La vida es un suspiro

Img. Riosa Muriel

Rosa Muriel / ASÍ ES LA VIDA

25.06.21Rosa Muriel

Hace unos días tuve en mi pensamiento a alguien muy especial, alguien que al principio de mi adolescencia fue muy importante, me hacía sonreír, reír a carcajadas y divertirme con esa inocencia tan especial.

Compañero inseparable, muy alto, cabello rubio como los rayos del sol, ojos azules como el mar, una simpatía inigualable como buen sevillano, divertido.

A todos los lados íbamos juntos, clases, al parque donde pasábamos horas interminables conversando, al cine, lectura en la biblioteca, subíamos al tren y nos divertíamos tan solo haciendo el trayecto de ida y vuelta sin bajar en ninguna estación, observando el paisaje, a las personas, y reíamos, dos adolescentes traviesos y divertidos.

Había algo que nos apasionaba y nos unía aún más, el tenis, siempre se nos veía en el club donde pasábamos horas y horas jugando, era nuestra afición favorita. He de confesar que al inicio de mis clases lo mejor que yo hacía era recoger pelotas, por suerte mejoré y pude compartir con él esos divertidos e innumerables partidos de tenis.

Un día me confesó algo, me puse nerviosa y lo observé con una mirada avergonzada; mi querido amigo solo me dijo «eres mi princesa, y serás mi novia», robándome un beso. No sé si la cara se me puso roja como un pimiento o como un tomate, algo sucedió porque él sonreía  ¿como iba yo a pensar que mi querido amigo confesara algo así?

Inseparables, cómplices, nos queríamos con inocencia. Pero la vida es complicada y jodida. No pude ir al siguiente partido de tenis con él, tenía un examen, pero le prometí encontrarme con él tan rápido terminase. Jamás sucedió. Si, él fue a su partido, su último partido, porque de un golpe en seco se paró el partido y su corazón.

Y es que ese músculo, que jodidamente traicionero puede ser. Le robó la vida a él y a mí a mi querido amigo. De alguna forma algo ya marcó mi vida. La vida es un suspiro, o te coges a ella, vives y haces lo que te dice el corazón, subiendo a ese tan nombrado tren de la vida, porque si se pierde el tren quién sabe en qué parada te tienes que bajar para nunca subir.

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