¡Muy fuerte!

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Antonio Gil-Terrón Puchades

24.06.21

Me lo habían comentado varias personas, pero no me lo creía. Hoy lo he comprobado personalmente, y la verdad es que es muy fuerte.

Mantengo una conversación telefónica con un familiar; una conversación privada como se supone que lo son todas las conversaciones telefónicas en un Estado de Derecho.

En la conversación menciono que he visto en una tienda una silla anatómica para la mesa del ordenador. Pues bien, no ha pasado ni una hora, y recibo un sms de la compañía donde tengo contratada mi línea telefónica, haciéndome una oferta especial para comprar a buen precio “una silla anatómica para la mesa del ordenador”. ¡Alucinante!

Sabíamos que si buscamos un producto en Google, o miramos un hotel en la Patagonia, durante meses nos van a machacar en cualquier página por la que naveguemos con anuncios del susodicho producto, o de “los mejores y más baratos” hoteles en la Patagonia. Hasta ahí, normal, aunque insoportable.

Pero lo que me parece de juzgado de guardia es que me envíe publicidad, mi propia compañía de telefonía, anunciándome ofertas de algo que tan solo pueden haber sacado, mediante la presunta escucha o intervención ilegal de mis conversaciones telefónicas.

Hemos llegado a tal cumulo de despropósito, que la novela de George Orwell, 1884, sobre el ojo del gran hermano que todo lo ve y controla, parece un cuento de niños, si la comparamos con nuestra realidad presente.

Por favor, señor conductor, pare el mundo que yo me bajo.

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