Carta a un amigo

Javier CaravacaJavier Caravaca

Rosa Muriel / ASÍ ES LA VIDA

09.06.21Rosa Muriel

Nuestras conversaciones son largas, como a mi me gustan: expresamos nuestras ideas, nos divierten, nos relajan, hablamos de sentimientos y a veces de como arreglar… ¿el mundo?

Y es que esas charlas nos pueden durar más horas de las que tiene un reloj, diálogos donde cabe todo, lo más de lo más es la escritura y el vino, no hay conversaciones que no sea con un buen vino, o dos, o… nunca se me olvidará una de las primeras cosas que me dijo, ya con algo más de confianza: si no bebes vino, no voy a verte.

Ya lo creo que tomé vino; con él, siempre, después vienen las catas, ¡uy, las catas…! esas que hace con un arte tan especial con sus Vinos Raros, donde hay una variedad interminable y una calidad exquisita.

No le duelen prendas al ir rellenando mi copa, una y otra vez, me conoce muy bien, y sabe hasta dónde puedo llegar, pero también cómo me puedo pasar cuatro pueblos, por eso cuando me ofrece sus vinos saca de mí ese puntito colocón, divertido, alegre.

Tomo vino en ocasiones especiales, no soy dada a tomar mucho, ocasiones muy especiales, en veladas especiales, con música y con bailes, él tiene una habilidad, sensibilidad, astucia, maña, sutileza, y sin temblarle el pulso cuando saca a pasear su escritura, destripa todo lo que toca con destreza, de ahí sus dos magníficos libros, «Edipo sin Esfinge» y «Ellas. Perras, brujas y serpientes».  Y algo más que seguro estará tramando, fraguando.

Venga… luego dices que no digo nada de ti… ¿y cómo no hacerlo? Por supuesto, y hasta me quedo corta, pero lo más importante es la gran amistad, complicidad, respeto y cariño que nos tenemos, porque amigos así es como tener un tesoro… Javier Caravaca.

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