Operación Verdi: CONCLUÍDA. Capítulo 11

Enrique Argente VidalEnrique Argente Vidal

El capítulo de hoy está marcado por una circunstancia dramática de uno de los principales personajes de la novela. Un hecho que podría derivar en un giro inesperado en el devenir de buena parte de los protagonistas e incluso de la trama de la obra. Coviene recordar que Gianfranco Brunetti es el mánager de espectáculos y agente artístico de la soprano Teresa, gerente de la compañía «El taller de la Ópera S. XXI.

En la terraza restaurante del elegante hotel Dei Cavalieri de Piazza Missori, contemplando la esbelta Madonnina que corona la cúpula del Duomo milanés, se encontraba Gianfranco Brunetti plácidamente en un precioso atardecer, cuando el sol poniente deja de iluminar los tejados de la catedral, tomando una grappa Nardini Bianca, a la espera de que sonase su teléfonino.

Un infarto inesperado

Enrique Argente

En concreto esperaba dos llamadas, una era rutinaria, pues consistía en acompañar a Teresa al taller de la señora Petracci modista de la compañía, para las últimas pruebas de su vestuario en el papel de la Amelia, en Un ballo in maschera, y la otra esta sí, muy esperada llamada, era de Fiodor de quien estaba pendiente recibir importantes sumas de dinero que “trasladar” una vez estuviesen convenientemente “lavadas”.

Sonó el móvil, pero el indicativo que aparecía en la pantalla, no correspondía ni a Teresa ni a Fiodor. Su sorpresa fue mayor al reconocer el indicativo de Juan.

            —¡¡ Caro Giovanni!!  ¿Come stai?   A Juan el efusivo saludo, así como el tono sorpresivo de la pregunta de Gianfranco, le sonó falso de toda falsedad, no obstante, aceptó el juego.     —Bien de salud, que es lo importante ¿no se dice así?

            —Oh sí, sí. Pero dime, ¿Cuál es el motivo de tu llamada?

            —¿Estas solo o quizás está Teresa contigo?

            —No, estoy solo, dime.

            -—Ayer se presentó en mi despacho Mario.        

            —¿Qué coño quería ese desgraciado?

Juan notaba un pesado silencio al otro lado de la línea, se tomó unas décimas de segundo para repasar en su mente las palabras que había elegido para comunicarle lo que Mario quería de Gianfranco. Evitando en un principio hablar sobre las amenazas que había proferido.

            —Como siempre quiere dinero.

Tras unos segundos de espera, la voz de Gianfranco sonó grave en otro extremo del hilo telefónico.

            —¿Y esta vez cuanto quiere ese… chantajista figlio di puttana?

            —Lo quiere todo.                

            —¿¡Qué quieres decir con qué lo quiere todo!? Juan explícate

            —Verás Gianfranco, según dice ha recibido una comunicación de la Global Financial Centres para que facilite, voluntariamente los datos de su cuenta del Jersey Bank, en evitación de verse sometido a una petición rogatoria de la UDEF[1] ordenada por el juez Solaz Morenilla de la Audiencia Nacional.

A través de la línea, Juan oyó un apagado sonido. Algo así como… ¡aaagg! producto de un profundo y repentino dolor. Lo que le alarmó.         

         —¡Gianfranco… Gianfranco!… ¿Me oyes?

Una apagada respuesta salió de los labios de Gianfranco —Si, sí…continúa.

De repente un sonido de loza y cristales rotos al caer al suelo alarmó al asesor financiero…

            —¡¡Gianfranco… Gianfranco… por favor responde!!  ¿Qué te pasa?

Pero Gianfranco yacía en el suelo de la terraza del hotel Dei Cavalieri fulminado por un infarto, boqueando como un pez sacado del agua y con un intenso dolor en el pecho y brazo izquierdo que le imposibilitaba emitir el menor sonido de ayuda, rodeado de los restos de lo que había sido un elegante servicio de café y los finos cristales de una copa de grappa Nardini hecha añicos.

Al estruendo provocado por la caída de Gianfranco habían acudido los camareros del Cavalieri alarmados. Mientras uno de ellos intentaba desabrocharle el cuello de la camisa y aflojar la corbata, otro intentaba aplicar los primeros auxilios que conocía. Entre tanto en un rincón de la terraza en el teléfono de Gianfranco continuaba sonando la voz de un cada vez más alarmado Juan

—¡¡Gianfranco, … Gianfranco!! Responde… ¿hay alguien ahí?

El contable se resistía a cortar la comunicación, pues oía un murmullo de voces apagadas por la lejanía. Cuando ya iba a desistir, sorpresivamente alguien le habló.

            —Pronto, pronto, ¿qui parla?…   Soy el subdirector del hotel. ¿Estaba usted hablando con el señor Brunetti?                 

            —En efecto, soy su contable, ¿Qué ocurre?

            —Lamento decirle, que el señor Brunetti creemos ha sufrido un infarto, estamos haciendo cuanto podemos hasta que lleguen las asistencias médicas, pero me temo lo peor. El señor está solo en el hotel, conoce usted a alguien a quien pudiésemos avisar.

—Ahora fui yo quien me tomé tiempo para responder. En un primer momento el nombre que acudió a mis labios fue el de Teresa, pero evité pronunciarlo para que no se viese involucrada en la súbita muerte de su agente y manager si esta se producía… al fin hablé.

            —Por favor señor, avisen a la esposa del señor Brunetti, vive en Cesano Maderno, se llama Enza Scrappi.  Estoy hablándole desde España, mañana estaré con ustedes y me hare cargo de todo. Le llamaré en una hora para que me digan en qué hospital se encuentra el señor Brunetti. Muchas gracias por todo. 

Mi desconocido interlocutor pronunció un rápido OK y pulso la tecla de fin de llamada.

[1] Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal

 

Próximo martes, capítulo 12: Encuentros en Madrid

Operación Verdi: CONCLUIDA, de Enrique Argente./informaValencia.com

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