‘La increíble vacuna del Dr. Dickinson’, el corto de Álex Rey que triunfa en Animacine

El corto de animación de Álex Rey, no sólo ha conseguido provocar salvajes carcajadas al normalmente solemne público del Festival de Málaga de 2021 en su sección de Animacine, sino también sorprender a propios y extraños por una serie de peculiaridades de su producción./informaValencia.comEl corto de animación de Álex Rey, no sólo ha conseguido provocar salvajes carcajadas al normalmente solemne público del Festival de Málaga de 2021 en su sección de Animacine, sino también sorprender a propios y extraños por una serie de peculiaridades de su producción./informaValencia.com

El humor gamberro y por momentos underground de esta producción que sorprende a público y crítica del Festival de Málaga de 2021 

Miércoles, 09.06.21

informaValencia.com.-  El humor gamberro y por momentos underground de esta producción de Álex Rey «La increíble vacuna del Dr. Dickinson» –una descacharrante sátira de la sociedad contemporánea occidental, contada como si fuera un documental del nodo y con un humor a medio camino entre South Park y las mini-series de animación para adultos de Joaquín Reyes en La hora chanante y Muchachada nui–, no sólo ha conseguido provocar salvajes carcajadas al normalmente solemne público del Festival de Málaga de 2021 en su sección de Animacine, sino también sorprender a propios y extraños por una serie de peculiaridades de su producción.

Pese a lo aparentemente tosco del planteamiento, el preciosismo de los detalles, lo armonioso del apartado gráfico, la perspectiva a base de dibujos planos superpuestos que generan profundidad de forma sencilla pero funcional, configuran una pieza que atrapa la mirada del espectador dejando protagonismo, sin embargo, al guión. Con eficacia, se pone a la imagen al servicio de la narrativa.

La velocidad con la que se ha producido, apenas unos meses para no perder el tren de la actualidad, añadido a que se trata de un equipo multidisciplinar de un solo creador, constituyen elementos suficientes como para despertar la curiosidad del más pintado, cosa que vamos a intentar satisfacer en esta entrevista.

¿Cón quién estamos hablando?

Estamos hablando con Álex Rey: ilustrador, director, productor, guionista, animador, diseñador y en general todo lo que acabe en ‘or’…ehhmm… ¡Marina D’Or! (risas)

Así que estamos hablando con un auténtico hombre-orquesta de la animación, de la narrativa audiovisual…¿le parece que es una buena definición?

Sí, soy miembro de la secta Juan Palomo, «Yo me lo guiso, yo me lo como»

En todo caso, estamos aquí en el marco del festival de cine internacional de Málaga y…su corto ha sido seleccionado.

Sí, es una maravilla estar aquí, porque como ya dije en la presentación, un corto tan poca entidad y con cero presupuesto que esté ahí codeándose con cortometrajes que comienzan con varios logotipos estatales y de grandes empresas de la comunicación está bien. Estar codeándose con gente tan profesional, que no digo que yo no lo sea, pero yo tengo muchísimos menos medios y sin embargo estamos ahí. Es para congratularse.

Se trata entonces de un trabajo de gran mérito que se ha abierto paso en la selva del audiovisual a machetazo limpio

Exacto, yo creo que dinero no, pero mérito si que puedo decir que tengo porque no es fácil en animación abrirse paso. Además se notan mucho más las diferencias entre los que tienen una gran producción y los que no. Se nota mucho la diferencia entre quien lo hace todo uno mismo y quien tiene un equipo de cincuenta personas, cada uno dedicado a lo suyo y cada uno profesional de lo suyo. Entonces, la verdad que estoy muy satisfecho.

¿Y encuentra también en el proceso creativo alguna ventaja en el proceso «Juan Palomo»? ¿Hay un flujo de ideas distinto?¿Hay una inmediatez entre la idea y el resultado mucho más ágil que en producciones con equipos grandes, quizás? Una manera de trabajar más rica, más personal…

Sí sí, a ver. Desde luego no tienes que discutir con nadie ningún cambio de ningún tipo. Conforme pasan los días si se te ocurre algo lo añades, lo cambias, lo quitas. Sales a dar un paseo. La sangre empieza a fluir por tu cerebro y … se te ocurre algo nuevo y…¡venga vamos allá lo metemos otra vez! Con lo cual la agilidad para desarrollar la historia es mucho mayor que tener que discutirlo todo con cinco personas que cada una puede tener su manera de pensar y al final, se desvirtúa todo un poco. Cuanto más puedas mantener tu propia idea, pues más diferente va a ser tu trabajo. Si no, se tiende a una homogeneización en las historias. Cuando se combinan veinte personas, siempre hay gente más conservadora y gente que no quiere arriesgarse con según qué cosas y al final tienes historias muy parecidas. Pero si eres tú solo, puedes hacer lo que quieras, para bien o para mal.

¿Y qué ha alimentado principalmente la parte gráfica de tu trabajo?

Principalmente lo que trabajo es la animación limitada. Y dentro de esta técnica mi referente principal ha sido Los Picapiedra, claves en toda mi infancia, la animación de Hanna Barbera. Ahí están las bases.

Más tarde, cuando eres ya adolescente y cabeza pensante, series como South Park son fundamentales. Me enseñaron que no hace falta ser un gran animador, que no hace falta una gran producción, para contar una buena historia que te entretenga. Así que en la base están en los diálogos, para mí. Y yo los trabajo mucho.

Pero en lo visual, como me preguntas, para este corto me empapé de las películas de ciencia-ficción de los cincuenta y sesenta durante el confinamiento. Películas como la invasión de los ultracuerpos y toda la retahila de producciones chuscas de alienígenas de bajo presupuesto. O también clásicos de otros géneros como «Doce hombres sin piedad», que no la había visto. Por eso la estética de mi corto es así, tipo «cincuentero».

El guión es protagonista del corto y el humor descacharrante ha provocado carcajadas entre el público del festival. Algo realmente difícil de conseguir en un medio como este. ¿Sus referentes en el humor?

Las referencias, principalmente, vienen de un mejunje mental que uno tiene de todo lo que ha ido viviendo. Desde South Park, como he dicho, que siempre es un poco transgresor (no tienen miedo a tratar según qué temas) o también Monty Phyton que es una cosa más surrealista, pero que es un humor tan fino y tan agudo que ha envejecido perfectamente. Lo ves ahora y es de lo más moderno que puedes ver.

Todo esto combinado con la realidad española, la idiosincrasia española, con las cosas que comentan mis amigos o las cosas que les pasan…de ahí extraigo el humor. Al final es una conjunción de algo chusco como South Park y de algo tan surrealista y moderno como Monty Phyton, combinado con la idiosincrasia española y las cosas del día a día.

¿Hay mamoneo en el mundo de los festivales en España? ¿Hay algo de lo que querrías quejarte o proponer mejoras?

Podríamos decir simplemente que los comités de selección, que yo agradezco que hayan seleccionado mi corto, que es un corto muy humilde y se nota, tendrían que tener en cuenta que cuando les llega un corto que lleva ochenta premios, pues si lo cogen para darle el premio…¡Que no nos alimenten con falsas esperanzas a los demás! (Risas) Nooo, no…

Hablando en serio, sí que lo que se podría mejorar es que podrían pagar una simbólica aportación económica a la persona a la que han seleccionado el corto porque al fin y al cabo ellos también van a generar unos ingresos, como Festival, pero los únicos que no ganan de todo esto son los creadores del contenido del festival. Salvo el ganador. Entonces con una pequeñísima retribución simbólica, ya te digo, se puede compensar el gasto a fondo perdido que hacemos los creadores en la distribución. A ellos no les costaría tanto, porque de hecho cobran para las entradas y todo, entonces…Tendrían que tener en cuenta que los que generamos el contenido también necesitamos dinero para poder distribuirlo.

Y para concluir esta entrevista…¿Algo que comentar sobre la Mare de Deu dels Desamparats?

Creo que, después de dos mil años, que sobreviva esta figura es un logro. Veremos si mi corto sobrevive dos mil años. Yo creo que no. Pocos creadores de contenido pueden presumir de que su obra haya permanecido inmune, impasibe y pertinaz a través de los siglos ¡Y lo que le queda! Porque siempre estará en el corazón de la gente…

 

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