Para volver a volar

Fotografía: Rosa MurielFotografía: Rosa Muriel

Rosa Muriel / ASÍ ES LA VIDA

03.05.21Rosa Muriel

Tenemos treinta y lo tenemos todo. O treinta y dos, treinta y seis, treinta y diecisiete, da igual, lo tenemos todo. Tenemos la vida organizada, los pies en la tierra y la cabeza bien amueblada.

Tenemos señoras que nos limpian la casa una vez por semana, la autoestima colocada, seguro médico. Hemos vivido entre crisis y crisis económicas y emocionales, pero nos hemos agenciado una vida sin renuncias, un trabajo que nos paga, un destino nuevo cada verano, cañas por la ciudad que nos gusta. Vivimos de alquiler porque no nos atamos a la tierra, no nos atamos, y punto.

Tenemos tripa y papada, arrugas y canas, pelos enquistados, heridas y cicatrices. Se nos han caído las tetas pero nada de eso importa, porque somos muy lo más y todo el resto es muy lo menos. Tenemos un Máster en el currículum, cenitas de los sábados y diversión. Somos superhéroes, no hay otra palabra, y cada mañana nos ponemos una camiseta de Star Wars para que la fuerza nos acompañe.

Hasta el día aquel en que no nos acompaña la fuerza, la cabeza se nos desamuebla y pensamos por un instante breve, a veces tan solo unos segundos, que quizás no tenemos nada. No sé vosotras, pero a mí me pasa.

A veces pienso que no tengo nada porque creo que todo aquello que le dará sentido a mi vida está aún por venir. Me mato buscando espacios que me impulsen a ese destino, pero que sea mi destino, y a veces temo que quizás no exista, que no haya más, que no haya un destino como tal, que el destino sea esto.

A veces pienso que quizás he vivido una vida sin renuncias pero que en el camino hayan tantas cosas que han renunciado a mí: oportunidades, trabajos, hijos…

A veces pienso que no tengo nada porque siento que no vivo una vida escrita por los lápices de la normalidad, el amigo especial del instituto, una boda en primavera, la hipoteca, mi hija en el colegio privado.

Miraba a mamá y papá, amándose tanto, dos adultos que a mi edad tenían la vida resuelta y yo, pues yo he dejado el resolverla para mañana. ¿Qué es lo que quiero? Quizá haga falta irse lejos, otra vez, empezar de cero. ¿Pero a dónde? Yo no sé.

Esta es mi historia, pero podría ser la de cualquiera de vosotros, mujeres de treinta y dos, treinta y seis, treinta y diecisite. Una historia en la que lo tengo todo y a la vez, no tengo nada. Unas cuantas páginas escritas pero muchos folios en blanco. Una historia en la que, aprendo a asumir día a día la incertidumbre de todo.  Una historia en la que me pinto los labios de rojo y salgo a la calle a dejar que las cosas, las buenas, las malas, los fracasos, los triunfos, me pasen. Por si suena la flauta.

Hoy me he despertado con resaca emocional, sola, desorientada. Y en un momento breve de lucidez he recordado que las mejores cosas de mi vida me han pasado cuando pensaba que no me estaba pasando nada. Quizá esté ahí mi felicidad, entre pitos y flautas…

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