¡Que vivan las madres!

F: May Rueda

May Rueda Gómez

13.06.21

Hoy vamos a hablar de las madres… ¡Qué grande es una madre!

Esa que lleva a su retoño en el vientre durante nueve meses. Que sufre al dar la vida a su bebé. Que se pasa durante meses las noches en vela alimentándole, cambiando pañales, horas de angustia con altas fiebres. Pero que reconfortan las primeras sonrisas, la primera carcajada, el primer mamá, los primeros pasos y con ellos las primeras caídas y los sustos.

En un abrir y cerrar de ojos, llegará el momento de separarse de él y entregarlo a la guardería, un proceso duro pero liberador, en el que te deja algo más de espacio para ti y, es entonces querida amiga, cuando te miras en el espejo por primera vez en mucho tiempo, mirándote a ti de verdad y ves a una mujer con el pelo enmarañado, una ojeras de caballo, michelines y piel flácida, ¡y qué decir de las tetas! Irreconocibles, ya no sabes si es pecho, pellejo o una protuberancia…

Entonces te armas de valor y decides seguir una dieta equilibrada, hacer ejercicio y lo haces, los tres primeros días, si me apuras hasta una semana, pero cuando llega la noche, te das cuenta que no te da la vida y vuelves a tu rutina, una rutina que adoras porque ves a tu hijo crecer, porque te sonríe, porque haces todo lo que está en tus manos para verle feliz y que no le falte nada.

Y en otro parpadeo, llega el colegio y con ello el ser más independiente, y las rabietas, y el celebrar los cumpleaños con las mamis y los niños de clase, que si ponemos equis para los cumples, que si no se regalan chuches que ahora hay que ser sano, preferimos regalar un lapicero o un cuento (un coñazo) y los mocos, y las gastroenteritis que coge toda la familia (un problema si no hay más de un baño en la casa).

Y sin darte cuenta, se han hecho mayores y ya pasan a su primer día de instituto, sientes ese temor de que no les hagan novilladas, que hagan amigos y se lo pasen bien. Y te vuelves a mirar en el espejo, y sigues con el pelo enmarañado y el michelín permanente (que ya tiene nombre).

Entonces, ellos comienzan a hacer su vida, a depender menos de ti. Ya no te besan delante de la gente, ya no quieren ir contigo al cine los domingos, porque han quedado  con sus amigos.

Y entonces te das cuenta, que has entregado tu vida y tu alma a esa persona por la que sigues dando tu vida. Pero que echando la vista atrás, puede que hayas sido injusta contigo misma, pues apenas te has dedicado tiempo. Te has abandonado por y para él. Y él ahora solo mira por sus conveniencias, se acuerda de ti pero para que le tengas la comida preparada, la ropita planchadita, que le compres las deportivas que están de moda…

Que todas esas cosas están muy bien, pero que hay que mirar por una misma. Que siempre nos dejamos para lo último, ¿y cuándo llega lo último? Cuando estás agotada, cuando los tobillos están hinchados, cuando tus ojeras te dicen que debes descansar.

Así que mira por ti amiga. Píntate las pestañas con rímel, moldea tu figura hasta estar a gusto contigo, medita, ve a tomar algo con tus amigas y no me refiero al café de la mañana o la tarde, me refiero a salir de copas, que para eso no hay edad. Diviértete y sobre todo, si tienes un sueño, lucha por él.

Que grandes son las madres. ¡Qué vivan las madres!

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