Operación Verdi: CONCLUÍDA. Capítulo 12

Enrique Argente VidalEnrique Argente Vidal

Nuestro agente Paco Puig, de trabajo en Madrid pero con tiempo libre por aquello de las citas secretas propias de la profesión, tiene tiempo de rememorar viejos amoríos con Chelo, la encargada de la pensión en la que se hospeda de siempre, citarse con su amor Andrea y almorzar con su hija, la jueza Alicia Puig, mientras su hijo, desde Valencia, reclama su «urgente» presencia para que le deje el abono de Mestalla…

En el viejo reloj del edificio Telefónica de Gran Vía habían sonado las campanadas que indicaban las seis. Por cierto, más agradables al oído que aquellos estridentes y desagradables pitos que con tanta frecuencia sonaban en las emisoras de radio.

Encuentros en MADRID

Enrique Argente

Hacía treinta y seis horas que esperaba en la habitación de la Casa de Huéspedes Bueno, residencia habitual en mis estancias en Madrid, desde que comencé los estudios en la escuela del Cuerpo General de Policía y a la que había conocido como Casa de Huéspedes Estables y Transeúntes, sin separarme del móvil liberado por el subagente García.

Las primeras horas las pasé en paciente y serena espera, acompañado por la dueña de la pensión, mi buena y antigua amiga Chelo, a la que había conocido en mis años de estudio y prácticas en la A.G.P.[1]. Por aquellos días Chelo era la sobrina y heredera de doña Consuelo, dueña y regente del hostal, y tanto ella como yo éramos dos jóvenes que calmábamos nuestros ardores propinando yo y consintiendo ella, una considerable serie de achuchones en cualquiera de los pasillos y rincones del hostal, aprovechando que Chelo llevaba la sempiterna sopera de la invariable cena, sopa de menudillos, en las manos y no podía defenderse. Así como también calmábamos nuestros ardores en las solitarias últimas filas de cualquier cine de barrio de aquellos de sesión continua.

El recuerdo de aquellos días y sus ardores nos tuvieron entretenidos unas cuantas horas, pero el maldito teléfono móvil ¡ni sonaba, ni tampoco vibraba!

Con el paso de las horas y esperando la llamada del coronel Linares, perdía mi confianza en él a pasos agigantados. Su seguridad en anunciarme una importante llamada no se veía refrendada por el aparejo electrónico que sobre la mesilla descansaba y al cual no le quitaba la vista, tendido como estaba en la cama y vestido para salir disparado, ante la posibilidad del esperado contacto.

Cuando el paso lento y silencioso del tiempo me hacía pensar en olvidar el asunto y continuar con nuestras investigaciones sonó el teléfono, pero…

— ¡Joder! el particular.

Instintivamente y sin casi prestarle atención, desbloqueo y pongo el índice sobre la pantalla táctil, un desmayado —Dígameee— salió de mis labios. Al otro lado del aparejo sonó una voz de mujer.

—Hola Paco, soy Andrea… ¿cómo estás?

No respondí, no era capaz de decirle que estaba feliz de oírla, perplejo de hacerlo y confundido para salvar mi situación. Mi silencio creo, hizo que las dudas invadieran a Andrea. Ante mi atolondrado silencio Andrea comenzó a hablar de nuevo   —Hablo con el 6705…      No la dejé finalizar el número, mi voz sonó alborozada y creo que hasta convincente.

            —Sí Andrea sí, soy Paco, me hace muy feliz oírte, ¿cómo estás? Aunque esta última pregunta es estúpida y propia de un necio como soy. Estarás preciosa, como no puede ser de otra forma tratándose de ti.            

No sé si me había pasado tres pueblos y dos estaciones, pero lo había dicho como lo sentía y es qué Andrea me gustaba y mucho. Al otro lado del teléfono, sonó una espontánea y fresca risa.

            —Calla mentiroso, ja, ja. Si no te acordabas de mí.

            —Eso no es cierto, todos los días me acuerdo de ti…. Pero dime ¿dónde estás?

            —Pues en Madrid hombre, como tú. Llamé a Elena para despedirme y decirle que me venía una semana a Madrid, quiero ver la Casa Museo de Sorolla al tiempo que aprovecho para ir de tiendas. Ella fue quien me dijo que estabas aquí y me dio tu teléfono.

            —Tengo que agradecérselo, Elena es una gran amiga.             

            —Pues no dices tú que tiene algo de brujita casamentera?         

             —Sííííí, pero en este caso, le estoy muy agradecido. ¡Elena va por ti!

            Y lance dos sonoros besos al aire. De repente, salí de mi euforia al hacer el gesto de lanzar los besos con la mano y ver el silencioso e inmóvil teléfono “corporativo” que ni sonaba ni vibraba. Reaccioné rápido.

            —Andrea, tenemos que vernos, si, si, vernos, salir, cenar, bailar lo que sea, pero desgraciadamente no puede ser hoy, discúlpame. ¿Me dices que querías visitar el museo Sorolla…? no lo has hecho aún… magnifico, aplázalo unos días e iremos juntos, yo no lo conozco y también me gustaría visitarlo

            —De acuerdo no te preocupes Paco, llegué ayer y no me espera nadie en Valencia, así que dedicaré más tiempo a las compras y visitaremos la casa del “paisano” juntos, dispongo de tiempo para ti.   Esto último me sonó a música angelical.

            —Eres encantadora. Y ¡te quiero!   ¡¡Coño lo que había dicho!!  ¡¡Madre de Dios!!…esto último traerá consecuencias, pensé. Al otro lado del teléfono tras un suave carraspeo, la respuesta fue.

—Paco, ¿no crees que vas un tanto rápido? Memoriza mi teléfono y llámame en cuanto puedas. Quiero que sepas que me ha gustado todo cuanto me has dicho. Esta noche me será difícil dormir. Un beso y adiós.

—¡Joder Paco dejando pasar las oportunidades, y el puto espía sin llamar! …Me grité.

Al fin el misterioso personaje anunciado por el coronel Linares, se dejó oír. —Hola… ¿señor Puig?…   —Sí, si dígame          —¿Qué le apetece tomar café en el Círculo de Bellas Artes?

Vaya construcción de la frase, me pereció estar hablando con un catalán. La que vino a continuación me acabo de ratificar el origen de mi interlocutor telefónico.     

             —¿Sí…? entonces ya vengo esta tarde a Madrid… ¿De acuerdo? le parece bien a las seis.

Yo iba a preguntarle cómo le conocería, si es que iba a venir tocado con barretina, pero ya a través del auricular oía el zumbido de final de comunicación. Mire la pantalla del móvil, pero al igual que yo en el corporativo, no teníamos número de identificación.

Disponía de toda la mañana y dos alternativas, llamar a Andrea o hacerlo a mi hija Alicia. Con la primera había hablado el día anterior y aun no podía acompañarla, no debía provocar más aplazamientos, y a la segunda hacía como dos meses con la que no hablaba. Pero es que mi hija la señora juez sustituta, ¡era mucha señora juez! Al fin como padre responsable, que en este periodo no parecía serlo, decidí llamarla y quedamos en comer juntos a las tres y media, pues debía volver de Aranjuez.

Con todas estas llamadas y citas, me había olvidado de la promesa realizada a mi compañero Maurits, así que antes de volver a oír el habitual This phone is…  recurrí al WhatsApp.

WhatsApp   Paco Puig

Telf. Fuera de cobertura, esta noche te informo. Contacto realizado, esto está en marcha. Amunt València.

 

WhatsApp   Paco Puig

O.K. espero noticias. Deja el Valencia ¡Voelen! Paco esto es serio, al director djunto, solo le falta morder.

El haber llamado a mi hija, había sido un verdadero acierto, quizás la incomunicación entre ambos, mantenida durante tanto tiempo había hecho que los dos firmásemos una tregua tácita en nuestras pequeñas diferencias. Al decirle que tenía una reunión en el Círculo de Bellas Artes, fue ella la que sugirió que comiésemos en La Pecera y que además invitaba, por su ganada oposición.

—Te gustará papá— Había dicho.

Fue una comida que hizo volviese a sentirme padre, a tener una familia, a sentirla como propia, reencontrarme con el afecto de mi hija que tanto me recordaba a su madre, me hizo bien. Si…si, ya sé que tengo un hijo, pero ese es un bandarrilla con el que convivo, tomo cervezas, vamos al futbol, hablamos de mujeres… y sin el cual tampoco podría vivir a pesar de tener que soportar el equipo de música permanentemente ocupado, por los últimos vinilos remasterizados de los Ramones.

Habíamos dicho en conserjería, que, si preguntaban por mí, estaba en la azotea. Mi hija ya se había marchado y yo decidí esperar allí. El primero que me encontró contemplando, desde la balaustrada, el magnífico espectáculo del horizonte de Madrid al atardecer otoñal, fue el coronel Linares.

—¡Hombre coronel!  Supongo que acude a la misma cita que yo.              —En efecto, aunque me he resistido cuanto he podido. ¿Impaciente? agente.

Iba a responderle, que precisamente hoy quizás fuese el mejor día de cuantos habían trascurrido desde nuestro último encuentro, cuando vi que hacía nosotros se acercaba con una amplia sonrisa en sus labios, un joven con talla de pívot de básquet, vistiendo una chaqueta color camel con un fino pañuelo de motivos hindúes en el bolsillo superior de la misma y que cubría una descorbatada camisa sport. Todo se complementaba con unos chinos marrones. O sea, nada de gabardina al estilo agente Clouseau ni gafas de los paisas, por cierto, las gafas eran Ray Ban último modelo aviator.

La aparición de Ivanchi, ¡vaya alias garulo que se había buscado!, pues dudo mucho se llamase así, fue espectacular y este hecho se reflejaba tanto en mi semblante de sorpresa como en el del coronel.

—Bien aquí estoy. Dijo tendiéndonos la mano a ambos. —¿Nos sentamos?… no creo que haya necesidad de permanecer en pie, por muy bonita que sea la panorámica desde aquí. Añadió

Dicho y hecho, en un instante demostrando ser hombre de acción, habíamos ocupado una mesa de las más retiradas de la terraza, pedido tres cafés y dos whiskies con hielo.

Durante dos horas, se puede hablar mucho, pero también decir bien poco, así el amigo Ivanchi traía la lección bien aprendida, hablar de cosas importantes, pero no definitorias, hasta tanto averiguase cual era el verdadero interés de la Europol en el asunto y porqué el coronel Linares subdirector de armamento del Ministerio de Defensa se había tomado tanto interés en que fuese atendido, cuando ese ministerio, solía huir de los temas de tráfico de armas como el conde Drácula de los ajos.

La conversación la habíamos llevado entre Ivanchi y yo. El pobre coronel se había visto obligado a asistir pues el CNI[2] en principio creyó que la petición no era más que una treta para obtener información por parte del SIM[3] y pisarles algún asunto. Así con su presencia en la reunión le ponía a “la competencia” una mordaza en la boca.

Hasta tanto Ivanchi no tuvo la seguridad que Europol representado en mi persona, solo quería información para trabajar en un caso de tráfico de armas y evasión de impuestos a nivel supranacional, y que el coronel Linares no tenía nada que ver con los servicios de información del ministerio, no aflojó la lengua.

Finalizada la reunión, tras agradecerles a ambos la colaboración y en especial al coronel, nos despedimos tomando cada uno su dirección, en principio pensé regresar al hostal Bueno, así que conecté el iPhone apagado desde hacía varias horas y soporté el aluvión de pititos, lucecitas y avisos del aparato. Una lectura rápida de todos ellos me puso en situación:

El primero y varias veces Maurits:

WhatsApp   Maurits

Todo OK. Espero noticias

 

Mi hija, ¡qué cambio más familiar!:

WhatsApp   Alicia

Papá, ¿Va todo bien? Estoy intrigada y preocupada. Besos.

El jefe Eduardo:

WhatsApp Eduardo jefe  

¿Por dónde paras? Conoces la expresión “reportarse al superior

Mi hijo:

WhatsApp Jorge               

Joder tio ¿Cuándo vienes? Necesito el abono del futbol para el sábado.

¡Así no se puede ser investigador ni nada! Vaya parroquia. Al fin, algo que junto con lo de Maurits, valía la pena. ¡Andrea!:

WhatsApp   Andrea

Por motivos de trabajo regreso mañana a Valencia. Todod sigue en pie. Besos

Y como remate final el buzón de voz, con la voz y el tonillo característico de Elena —“Paco… bribón, que callado te lo tenías…ya me contarás, ya. ¡Don Juan!”

Mirando los correos, se me escaparon un par de taxis, al fin cacé uno con el que dirigirme a Moratalaz lo más rápido posible. Debía llegar antes que García el de Gestión Técnica hubiese terminado su turno de trabajo, para que me facilitase un ordenador limpio con acceso restringido a las comunicaciones internas. Tenía que informar a Maurits, lo que me llevaría hasta la madrugada.

—Hola agente, ya me iba le puedo ayudar en algo. Si busca de nuevo a Iván, ya le dije que libraba.

—Claro que sí me puedes ayudar, en esta ocasión venía a por

Necesito que me dejes un ordenador “limpio” ya sabes lo que quiero decir.

—Seguro…y limpio, trabaje con el mío. Le dejo la contraseña en “recordar”, la palabra de paso es la misma en todos GT UNE, procure no cerrar sesión, si lo hace va a tener problemas. ¿Algo más?

—Nada más. Gracias García te debo otra comida.

—Aceptada, pero suba un poco el precio del menú, que tampoco se arruinará.

—Cuenta con ello, iremos al Diverxo ¿te parecen bien tres estrellitas? Chaval no te pases…  no te pases.

Las luces de los despachos fueron progresivamente apagándose cuando me senté ante la pantalla del ordenador y abrí el correo.

 ASUNTOS INTERNOS

De: pacopuig1955@eupol.es

From: Vermeer.neer@eupol.neder

 

Hola Maurits, lamento el retraso en informarte, la reunión con el confidente (CNI) se prolongó más de los esperado, esta gente de los servicios secretos no parece que jueguen en el mismo equipo, dudan de todo y de todos, pero al fin una vez el coronel Linares y yo superamos la prueba del algodón (supongo que no entiendes la gracia) empezó a largar.

Bien comienzo: Nuestros servicios secretos han contrastado, que, a raíz de adhesión de Crimea a la Federación Rusa y los posteriores conflictos en Ucrania, se ha roto la baraja internacional, a lo que ha contribuido la prohibición de EEUU y la UE de comerciar con armas con los países en conflicto. Así como el comercio y transacciones económicas con el gobierno ruso. Los tradicionales traficantes de armas, han desviado sus ventas a los nuevos mercados surgidos de las primaveras árabes del Estado Islámico y a las diferentes facciones de rebeldes sirios, kurdos, iraquíes y toda el África subsahariana.

Los cuales están pagando a base de contrabando de petróleo y diamantes de sangre.

Al tiempo esto, se complica ante la amenaza de los americanos al incluir a bancos rusos en la prohibición de realizar transacciones con bancos americanos y europeos, lo que les dificulta la posibilidad de repatriar euros y dólares de paraísos fiscales.

Todo esto, nos lleva a un ramillete de posibles nombres, todos conocidos y hasta cierto punto, controlados por los servicios secretos de los países fabricantes. De entre todos destaca uno nuevo hasta el momento, un tal Fiodor Federof, pero se le pierde la pista tras su mina de diamantes en los Urales, fundaciones benéficas, obras de arte, donaciones a partidos políticos…etc.  Creo que es la punta de nuestro particular iceberg.

Voy a comenzar a cruzar datos, espero tus propuestas. Soy partidario de preparar, ¡ahora sí! un informe para Prince y que comience a mover el culo, consiguiendo

 ¿Qué te parece?    Saludos, Paco

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Volví a la pensión Bueno pasadas las tres de la madrugada, pues una vez enviado el correo a Maurits, intenté comenzar a cruzar alguna de las informaciones de que disponía, pero la mayoría de los servicios estaban cerrados. No me quedaba más alternativa que esperar al primer coche patrulla que saliese de Cuartel General en Moratalaz me acercase al centro.

Al llegar a la pensión, la pobre Chelín me esperaba, sí, pero dormida en el sillón de la mini recepción, le toqué cariñosamente el antebrazo despertándola.

—Caray Paco, para una vez que me hago el ánimo, mira a qué hora vienes. A estas horas ya no estoy para nada, solo quiero dormir.

—Y eso es lo que vamos hacer, pero cada uno en su cama. ¡Ya no estamos para nada! Solo nos queda fachada, aunque la tuya, ni la del palacio Real.

Con verdadero cariño, la acompañé hasta aquella puerta que ponía PRIVADO y que en épocas de juventud había traspasado con alguna frecuencia. Un cariñoso e inocente beso selló nuestros recuerdos por esta noche.

Los dichosos avisos del iPhone me despertaron cuando al filo del alba había conseguido conciliar el sueño. Miré el reloj, las nueve y unos pocos minutos, los que le había costado escribir una breve nota, y allí en la pantalla tenía la respuesta de Maurits: “En unos días te avisaré para que completemos aquí el informe para Prince. Saludos Maurits.” 

[1] Academia General de Policía

[2] Centro Nacional de Inteligencia

[3] Servicio de Información Militar

 

Próximo martes, capítulo 13: Milán, Cesano Maderno y Zúrich

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