Hace diez años; el día que salí por piernas de la iglesia

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Antonio Gil-Terrón Puchades

11.05.21

Para un creyente, y yo lo soy, la máxima aspiración debería ser alcanzar el eterno descanso en un mundo mejor que este. Yo lo llamo Paraíso. A pesar de ello, pocos creyentes parecen tener prisa por llegar a tan paradisíaco lugar; pero hoy no voy a escribir sobre ello.

Dicho esto, voy a contar lo que me sucedió un martes de enero de 2010, cuando al terminar la celebración eucarística de la tarde, me presenté en la sacristía con diez euros en la mano, que era el estipendio establecido – “por la autoridad eclesiástica competente” – para encargar una misa. A mí la verdad es que eso del estipendio siempre ha dado un cierto tufillo a simonía gorda, pero mejor dejémoslo ahí y sigamos con la historia.

Aquí hago un inciso para explicar que el cura que acababa de celebrar la misa era don José G., alias el «pare Pepet»; un sacerdote octogenario, que llevaba con resignación cristiana, la cruz de ser mi párroco y aguantar mis “gracias” desde hacía cuarenta años.

Pues bien, un servidor acababa de entrar en la sacristía justo en el momento que el pare Pepet (don José) se estaba desatando el cíngulo; al verme arqueó una ceja y con mirada desconfiada (porque me conocía demasiado), me soltó: – ¡Què vols! (¡Qué quieres!).

Le enseñé el billete de diez euros, y dije con vocecita emocionada y pía: – Quiero encargar una misa.

Don José cogió el billete y tras introducirlo en un cajón del escritorio, abrió su agenda y pluma en mano, me preguntó:

– ¿Fecha?

– Para el próximo domingo… claro, sin puede ser – (contesté con cara de no haber roto un plato en la vida).

– ¡El diumenge no pot ser! (¡El domingo no puede ser!).

– Pues el próximo lunes, si es posible (respondí con un cierto tono de frustración).

Tras anotar en su diario la fecha y transcurridos unos segundos de silencio, me preguntó por la intención que debía celebrar la misa…

Ahí fue cuando, tras mirar de reojo un San José de bronce macizo que había encima de su escritorio, retrocedí dos pasos atrás antes de responderle: – La misa es por el eterno descanso de Zapatero…

En un abrir y cerrar de ojos, sacó del cajón mi billete de diez euros y me lo lanzó a la cabeza. Menos mal – pensé yo – que el estipendio no se lo había dado en monedas.

Acto seguido y en un alarde de agilidad sorprendente para un hombre de su edad, se levantó de un salto, mascullando una serie de imprecaciones en valenciano; pero los años pesan y a pesar de su excelente forma física, yo fui más rápido corriendo.

Como ya han pasado unos años y el cura anda últimamente con problemas de memoria, voy a intentarlo de nuevo, esta vez con Pedro Sánchez, a ver si cuela.

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NOVEDAD; INTRODUCCIÓN DEL POLÍGRAFO EN LAS BODAS:

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