Operación Verdi: CONCLUIDA. Capítulo 6

Enrique Argente VidalEnrique Argente Vidal

Tengan presente que los delitos monetarios tienen multitud de ramificaciones y se ven afectados por diferentes legislaciones

En los cinco capítulos anteriores de la novela vamos conociendo a algunos de los personajes, de sus características personales que explicarán muchos de sus comportamientos a lo largo de la narración. Seguimos con Paco Puig, su Jefe, Eduardo y la primera visita del agente a la sede de Europol: «nos encontramos ante un código cero». En esta sexta entrega la trama entra de lleno en la clave de la investigación policial, los negocios turbios, el tráfico de diamantes, la venta de armas, los negocios «tapadera»…

 

En San Petersburgo por asuntos de Fiodor Fedorof

 Enrique Argente Vidal

La ovación fue estruendosa, la opulenta nueva sociedad rusa se deshacía en vivas y aplausos hacía Teresa Casabella, la nueva estrella del Mariinski. Había tenido que bisear el airoso del tercer acto y el telón se levantó en su honor y el resto de la compañía en seis ocasiones.

Sin embargo, quienes la conocemos bien sabíamos que no era feliz, se había esforzado al máximo, lo había dado todo, como la gran profesional que era. Hasta el ruso, su punto más débil, por momentos llego a sonar con perfección, pero su frialdad me preocupaba. Fiodor había invertido mucho dinero en esta premier y no era justo que Teresa se hubiese entregado para el público, olvidando a su mentor, llegando incluso a negarse a recibirlo en su camerino, al finalizar la representación, alegando un gran agotamiento. Por fortuna a Fiodor no le importaban en demasía estos pequeños desplantes cuando se trataba de negocios.

—No te preocupes Gianfranco, tras dos matrimonios y otros tantos divorcios, entiendo bien las rarezas femeninas y se ignorarlas según el momento. Hoy para mí y también para ti es más importante que hablemos de negocios.

—¿Entonces la disculpas?

—Por supuesto… Como quiero que me acompañes vamos hacer lo siguiente, la llevas a la recepción del Hotel Ligovsky, el que está próximo a la avenida Nevsky.  Estas unos minutos con ella…, por cierto… ¿ha venido tu contable?… ¿sí?… pues que se haga cargo de Teresa el resto de la velada. Nosotros tenemos una reunión en la sede de Noboi Rosiiskoi Demokratia[1].

—No me gusta la idea de dejarla toda la velada con Juan, últimamente le noto mucho interés de hablar a solas con él. Desde que acordamos las compensaciones a su ex marido para el divorcio, parece más interesada que nunca con sus finanzas… ¿donde dices que vamos? ¿Ese Noboi… no sé qué, no es el partido gobernante en Rusia?

—En efecto, que se financia en gran parte con mis negocios de diamantes, y cuyos beneficios tú, ayudas a colocar en el lugar más conveniente y seguro. Es importante que vengas, se nos quiere reconocer de forma oficial nuestra colaboración.

—¿Y es necesaria mi presencia?

—Estoy viendo, que es más importante para ti que tu Teresa no hable con el contable, que conocer a nuestros amigos.

—Estás en lo cierto, no quiero pensar que Juan, presionado por Teresa, tuviese alguna indiscreción.

—Bien como quieras, hablaremos mañana y te informaré de cuantas novedades tenga referente a nosotros, por eso es necesario que vengas, les conoces y te vuelves a la recepción del Ligovsky.

A pesar de la sutil pero constante vigilancia que Gianfranco ejercía sobre Teresa, esta consiguió poder hablar en un breve aparte con Juan, en el momento en que Gianfranco atendía al presidente de la Asociación de Amigos del Marinski. Teresa tenía una confianza plena en Juan, era el único que le quedaba del staff que había creado su padre antes de morir, y aunque le parecía que se mostraba algo esquivo últimamente, todavía creía tener su confianza.

—Querido Juan, necesito hablar contigo sin la agobiante presencia de Gianfranco. Estoy muy preocupada por mis finanzas, no tengo ni idea de lo que gano, ni de los gastos que tengo, por otra parte, hay dos cosas que me quitan el sueño— Casi sollozando Teresa le suplicó   —¿Juan, puedo confiar en ti? …lo necesito tanto.

—Por supuesto Teresa, pero serénate, estamos centrando la atención de…todos.

—¡Tú también Juan, todo el mundo me dice que me serene! Estoy serena, pero quiero saber qué pasa con mi vida. Es mi vida y no es de Gianfranco, ni de Fiodor ni del público ni de nadie, miaaaaaa y solo mía. ¡A ver si os enteráis!… perdona… perdona, querido Juan, he ido a estallar contigo y tú no tienes ninguna culpa de mis problemas.

—Vamos a bailar y procura disimular viene Gianfranco hacia aquí… —hola Gianfranco, ¿ya has finalizado la reunión con Fiodor? … Le estaba pidiendo a Teresa este baile, me lo había prometido ¿verdad Teresa?

Gianfranco con fingida sonrisa tuvo que admitir el bailecito.  —Adelante Juan, no la hagas esperar.  Esta noche es la estrella de la reunión.

En ese momento la orquesta de la fiesta atacaba el Something stupid de Sinatra. Los primeros compases hicieron que las parejas acudieran en gran cantidad a la pista, lo que animó a Teresa.

—Si vamos Juan, te lo he prometido y me gustará cumplir mi promesa con esta canción.

Una vez iniciado el baile, Teresa recobró la confianza al sentirse en los brazos de Juan. —Gracias Juan, el alejarme de Gianfranco y sentirme entre tus brazos, me ha hecho recobrar el ánimo, al tiempo que la seguridad para exponerle mis preocupaciones.

—Te escucho Teresa, puedes confiar en mí —Disponemos de poco tiempo, pero quiero saber dos cosas antes que cualquiera otras… Juan, ¿cómo y cuánto estoy pagando por mi divorcio y donde pago mis impuestos?

—Respecto a tus asuntos con Mario, no hay sentencia todavía, nos está chantajeando con alguna que otra cantidad, pero Gianfranco que es quien trata con él, lo tiene bajo control. Te puedo asegurar que nunca le consigue más allá de cinco o seis mil euros. Lo segundo me llevaría más de una bonita canción de Sinatra el explicarlo.

—¿No estaré cometiendo ninguna ilegalidad?

—¿Por qué lo preguntas?

—Hace como un par de semanas, me llamaron de la redacción del diario El País y la periodista con todo descaro me dijo que figuraba en una lista de celebritis que evadíamos impuestos. Le dije que hablase con mi representante y le colgué, pero desde ese día estoy muy preocupada.

—¿Te ha vuelto a llamar?

—Sí un par de veces más, pero memorice su número y no le he respondido

—Teresa, como se nos acaba el baile y Gianfranco no nos quita el ojo de encima vamos a tener que dejar de bailar. Te prometo que te pasaré un pequeño informe para que conozcas cuál es tu realidad fiscal. No estas cometiendo ninguna ilegalidad, pero si es cierto, que estamos utilizando alguna que otra laguna legal. Dame un par de días y por favor, de lo que yo te entregue no conserves nada por escrito ni en memorias o discos duros.

Y para lamento de ambos Sinatra dejó de sonar.

Tanta relación con los occidentales y tanto whisky de malta había relajado mi capacidad de beber el vodka de mi Rusia natal, como hacíamos en las largas y duras noches de deliberaciones y maquinaciones en el Secretariado de Teatros de la antigua URSS. Mi actual debilidad alcohólica y la consiguiente resaca no solo se debía a hábitos más o menos occidentalizados, sino más bien a los del antiguo camarada y actual compañero de partido Mijaíl Pletniovo.

Había gentes, como Mijaíl, que no cambiarían nunca, ni tenían intención de hacerlo. Así en cualquier reunión que él presidiese, o fuese el centro de atención, antes de llegar al núcleo de la conversación, teníamos todos que pasar por mil digresiones, dando vueltas y más vueltas sobre temas que los reunidos sabíamos no tenían nada que ver con el verdadero motivo de la reunión. Cuando menos lo esperásemos y las lenguas comenzaban a desatarse al tiempo que las mentes se abotargaban por efecto del vodka, era el momento en que el camarada Pletniovo se encontraba dispuesto a comenzar.

—Amigo Fiodor. —comenzó ceremoniosamente.

—El partido está muy satisfecho con tu Fundación para Jubilados y Pensionistas de los Antiguos Teatros de la URSS, la cual vienes manteniendo económicamente y nos supone en el momento actual, poder anunciar una importante subida en las pensiones que recibirán nuestros jubilados y pensionistas el próximo año.

—Es para mí una obligación moral, ten en cuenta compañero, que a la mayor parte de ellos los conozco, pues fueron empleados del Secretariado de Bellas Artes que yo dirigía y me duele ver la situación de necesidad en que muchos de ellos viven. Todos ellos sirvieron lealmente a la URSS, Mijaíl.

—¡Magnifica lección de moralina Fiodor! jajaja. Yo diría que ahora son votos y ni se te ocurra hacer esta exposición de motivos ante el presidente del Gobierno, del partido y del estado, te recuerdo. Pero dejemos eso, lo importante es lo que tengo que comunicarte. Querido Fiodor, nuestros máximos dirigentes acceden a tu deseo de comerciar con armas y canalizar los mutuos beneficios a través de tu actividad como promotor artístico, para lo que estamos considerando proponer a tu… ¿protegida, la podemos llamar? como embajadora cultural de la UNESCO, con lo cual cerraremos un triángulo…jajaja, perfecto.

El vodka hacía rato había comenzado a hacer su efecto en mí, así que expuse mi interpretación de lo dicho.

—Déjame que vea si te interpreto bien. Comercio con armas que me facilitáis vosotros y me las tendrán que pagar con diamantes…de los conocidos como de sangre ¿supongo?

—Vas bien Fiodor, pero no te preocupes en qué te pagan, eso es cosa nuestra.

—Pero mis minas de los Urales son de diamantes, que yo tendré que vender junto con los vuestros en los mercados internacionales. Lo que puede sin duda hacer que baje la cotización de los míos ante una mayor oferta en el mercado de Ámsterdam, y el dinero de la venta de ambos, colocarlo en paraísos fiscales.

—Me has interpretado muy bien, Fiodor.

—Pero eso puede suponer un hundimiento de mi propio mercado, tendré que vender también en Londres.

—Eso, no debe preocuparte, porque te recuerdo que lo que tú llamas tú propio mercado, no es tan tuyo como crees. ¿Te puedo preguntar a cuánto ascienden tus acciones en la mina?

—Lo sabes perfectamente. El 21%.

—Ves, como no es tan tuya como crees. ¿No has pensado nunca quien tiene el 79% restante?

—Pequeños accionistas y algunos miembros de la dirección del partido. Pero estas últimas las tengo sindicadas.

—Entonces procurarás no perder la sindicación ¿cierto Fiodor? De todas formas, puedes seguir trabajando como hasta ahora. Para tu tranquilidad te diré que, en la ejecutiva, están muy satisfechos de cómo estás gestionando tus responsabilidades. Otra cosa, me encargan te diga, siguas con la cultura, la ópera, los recitales…y esas cosas. No te metas en equipos de futbol, ni básquet… no nos interesa la excesiva notoriedad. Nada de comprar equipos de futbol, ya me comprendes, todo muy elegante y discreto.

—¿Entonces puedo moverme con total libertad en el mercado?

—Eso Fiodor, ya lo irás sabiendo. Por esta noche es suficiente. Felicita a tu protegida por su magnífica interpretación de Lisa en la Pikovoia dama[2],  infórmale de su próximo nombramiento y llama un taxi que me lleve a casa… me hago mayor y tengo altas responsabilidades, —¡ya no debo conducir con tanto vodka en el cuerpo!… Por cierto, no se me olvida que recibí tu último ingreso. ¡Vamos muy bien amigo Fiodor, muy bien!

 

Había amanecido con un frio intenso que presagiaba una fuerte nevada, no era la primera de aquel otoño, pero lo cierto es que, pasados los primeros días de octubre, se suavizaron las temperaturas de forma que solo las escarchas nocturnas blanqueaban las calles.

Teresa, acompañada por el maestro Bermelli, que en esta ocasión iba con ella dada la dificultad del papel de Lisa, se dirigían al Marinski para pulir algún detalle que no les había satisfecho de la noche del estreno.

Gianfranco se había adelantado, pues al bajar a desayunar, tenía una nota en recepción de Fiodor citándolo en el propio teatro a las diez. Todos se habían retirado tarde la noche anterior, debido a la fiesta del estreno, así que hoy estaban fuera de horario.

En el corto momento que había compartido con Teresa en el desayuno, la había encontrado más tranquila e incluso relajada y con ganas de bromear sobre algún que otro detalle del estreno, por lo que afrontaba la reunión con Fiodor, con menos nervios al haber comprobado, la actitud más tranquila de Teresa.

A Fiodor lo encontró en el antepalco Real, conversando sobre el éxito alcanzado la noche anterior y el alto nivel de la orquesta y los coros, verdaderos protagonistas en toda la producción operística de Tchaikovski.

—Al fin has llegado Gianfranco, vayamos al despacho del director que nos lo cede para que podamos hablar. Tengo poco tiempo, en cuanto terminemos debo salir de viaje.

Una vez en el despacho del director, Fiodor, buscó con disimulo la posibilidad de algún micrófono que pudiese gravar la conversación. A pesar de los años transcurridos desde la caída del antiguo régimen, no podía evitar hacerlo. Tras la comprobación y tomando todas las precauciones posibles, introdujo en el equipo de música el CD de la grabación de la noche anterior, hablando en un tono inversamente proporcional al de la música.

—Tengo grandes noticias, amigo Gianfranco. La delegación rusa ante las Naciones Unidas, va a proponer como embajadora de la UNESCO para la infancia a nuestra Teresa. Mi plan es el siguiente, fundaremos una ONG que atenderá al fomento de la paz, entre los niños, en aquellas zonas en conflictos bélicos de origen étnico, con lo que podremos organizar galas benéficas donde creamos oportuno. La ONG nos dará la cobertura legal que necesitamos. En cuanto regreses a Milán te pones manos a la obra.

—¡Pero si ni tan siquiera tenemos la aceptación de Teresa! Tendré primero que comunicarle el posible nombramiento y después recabar su aceptación. Sin ella no podemos hacer nada.

—Eso te corresponde a ti. Lo tuyo ¡no solo va a ser participar en los beneficios! Eres su agente artístico debes convencerla. En caso contrario no creo me cueste mucho encontrar otra buena voz y un agente artístico ávido de ganar dinero. Los negocios son duros y en el que nos movemos nosotros extremadamente.

[1] Partido de la Nueva Democracia Rusa

[2] La Dama de Picas. Ópera de Tchaikovski.

 

Próximo martes, capítulo 7:  En La Haya con Maurits

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Ver capítulos 1, 2 3, 4 y 5

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