El cielo no da tregua

Fotografía Rosa MurielFotografía Rosa Muriel

Rosa Muriel / ASÍ ES LA VIDA

27-04-21Rosa Muriel

A veces la lluvia también me trae recuerdos que hacen que broten lagrimillas y, al fundirse gota y lágrima puedo llegar a entender que, como el día y la noche, lo bueno y lo malo, todo se puede fundir en un mismo espacio.

No ha dejado de llover, el cielo no da tregua. Despertar con el sonido de la lluvia, mirar por la ventana y ver las gotas de agua estrellándose contra los cristales, todo es lluvia, todo es tempestad.

Sigue lloviendo, las tardes de agua llegan a ser tranquilas, pero las tormentas nocturnas son fieras salvajes y me dejan temblando llena de miedo, un insomnio que no se cura y sucumbe únicamente cuando el sol despunta con un rayo de luz por un instante, tan sólo para carcomerse después por las nubes que lo engulle como un manjar. Llueve afuera, pero también llueve dentro, aquí dentro de mí al ver la tormenta.

Los relámpagos aprietan mi corazón y lo hacen reverberar con el furor de una estampida. Llueve por dentro, por fuera, en calma y en silencio; una tormenta que se desata en mis entrañas, pero el exterior quiere verse íntegro, intacto; sólo de vez en cuando sale a relucir mi lluvia. Muchos dirán que lluevo demasiado y por mucho tiempo, pero los que me ven llorar, que son pocos y contados, saben el porqué lluevo.

Le temo a la tormenta nocturna porque me mantiene ansiosa y expectante, pero la lluvia no me molesta, me despierta un sentimiento sublime de añoranza. Cuando salgo intentando escapar de mis encierros cotidianos, observo el paisaje que se extiende frente a mis ojos, se refleja oscuro, sombrío, realmente solitario, ¿qué tiene la lluvia que hace que se escondan las personas? Se refugian de ella como si tocarla fuese a costarles la vida. La lluvia es agua y no quema; la lluvia es agua y limpia; el agua es vida. Yo no le temo a la lluvia, si a la tormenta.

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