Operación Verdi: CONCLUÍDA. Capítulo 10

Enrique Argente VidalEnrique Argente Vidal

Pues va a ser que la investigación en el mundo de la ópera, como tapadera de la financiación de la venta de armas, tendrá que dejar paso a la gestión directa con el Gobierno, a través del Ministerio de Defensa. Nuestro agente Paco Puig viaja de nuevo a Madrid…

Había solicitado información al ministerio de Defensa sobre traficantes de armas, dado que la oficina de enlace había informado a la central el haberse detectado últimamente grandes movimientos de dinero procedentes de este tráfico. Cuando ya creía, dado el tiempo transcurrido, cerrada también esta línea informativa, recibí una comunicación interna en mí semi clandestino despacho de la tercera planta de la comisaría de Guillén de Castro. En la misma el subdirector de armamento del Ministerio de Defensa, coronel Linares citaba al agente de Europol Sr. Puig, el día siguiente en la Subdirección, sita en el cuarto piso del ala Este del Ministerio de Defensa en el Paseo de la Castellana de Madrid.

 

Entre Valencia y Madrid

Enrique Argente

Lo primero que pensé, fue ponerme en contacto con el compañero Maurits, para conocer en qué punto se encontraban sus pesquisas, las cuales esperaba fuesen más productivas que las mías, hasta el momento. Le llamé al móvil particular y me encontré con la odiada respuesta: This phone is off or out off coverage[1]

No perdí un instante, contraataqué con un WhatsApp

WhatsApp   Paco Puig

Mañana estoy en Madrid, citado en el Ministerio de Defensa. Creo tenemos un cabo de la madeja

 

WhatsApp   Maurits

Con lentitud pero creo tener c/c localizadas ¿Busco algo en concreto?

 

 

WhatsApp Paco Puig

No se que decirte, quizás de momentos nos olvidamos de las “óperas”. La cosa  parece ir de armas.

 

WhatsApp   Maurits

Las armas se suelen pagar con diamantes. ¿Si te parece, me centro en el mercado de diamanes de Amsterdam.

 

WhatsApp   Paco Puig                   Creo que nos vemos la semana próxima. Hablamos en cuanto salga de la reunión.

 

Esto comenzaba a ponerse interesante, la semana anterior había recibido una aséptica respuesta de la SGAE, a mi solicitud de información, realizada con membrete de Europol, para que fuese considerada oficial y atendida con el mayor interés, sobre las compañías de ópera que operaban en España.

La nota que me habían remitido, se limitaba a una breve y corta relación, cinco en total, de lo que se podía considerar como “compañías” de ópera entre las cuales destacaba la ABAO[2] , los teatros Real y Liceo, de Madrid y Barcelona respectivamente, cerrando la lista tras Les Arts de Valencia, una compañía propiamente dicha llamada Taller de Ópera S.XXI. con sede en Madrid y domiciliado su administrador único en Italia.

Los teatros más o menos oficiales con patrocinio ministerial, los dejé para el final, pues el Taller de Ópera fue el que más interés me despertó, dado que el montante económico de las producciones teatrales es difícilmente asumible por los productores artísticos independientes y en el caso de las óperas mucho más. Tampoco era que la SGAE, se pasase con la información, todo lo que facilitaba era un año de constitución, un domicilio fiscal y un nombre: Gianfranco Brunetti que actuaba en la sociedad como Administrador único, con funciones de Productor/Gerente.

Repasé la nota de la SGAE antes de salir hacía casa para preparar el viaje a Madrid del día siguiente, encargándole al subagente ayudante, que compartía con la brigada judicial, el que cruzase los datos que disponíamos del Taller de Ópera con los registros de sociedades, programaciones, teatros, conciertos, recitales y todo aquello que pudiésemos relacionar con el mundo del “belle canto”, para estudiar a mi regreso, el cual esperaba no se dilatase más de un par de días.

Una cierta euforia controlada notaba que crecía en mí. Regresé dando un largo paseo por la Gran Vía de Fernando el Católico, el túnel de las Grandes Vías y la calle de Cuba, hasta llegar a la de Los Centelles donde vivía. El paseo me sirvió para ordenar y reflexionar sobre las informaciones que había recibido a lo largo de estos días, sobre todo pensar en la cita del día siguiente.

Una vez llegado a casa, conecté el ordenador reservando billete en el AVE, por fortuna estaba seguro que por una vez no tenía que recurrir a la moto de Jorge pues no estaba fijada la visita a una hora concreta, lo que me permitía viajar sobre las nueve de la mañana y llegar sin prisas al ministerio.

Me quedaban unas horas magnificas para disfrutar de mis pensamientos en soledad, pero lo que ocurrió, fue que una creo que intranscendente llamada de Elena, me trajo el recuerdo de Andrea. Intenté olvidarme de ella relajándome a base de beber una cerveza bien fría, pero ella seguía allí. Elegante, con su mirada tranquila puesta en mí, y sonriendo a todas cuantas gansadas decía yo. Me levanté y decidí salir como en los años de juventud para hacerme el encontradizo merodeando por su barrio.    —¡Imbécil, si no sabes donde vive! Tuve que reconocer. ¡Aaah!… me quedaba el comodín de la llamada, ¡Elena! Apresuradamente saqué el móvil, llamé, sonó el timbre y se oyó la voz de…. Elenita. Un saludo cortes, una pregunta sobre si se encontraba su madre y ante la negativa, una respuesta para salir del paso…—Pues entonces, si no está, no le digas nada no es importante, ya le llamaré en otro momento.

Fracaso tras fracaso, decidí cenar con mi hijo Jorge, el único capaz de quitar de mi cabeza cualquier pensamiento con un mínimo de encanto. Me consolaría hablando con él sobre el último GP de Cheste, que, aunque a mí me importan un rábano las motos, para él es el mejor de los temas y así con hacer como que me parecía de interés cuanto me dijese respecto al mismo cercenaba toda posibilidad de discusión. Con esa idea de cordialidad familiar afronté la cena, con el convencimiento de ayudar a la paz familiar.

—Adelante agente Pu-ig, el coronel Linares le atenderá en un instante. Así de esta manera me recibía el capitán ayudante del coronel. Mi visita había sido anunciada y autorizada por vía interna antes de invitarme el suboficial de puertas a pasar bajo el arco detector de metales, medidas de seguridad un tanto rudimentarias, pues el arco no era ni mucho menos de los de última generación.

El ayudante me había ofrecido una silla donde esperar al subdirector de armamento, espera que intentaba distraer con la contemplación de metopas, placas y distinciones con que se decoraba el austero despacho de la subdirección de armamento, que más que un departamento propiamente dedicado al armamento era uno más de los diferentes servicios de la información militar, comúnmente conocida como SIM.

Tras un cordial saludo por parte del coronel Linares sin más preámbulo pasamos al motivo de nuestra reunión.

—Comisario Pu-ig─ Vaya novedad otro que me llama Pu-ig, lo dejaremos correr   —Hemos estudiado con el máximo interés, su solicitud de información sobre asuntos relacionados con el tráfico de armas que acogiéndose a su condición de agente de Europol nos ha solicitado. No obstante, le hemos pedido hablase con nosotros personalmente antes de decidir si estamos en condiciones de informarle de cuanto desea.

—¿Pues usía dirá?

—Jajá, veo que recuerda usted el tratamiento de su época en el servicio militar. Creo que nos facilitará las cosas, a ambos, el prescindir de tratamientos. ¿De acuerdo?   —Totalmente, me apresuré a responder.

—Verá señor Pu-ig, nuestro servicio no atiende a otros casos de exportaciones o ventas que no sean de estado a estado o entre ejércitos nacionales, por lo que tras considerarlo seriamente creemos que su petición no entra dentro de nuestras funciones.

—¿Entonces debo considerar denegada la solicitud por su parte?

—En efecto, siento decepcionarle, pero así es. Tenga la seguridad de que no es una decisión tomada en esta subdirección, nos llega impuesta desde arriba.

—Quiere decirme que ha intervenido el mismísimo ministro.   —En efecto.

Aquella respuesta, suponía cerrar con siete candados la información que se podía obtener del ministerio, pero me resistía a aceptar que un organismo estatal, no facilitase las informaciones que se le pedían, desde el organismo policial de una organización supranacional de la cual somos un miembro destacado, así que intente contraatacar desde la óptica política.

—Coronel Linares, conozco las limitaciones que impone mi condición de miembro de la Europol, pero si tengo que recurrir a servicios policiales exteriores a nuestro país por una investigación llevada desde España, nuestro país ante los órganos policiales de la UE, quedará en una… como mínimo incómoda posición.

De verdad que lo siento agente, pero son temas políticos, de los cuales los militares preferimos quedar al margen.

—Pero su ministro es un político. ¿Querrá su señor ministro, someterse a preguntas sobre tráficos de armas en la Comisión de Exteriores de la UE o en el Euro Parlamento de Estrasburgo?   Tras una expresión de extrañeza el señor subdirector contraatacó     —Creo señor Pu-ig que va usted de farol. ¿Quién va a realizarla?

Con fingida seguridad respondí: —No creo que Europol, tenga muchos problemas en encontrar un portavoz en el Euro Parlamento, que formule una pregunta, digamos comprometedora al respecto. Supongo conoce usted la amplitud del abanico político del mismo.

El coronel estaba tocado y mi farol había dado el resultado apetecido. Mi interlocutor estaba pensando y valorando a toda la velocidad, como podía tomar una decisión que salvase todas las posturas, en primer lugar, la suya, en segundo la mía y sobre todo la de su señor ministro, al fin decidió una opción.

—Atienda Pu-ig, le voy a dar un nombre: le llaman Ivanchi y es un alias como miembro del CNI, olvide desde este momento quien se lo facilitó. Deme cuarenta y ocho horas y un teléfono. Se pondrá en contacto con usted. Le recuerdo que nuestra conversación terminó hace como diez minutos, el resto no existió. En realidad, ha sido un placer tratar con usted, buenos días.

Soy de los convencidos, que las conversaciones oficiales cuando los interlocutores se relajan y se sienten cómodos, siempre resultan más productivas, sobre todo si éstas se producen alrededor de una mesa, por lo que intenté prolongar la que mantenía con el coronel, ahora que creí haber abierto un resquicio en sus defensas.

—Lo mismo digo, es más me gustaría invitarle a comer para prolongar nuestra conversación, fuera del corsé que nos impone a ambos el carácter oficial de la misma. Pero supongo que lo tienen expresamente prohibido.

—En efecto, pero una cerveza en la cafetería del ministerio si se la acepto. Al fin y al cabo, jugamos en el mismo equipo… ¿no es cierto?

El tipo empezaba a caerme bien y la cerveza suponía me caería tan bien o más que el coronel, así que con no disimulado entusiasmo exclame: ¡Acepto encantado!

Tras una breve orden a su ayudante, indicándole que estaba en la cafetería del ministerio, bajamos ambos en busca de la prometida cerveza.

Tan pronto finalicé la segunda birra que tomamos el coronel Linares y yo, no sin antes agradecerle de nuevo, el interés que se había tomado por satisfacer en la medida de sus pocas posibilidades mis preguntas, regresé todo lo rápido que me fue posible al hotel, pasando antes por los técnicos de la comisaria de Moratalaz, para que reseteasen mi móvil de cualquier localizador o grabación de conversaciones. Esto lo teníamos totalmente prohibido, por nuestra seguridad, pero a la vez estos dispositivos técnicos eran detectados por los confidentes, lo que hacía que no quisiesen la mayoría de las ocasiones hablar con nosotros por la falta de confidencialidad.

Ahora me quedaba convencer a uno de aquellos jóvenes especialistas en comunicaciones y con ese propósito entré en la sala de las mismas, donde había más de diez funcionarios absortos en sus pantallas y comunicaciones, atendiendo redes, rastreando correos y toda aquellos que hacían los que en el cuerpo conocíamos por los “técnicos” aunque entre ellos, la mayoría jóvenes, se llamaban “comunicatas”. Con cierta ansiedad busqué a Iván al que en alguna ocasión anterior había conseguido convencer para que infringiese las normas de régimen interno.

—¿Oye, tú eres Fernando García verdad?… Me dirigí al primero de ellos del cual creía recordar su nombre.

—Dígame agente Puig    —¿Me conoces? Joder con estos jovenzuelos que se recrean hablándote de usted, como queriendo decir “retírate vejete, que quiero ascender”.  —Repetí la pregunta ¿No está hoy Iván, necesito de él?

—¿No le sirvo yo?   —¿Supongo que me servirías, si estuvieses dispuesto a liberarme el teléfono de comunicaciones?

—¿Y el paquete a quien se lo adjudicamos, si se enteran?  —Si tú no eres un “boca floja” para nadie. Pero olvídate, me esperaré a Iván.

—Pues tendrá que esperarse hasta mañana, porqué hoy libra. ¡Venga deme el teléfono y su contraseña! Yo se lo arreglo.

—Gracias chaval, puedes estar tranquilo que ni la Inquisición si volviese me arrancaría tú nombre, ¡ahí va! Vuelvo en un par de horas y te espero en el bar de la esquina, comemos de menú ¡eh! y me lo entregas, así nadie sospechará.

—Afirmativo agente.

Ya en el hotel, antes de regresar a Moratalaz para recoger el teléfono liberalizado y esperar la anunciada llamada por el coronel Linares, urgía contactase con Maurits, el pobre estaría ansioso por saber que tal había resultado la reunión. Así que tomé el portátil y me dispuse a enviarle un e-mail.

 

ASUNTOS INTERNOS

De: pacopuig1955@eupol.es

From: Vermeer.neer@eupol.neder

 

Hola Mauricio, espero recibir informaciones importantes a lo largo de las próximas 48 horas. Estamos en contacto permanente.

Saludos Paco.

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De: Vermeer.neer@eupol.neder

From: pacopuig1955@eupol.es

 

¿Algún motivo especial, para usar e-mail? No tienen mucha seguridad, lo sabias. Saludos de Maurits, NO MAURICIO.

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Prefiero el teclado grande, supongo que será largo lo que tendré contarte

Saludos Paco.

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Ahora solo me quedaba esperar la anunciada llamada, pero para esto antes debía regresar a Moratalaz donde recoger mi móvil una vez liberalizado.

[1] Este teléfono está apagado o fuera de cobertura

[2]  Asociación Bilbaína Amigos de la Ópera

Próximo martes, capítulo 11: Un infarto inesperado

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Si te perdiste algún capítulo puedes encontralos aquí: : 1, 2 3, 45, 6 , 7 , 8 y 9

 

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