Los genocidios políticamente correctos

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Antonio Gil-Terrón Puchades

07-07-21

«Mis vocaciones en la vida siempre fueron ser pianista de una casa de putas o ser político… Y para decir la verdad, no existe gran diferencia entre las dos!». Harry S. Truman.

Posiblemente Harry S. Truman haya sido el presidente estadounidense con el mejor equipo de asesores de imagen y comunicación de la historia de EE.UU., los cuales, mediante el bombardeo mediático de cuatro estudiadas anécdotas y dos chascarrillos, crearon alrededor de Truman una aureola de moralidad, honradez y honestidad personal, digna de figurar en el santoral.

Pero claro, el santoral es algo propio de la Iglesia católica, y Truman era protestante, y los protestantes no tienen santoral; posiblemente porque nunca han tenido santos a los que inscribir.

¿Masón? No, lo siguiente

Realmente, Truman, fue protestante por tradición, pero masón por devoción. Así, en 1909, Harry Truman solicitó su ingreso en la logia masónica de Belton, en Misuri, perteneciente al Rito Escocés Antiguo. Dos años más tarde, funda la Logia de Grandview, siendo nombrado “Maestro Venerable” de la misma. En 1940 es elegido Gran Maestre de los Masones de Misuri, y cinco años más tarde, en 1945, alcanza el grado 33 (el máximo en la jerarquía masónica). Ese mismo año, Truman fue nombrado Presidente de los Estados Unidos de América.

Truman, fue quien ordenó personalmente, el lanzamiento de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades sin ningún valor estratégico militar, y en las que murieron alrededor de 220.000 personas; la mayoría de ellas civiles, ya que, por su edad o condición (ancianos, mujeres y niños), no estaban luchando en el frente y se hallaban tranquilamente en sus casas.

Ese mismo año, también bajo el mandato de Harry S. Truman, y cuando los alemanas ya tenían perdida la guerra, la ciudad alemana de Dresde, que en esos momentos albergaba a 800 mil refugiados, fue arrasada.

Dresde, había sido declarada ciudad abierta, debido a su alto valor artístico, haciendo las veces de ciudad hospital. No albergaba tropas, ni había fábricas de armamento, amén de no contar con una infraestructura estable de defensa antiaérea.

Pues bien, sobre Dresde, mil bombarderos pesados dejaron caer, en una primera oleada, cerca de 4.000 toneladas de bombas incendiarias. La segunda oleada, dotada de bombas incendiarias del tipo termita, se programó para tres horas más tarde del primer bombardeo, con el fin de sorprender y abrasar a los bomberos, así como a los equipos médicos de socorro, desplazados desde las ciudades vecinas.

Por la noche se produjo el tercer ataque, arrojándose sobre la ciudad en llamas, 150 mil bombas incendiarias, así como bidones de fósforo. Los cazas estadounidenses y británicos que escoltaban a los bombardeos, tenían órdenes de ametrallar, y así lo hicieron, a los supervivientes que huían del fuego. De esta manera, los niños del coro de la Iglesia de Kreuzkirche, fueron quemados vivos en mientras corrían aterrorizados por la calle.

Posiblemente si EE.UU. hubiese perdido la guerra, su presidente Harry S. Truman, su gabinete y los jefes de estado mayor, hubiesen sido juzgados por crímenes de guerra, y ahorcados. Pero EE.UU. fue el cabecilla del bando ganador, y los manipuladores genios de la opinión pública prepararon el argumentario y la propaganda precisa, para justificar lo injustificable.

Al final, como la Historia la escriben los vencedores, no pasó absolutamente nada.

La clave a la clase de pájaro que era Harry S. Truman, ese individuo que se atrevió a dar lecciones de moralidad a Pío XII, la tenemos en la carta, fechada el 11 de noviembre de 1918, que Truman envió a su esposa Bess, al término de la Iª Guerra Mundial, en la que el futuro presidente de EE.UU. había participado como oficial de artillería del ejército estadounidense: «ES UNA LÁSTIMA QUE NO PODAMOS ENTRAR Y DEVASTAR A ALEMANIA Y CORTARLE LAS MANOS A LOS NIÑOS ALEMANES Y LOS PIES Y LA CABELLERA A LOS ANCIANOS».

Si en aquellos tiempos el mundo hubiese alcanzado los niveles de bajeza moral que la dictadura de “lo políticamente correcto” nos ha traído, sin duda alguna a Harry S. Truman le hubiesen concedido el Premio Nobel de la Paz, como no hace mucho se lo concedieron a Obama, el presidente de EEUU que bombardeó 7 países en menos de 6 años de presidencia.

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