Operación Verdi: CONCLUÍDA. Capítulo 13

Enrique Argente VidalEnrique Argente Vidal

Tras el susto inicial, Gianfranco parace recuperarse del infarto en su casa bajo los cuidados de su esposa Enza. Juan, respresentante de Teresa, recibe el encargo del empresario artístico para retirar un sobre y un teléfono móvil depositado en una caja fuerte del AMRO Bank en Zúrich. Pero al parecer, Gianfranco empeora…

Milán, Cesano Maderno y Zúrich

Enrique Argente

Al siguiente día de haber sufrido el infarto Gianfranco, Juan como le había anunciado al subdirector del hotel Dei Cavalieri, aterrizaba en Malpensa.

Mi primer destino fue Teresa, habíamos hablado por teléfono la noche anterior, pero la inmediatez del hecho y la sorpresa que había causado en ella no la hacía consciente de la gravedad de la enfermedad de Gianfranco. No quise entrar en detalles de cómo había vivido en la distancia, pero en primera persona el momento. Tras unos breves sollozos y las consiguientes palabras de ánimo, convinimos en desplazarnos al hospital.

—¿Dónde está ingresado Gianfranco? Intentando contactar contigo y con Enza no llamé al hotel para que me informasen de donde lo ingresaban.

—Está en el Cardiológico Monzino, no tengo ni idea donde pueda ser.

—Vamos, el taxista lo sabrá.

Durante el trayecto ninguno de los dos hablamos, yo dudaba en cuando y como decirle que estaba convencido que el pronunciar el nombre de Mario y sus intenciones, había sido el desencadenante del infarto. Mientras que las dudas a Teresa le surgían con respecto a la compañía y su carrera artística.

Como suponíamos Gianfranco estaba en cuidados intensivos, sedado y monitorizado, Enza la mujer de Gianfranco, nos refirió que el régimen de visitas, se limitaba a media hora al mediodía y otra media hora a las cinco de la tarde. Pronto la aparente serenidad, se desvaneció y sus ojos se inundaron en lágrimas, el primer informe de los médicos había sido muy negativo y las posibilidades de sobrevivir escasas, de cualquier forma, nada se podía dar como cierto hasta tanto transcurriesen como mínimo setenta y dos horas.

A las preocupaciones sobre la salud del marido se unía, la angustia por el futuro, no tanto el suyo, como el de sus dos pequeñas hijas. Enza nada sabía de los negocios de su marido, no por qué no le interesasen, más bien porqué Gianfranco siempre había separado su vida de familia de sus negocios.

Vivian en Cesano Maderno, una pequeña y tranquila ciudad lombarda, donde habían construido su refugio y el de su familia. Que era agente artístico y empresario de ópera, eso indudablemente Enza lo sabía, pero hasta ahí. Había vivido en una voluntaria ignorancia, de lo cual en estos momentos se arrepentía.

Un breve comentario al respecto, fue suficiente para que la tranquilizásemos:

—No tienes por qué preocuparte. Gianfranco llevaba los asuntos de la agencia muy personalmente, pero sabía delegar y lo había hecho. Tenemos un staff competente y muy completo. Económicamente no tenemos problemas y la compañía con Teresa, tiene contratos hasta el 2018.

—Muchas gracias Juan, no sabía a quién preguntarle lo que tú me has dicho. Y a ti también Teresa.

Nerviosamente Enza miró su reloj en el momento que se abría la puerta de la salita de espera, para que una enfermera sin alzar la voz reclamase a los familiares de Gianfranco Brunetti para que la siguiesen. Ya alejándose se oyó como la enfermera le decía a Enza, —sígame, el doctor Marroco, desea hablar con usted—

La espera no superó la media hora, pero se nos hizo eterna, al fin volvió con nosotros Enza, la pregunta obligada: ¿cómo está?

—El doctor dice que cuando lo traía la ambulancia, su corazón volvió a fibrilar y su cerebro se quedó sin oxígeno unos minutos. Confía en que su fortaleza sea capaz de superarlo, pero cree que quedarán secuelas. Le vino justo poder decirnos esto antes de romper a llorar.

En los días siguientes, tanto a petición de Teresa como de Enza, me entrevisté con las personas de confianza de Gianfranco, para comprobar el estado de la compañía y los poderes de gestión directa que había delegado. La dirección artística, corría a cargo de Lucca Gesmondi, persona de total confianza de Gianfranco y colaborador desde hacía varios años. Estaba escrupulosamente llevada, tanto en lo referente a cantantes, orquesta y coro. Sin embargo, la gestión económica, con la ayuda de su gestor financiero, la llevaba Gianfranco de forma muy personal siendo el único autorizado en gestión económica. Esto en principio podía ser una complicación, pero la compañía tenía liquidez suficiente, según me había informado el gestor. Por el momento todos dependíamos y esperábamos que Gianfranco se repusiese.

Una vez tuve la certeza que todas las actuaciones y galas, previstas para Teresa, se podían cumplir sin problemas y habiendo conseguido con la ayuda de Lucca y el gestor financiero infundir la suficiente confianza entre todo el personal de la compañía, para que se centrasen en el trabajo no preocupándose de nada más, regresé a Madrid.

Tras diferentes periodos en intensivos y planta hospitalaria, Gianfranco había conseguido superar el primer golpe de su infarto y los médicos le imponían un absoluto reposo, pues su estado continuaba siendo de gravedad, lo que convinieron con su esposa que sería en Cesano Maderno, donde Enza lo mantendría en un absoluto aislamiento.

La noticia de la inestable “mejoría” de Gianfranco, me fue comunicada por Lucca al tiempo que me solicitaba que fuese a visitarlo, ya que según Enza insistía una y otra vez en querer hablar conmigo, a pesar de la prohibición expresa de los doctores, en lo referente a cualquier tipo de visitas.

Mi aversión a conducir por el norte de Italia y el hacerlo en un coche de alquiler, me tenía en estos momentos, sometido durante una media hora larga, al terrible traqueteo del tren de cercanías que había tomado en la estación de Cadorna para desplazarme hasta Cesano.

Al llegar, según lo convenido con Enza, una “llamada perdida” al móvil y en breves minutos estaba ante un Gianfranco que en nada recordaba a la imagen que todos teníamos del mismo. El unifamiliar donde residía la familia Scarpi, pues Enza había conservado su apellido de soltera, en aras a la discreción en que Gianfranco deseaba se desarrollase su vida privada, se encontraba a las afueras de la pequeña ciudad. La casa disponía de un bien cuidado jardín, sobre el cual se abría una amplia terraza acristalada, para los periodos invernales como el actual, donde se había instalado a Gianfranco con la intención de crear un ambiente cálido, soleado y tranquilo.

El pobre Gianfranco, respiraba con mucha dificultad, ayudado por el oxígeno que se le facilitaba mediante una mascarilla. Al verme, abrió los ojos recuperando la intensidad habitual. Con un apremiante gesto de las manos indicó a Enza le quitase la mascarilla y se retirase.

Ya solos, con voz muy baja y con gran dificultad comenzó a decirme: ─Toma papel y lápiz─   Intenté decirle que no se preocupase por el trabajo, pero con gesto serio y autoritario me interrumpió.

—Me muero Juan…lo sé, me muero… comenzando a hablar muy quedamente…56B-S49, anota… anota no lo olvides, AB… N.…de nuevo unos momentos de dificultad en la respiración interrumpieron sus palabras y esta vez tras una nueva, larga y profunda pausa para respirar, llevándose la mascarilla a la cara continuó: en el AMRO Bank… ve y en la… caja de seguridad… Nueva pausa y nuevo gesto de insuficiencia.    ─Dos sobres y un teléfono, el de Enza no. ─Trae el otro…y el móvil rápido, por favor…

Al intuir un nuevo intento de desfallecimiento, le apremie.   ─¿De dónde Gianni… de dónde?─ Un muy lejano Zúrich, pareció salir de sus labios. Y cerro los ojos como dando por terminada la reunión por agotamiento.

Enza no tardó ni un instante en entrar alarmándose al ver a Gianfranco con los ojos cerrados y señales de profundo cansancio.

─ ¿Qué ha pasado Juan?

─Nada grave creo, tenía mucho interés en encomendarme un trabajo y el esfuerzo al decírmelo lo ha agotado.

Ante el inició de unos sollozos y una actitud desaprobatoria hacía mí, no tuve más remedio que anticiparle, que en un par de días tendría que volver a visitarlo en cumplimiento de sus deseos y personalmente creía que todo lo que hacía Gianni los estaba haciendo en beneficio de todos nosotros, en especial de ella y sus hijas.

Antes de despedirme me tendió la mano en la que mantenía una pequeña carterita de cuero negro.

─Hace tiempo, Gianfranco me dijo, que si le ocurría algo grave te entregase esto a ti.

Sin abrirla, la metí en el bolsillo del pantalón, despidiéndome a continuación. Una vez en la calle y andando hacía la estación, comprobé de lo que se trataba. Como había supuesto, contenía un pequeño llavín de caja de seguridad.

El estado en que había encontrado a Gianfranco y la urgencia que solicitaban sus ojos me decidieron a ponerme de camino a Zúrich de inmediato. Desconocía en cuál de los ABN AMRO, podía estar la caja de Gianfranco, pero eso era un problema menor, ahora procedía llegar lo antes posible a Zúrich.

Dado que no tenía combinación posible con Trenitalia desde Cesano a Zúrich, cosa que imaginaba, para tomar un Frecciarossa el que tuviese que viajar hasta Chiasso no lo esperaba. La decisión fue desistir de viajar, en la ya casi noche dado que, sobre las cinco de la tarde, en otoño, estos pagos están escasos de luz.

A mi regreso a Milán, evité el cenar con Teresa y tras llamarla para decirle que al día siguiente me tenía que ausentar por motivos de trabajo, quedamos para dentro de un par de días, que suponía habría regresado.

En el ABN AMRO Bank, no tuve ningún problema en acceder a la caja de seguridad. El directorio del hall, indicaba el sótano donde se encuentran las citadas cajas. Un apoderado del banco, tras facilitarle la contraseña y enseñarle el llavín, se ausentó unos breves minutos para regresar con la llave gemela de la caja. Cada uno de nosotros introdujo su llavín y la caja se abrió. A partir de ese momento el empleado del banco, se retiró con el ruego de que le avisase cuando hubiese finalizado. En el interior, había un gran sobre con membrete de una importante notaría de Milán, donde estaban introducidos los dos sobres de los cuales me había hablado Gianfranco y un teléfono móvil de última generación. Obvié el dirigido a Enza Scarpi tomando el que figuraba a su nombre y el móvil, en ambos reconocí la caligrafía de Gianni. Lo introduje en la pequeña cartera de mano que llevaba, llamando al apoderado del AMRO para formalizar el cierre de la caja. Ya en la calle, de nuevo me dirigí a la estación en busca de regresar lo más rápido posible.

Nada más abandonar Suiza, mi iPhone registro la señal de un mensaje de voz, con las prisas no había tenido tiempo de actualizar mis redes, así que en estos momentos tenía varios avisos que atender comenzando por Enza.

            Hola Juan, hemos tenido que ingresar de nuevo a Gianfranco, tenía dificultad en respirar debido a un encharcamiento pulmonar. Regresaremos a casa en un par de días, según los doctores está respondiendo muy bien. Pospón tu visita, te avisaré. Ciao.”

 

Próximo martes, capítulo 14: Madrid-La Haya

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