿Entonces…?  —Si, Sr. Vermeer, estas son las utilizadas por los traficantes de armas, lo que llamamos diamantes de sangre. Por lo general son diamantes para la industria.

—Usted me habló de haber detectado ciertos movimientos en el mercado que podrían estar relacionados con el expediente que estamos investigando. ¿Puede ser más explícito?

—No debo, pero lo voy a ser amigo Vermeer, los diamantes de sangre, que son por los que usted me pregunta, son los más difíciles de detectar, salvo que…

Y aquí se detuvo mirándome con cierta desconfianza. Continuaba sin existir y además mi presencia le incomodaba. Este hombre con todos sus conocimientos y suficiencia me estaba sacando de quicio y consideré que ya estaba bien de torearnos. Si quería hablar que hablase, en caso contrario yo no iba a soportar más ninguneos, estaba harto de soportar el duro banco y el frio de la otoñal tarde de Ámsterdam, como para seguir oyendo los juegos laudatorios hacia su propia persona de Van Bloom. Elegí mi mejor holandés y decidí intervenir en la conversación.

—¿¡It dat redden!? Heer Van Bloom.[3]   Por primera vez a lo largo de toda la conversación, pareció enterarse de mi presencia, que a no dudar le molestaba en extremo. La expresión de extrañeza y sorpresa se reflejó en su cara.

—Vermeer, no me habías dicho que el señor conociese el holandés.

Maurits, se encontraba en un apuro, así que, para no incomodarlo más, me levanté por fin del banco y comencé a caminar por la vereda del parterre en que nos encontrábamos, no sin antes despedirme de Van Bloom con un ligero gesto de cabeza, diciéndole a Maurits, que lo esperaba en el café de la entrada del parque.

Maurits tardó más de media hora en contactar, un seco —¿Dónde estás? — fue todo cuanto preguntó a través de móvil. Cuando llegó al café junto a la puerta del parque, traía una cara como si fuesen a llevárselo a los infiernos todos los demonios del mundo.

—¡Joder Paco! ¿Pero qué clase de policía eres tú? Has estado a nada de tirar por tierra un montón de trabajo de muchas personas durante más de un mes.

Era cierto lo que Maurits me estaba recriminando, pero con toda mi elección del holandés no había sido casual. Pero las explicaciones más tarde, cuando Maurits se hubiese calmado un poco.

—Tienes razón, lo siento, pero ahora ya está. Tomate un café y entra un poco en calor. Si quieres como penitencia yo me tomaré un brandewijn de ese que tenéis el atrevimiento de llamarle brandy. A pesar de las bromas y la invitación, Maurits continuaba con un cabreo bastante considerable, así que opté por callar y esperar a que se le pasase a base de café con leche y una copita de brandy, que al tiempo le ayudaría a entrar en calor. Por mi parte estaba seguro que la conversación/confidencia había continuado, pues en caso contrario Maurits no se hubiese molestado en venir a buscarme para decirme que, has estado a un milímetro de… Se abría marchado dejándome abandonado a mi suerte en el parque… ¡Los holandeses son así!

—De acuerdo, lo siento y te pido disculpas, no queda bien en ti que no me las aceptes. Venga, dime que más dijo tu amigo.

—En primer lugar, no es mi amigo y en segundo el señor Van Bloom es un agente fiscal de mi país, espero lo tengas en cuenta de ahora en adelante.

—De acuerdo, pero vamos ya con el cante del señor agente fiscal que si seguimos así se nos hace de día aquí y tenemos que ir a La Haya, ¡vale tío!

—Entonces paga y vámonos, en la hora de viaje que tenemos por delante te lo cuento.

Nada más subir al coche, comenzó a largar, lo que por otra parte ardía en deseos de hacer.

—Me dijo que se había detectado en el mercado secundario de Londres, fuertes entradas de lotes de diamantes negociadas por uno de los agentes de los que habitualmente trabaja con una empresa rusa llamada Ural Kompaniya Almaz. Esta es una compañía de tamaño medio cuyos lotes no suelen superar los ciento cincuenta mil euros. Los diamantes de esta compañía mantienen una calidad bastante buena y constante.

—Lo que les ha llamado la atención es, que una vez colocan el lote principal, a los pocos días ponen en el mercado una gran cantidad de diamantes de procedencia desconocida, calidades muy desiguales y que morfológicamente los cristales de los átomos de carbono no mantienen una retícula constante entre ellos, lo que les hace pensar que son…─africanos, añadí.

—Exacto y de diferentes procedencias, por consiguiente, de sangre y producto de la venta de armas.

—Ves ahora Maurits, como ha valido la pena que le provocase para que soltase todo lo que sabía Van Bloom. Si yo me iba de la reunión, tras cabrearlo, estaba seguro que a un connacional le hablaría con mayor libertad. Mi presencia le molestaba y perjudicaba nuestros intereses.

Tuve que levantar la mano para impedir que me interrumpiese. —Sí, lo admito, de acuerdo el envite fue muy fuerte y pude echarlo todo a perder. Pero salió bien por fortuna y ahora sabemos en qué compañía tenemos que buscar lo que hasta ahora se nos negaba. ¡Baraka! amigo ¡Baraka!                 Llegando a La Haya, tras un largo silencio por parte de ambos, Maurits me preguntó si quería quedarme en su casa para comenzar a redactar el informe para Prince, se lo agradecí, pero prefería me llevase al hotel. Deseaba llamar a Andrea. Antes de bajar del coche Maurits me sorprendió con la forma de concederme su perdón.

—Paco ¿mañana, cuando terminemos con Prince, quieres acompañarme a Rotterdam? Tengo que hacer de informador arbitral de la UEFA en el partido de Europa League y como es Feyenoord & Sevilla, he creído te puede interesar y así nos distraemos un rato.

—Puff el Sevilla, precisamente el Sevilla, ¡qué cruz llevo con él! Ya nos tiró de la final en el último minuto de la semi, el año pasado.

—Venga hombre no seas rencoroso y acompáñame. Mañana tenemos mucho trabajo por delante, pero creo tendremos tiempo de todo. Hay que acabar el informe, el director adjunto Prince lo espera mañana antes de finalizar su jornada. Cuando terminemos con él nos vamos a Rotterdam. ¿Estás de acuerdo? … ¿sí?… Entonces no hablemos más. ¿Te recojo mañana a las siete?

—Estaremos a dos bajo cero, pero que remedio queda. A las siete o’clock.

 

[1] Portugal, Irlada, Grecia y Spain

[2] Central Selling Organización: Agrupación de minerías del diamante, mayoritariamente controlada por la empresa De Meers, propiedad de la familia Oppenheimer, que controla el 40% del negocio mundial de los diamantes.

[3] ¿¡Salvo que!? Señor Van Bloom

 

Capítulo 15

 

 

De nuevo en Cesano Maderno

Enrique Argente

Había recibido la noticia de que Gianfranco de nuevo había superado la complicación, que por segunda vez lo había tenido hospitalizado. De su insistencia ante los doctores había conseguido se le permitiese al menos una visita, la mía.

En estos momentos el taxi que me traía desde Milán me dejaba ante su casa, donde una ansiosa Enza me esperaba en la misma puerta

—Hola Juan, muchas gracias por venir tan rápido. Gianfranco todos los días me pregunta por ti y cada día que pasa, se muestra más inquieto. Vas a verle enseguida, solo te pido una cosa procura no alargar en exceso la conversación, los doctores no quieren que se le visite. Lo tuyo es una excepción.

—No te preocupes Enza, procuraré ser breve y no fatigarle, pero más que de mí depende de él.

—Confío en tu buen criterio, adelante Juan. Si necesitas algo me llamas

A pesar de su gravedad, la apariencia de Gianni no la reflejaba. Estaba en su terracita acristalada, acostado sobre una especie de tumbona que le permitía estar incorporado según sus deseos. En este entorno, aunque la mañana otoñal fuese fría, la luminosidad de la misma daba calidez a la estancia. Al entrar, me recibió en silencio al tiempo que con una mirada apremiante. Sin hablar me indicó una silla muy próxima a su cabecera para que tomase asiento, sin más comenzó hablar con voz muy baja, pero sin tanta fatiga como en mi anterior visita. Le tendí la mano a modo de saludo y él la tomó entre las suyas

—Gracias por venir Juan, es muy importante todo cuanto tengo que decirte… dame un poco de agua por favor.

Le acerqué un vaso que tenía sobre una mesilla y tras sorber un poco de la misma, continuó.               —

¿Tienes el sobre y el teléfono del banco de Zúrich?… Si… entonces ya sabes que en él hay una serie de cuentas bancarias. La que corresponde a la Banca Majó de Andorra, pertenece a Teresa.

Le interrumpí rápidamente.

—Teresa no tiene ninguna cuenta en…    No me dejó terminar la frase, sacando fuerzas no sé de dónde, con tono imperativo me dijo:

—¡Calla y déjame hablar! Si la tiene y te lo estoy diciendo, la del Banco di San Marino es o será de Enza si tú haces las cosas bien y las otras seis tienen por titular y custodio un agente residente en Gibraltar, aunque él vive en la Costa del Sol. Los depósitos de las mismas están en el New Bank de Jersey y corresponden a nuestro mecenas.

—¿A Fiodor?    —Sí, si a Fiodor… pero deja de interrumpir y acércame el vaso de agua… Puedes suponer cual es el origen del dinero, no quiero que Enza, Teresa ni tú os veáis involucrado en el escándalo y juicios que la trama de tráfico y blanqueo de dinero se va avecinar con mi muerte, así que…

Se estaba acelerando y elevaba un poco la voz, lo que le produjo un golpe de tos. Alarmada al oírlo entro en la terraza inmediatamente Enza. Una vez repuesto, le pidió por favor a su esposa nos dejase solos de nuevo y continuó.

—Te estarás preguntando como deshacer el nudo. Antes de que me ocurriese el infarto ya pensaba en cómo y creo que mi muerte puede ser la ocasión al tiempo que la solución, escucha. Debes hablar con la inspección de hacienda en España e intentar un acuerdo para acogerse a alguna amnistía fiscal para Teresa.

—¡Teresa fiscalmente en España está limpia! Dije, con vehemencia.

—Si lo sé y no alces la voz por favor. Pero cuando aflore el tema de las cuentas de la compañía, donde estamos todos incluidos ya no lo estará, al igual que Enza y que tú como responsable de Teresa. No me mires así, yo no importo. Yo me voy a morir.

—¿Y si no te mueres? Estaba tan desconcertado que no sabía si seguir confiando en aquel hombre o abandonarlo a su suerte por habernos metido a todos en este monumental lio.

—Debes estar tranquilo, si me falla este. —dijo señalándose el corazón. Para continuar sin tan siquiera mirarme, continuar con su monólogo

—para entonces habrá más de uno dispuesto a facilitarme las cosas, eliminándome sin contemplaciones. ¿Podemos seguir?

—Adelante, dije—

—Negocia lo mejor que puedas, Juan tú sabes hacerlo. Paga la sanción que te impongan, hay dinero suficiente. Y lo más importante, contacta con Europol, se dedican a investigar y combatir las grandes redes europeas del delito, ofréceles información sobre las cuentas de Jersey a cambio del mejor acuerdo posible con nuestras haciendas. Con esto y mi muerte os dejará limpios.

De repente entró de nuevo Enza.

—Lo siento mucho cariño, pero ya está bien. Lleváis más de una hora y el doctor me dijo que no más de quince o veinte minutos. Tendrás que volver mañana Juan, compréndelo.

Sí yo lo comprendía, he incluso casi lo deseaba, pues de esa forma podría reflexionar y sin preocuparla comentar algo con Teresa, pero Gianfranco de nuevo se impuso.

—¡No volverá mañana, acabaremos ahora! y tu Enza por favor déjanos cinco minutos más. Con muestras de desagrado Enza abandonó la estancia. La fatiga en verdad se le apreciaba según como iba transcurriendo la conversación, aun así, continuó con su esfuerzo.

—Ahora hablemos del teléfono y no me hagas repetir las cosas. Como puedes suponer todas las informaciones que buscará la policía están en el disco duro de mi ordenador personal. Una vez tengas el acuerdo con la inspección de finanzas, debes quitar el seguro del teléfono, es mi nombre, ir a contactos donde encontraras varios números, son todos números cancelados solo uno es válido el de Pippo Sandrino, lo marcas y lo dejas sonar tres veces, te responderá el buzón de voz, si reconoces la mía debes responder continuar, de nuevo la voz te preguntará continuar o eliminar.

Desde luego que no osé interrumpirlo y casi ni respiraba, mi atención era máxima. El tono de voz transmitía un dramatismo de cuyas consecuencias no era consciente. Gianni continuó, había realizado una breve pausa, pareció como si tomase fuerzas para el esfuerzo final.

—Debes responder, eliminar… no lo olvides ¡eliminar!¡eliminar!

—Tranquilízate Gianni no se me olvidará. Eliminar.

—¿Y luego?

—Te deshaces del teléfono.

—Solo una pregunta más, ¿si no es tu voz la del buzón…?

—Denuncia a Fiodor y escapad si es que todavía tenéis tiempo, la vida de todos correrá un gran peligro. Márchate, y no vuelvas por aquí, no es conveniente.

Inmediatamente me levanté dirigiéndome hacía donde había depositado mi abrigo. Me acerqué para darle la mano despidiéndome, al sentirla entre las suyas tiro de mi hacia él, sin abrir ni tan siquiera los ojos en un último esfuerzo me musito al oído.

—Deshazte de Mario, dale todo su dinero. Pero deshazte de él.

Tras una breve despedida de Enza, comencé a caminar por el pequeño sendero por el que se accedía a la casa de Gianfranco, flanqueado por la sombra de unos álamos ya muy pobres de hojas que aumentaban la sensación de humedad y frio del día. Una vez recorridos los escasos quinientos metros que separan la casa del pueblo, continué caminando hasta la estación de la ferrovía sumido en una profunda meditación sobre toda la responsabilidad que Gianfranco había arrojado sobre mí.

Así, como un autómata llegué hasta la estación, subí en un tren de cercanías, que me depositó en la estación de Cadorna, en la cual al golpearme contra los tornos del cancelador de billetes volví a la angustiosa realidad que sobre mi había traspasado Gianfranco.

Tendido sobre la cama del hotel, por más que puse todo mi empeño y meninges a trabajar en cómo resolver todos los problemas solo conseguí generar en mí, sentimientos de frustración y nerviosismo que me mantuvieron despierto toda la noche. Al fin concluí que debía concentrar todos los esfuerzos en lograr contactar con Europol y esperar que ellos me ayudasen en el pacto con Hacienda, si como decía Gianni esto era posible. Apartando de todo a Teresa.     

 

Próximo martes, capítulos 16 y 17:

La Haya – Moratalaz – Valencia y En Valencia de trabajo y familia

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Si te perdiste algún capítulo puedes encontralos aquí: 1, 2, 3, 45, 6 , 7 , 8 , 9, 10 , 11, 12 y 13

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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