Entre Calígula y Florentino

Florentino Pérez, polémico impulsor de la Superliga europea/rtveFlorentino Pérez, polémico impulsor de la Superliga europea/rtve

Manuel Huerta

21.04.21

De la wilkipedia sobre Calígula: «Tras deshacerse de Gemelo (su primo, cogobernador de Roma, nombrados ambos por Tiberio), el nuevo emperador tomó las riendas del imperio. Su administración tuvo una época inicial marcada por una creciente prosperidad y una gestión impecable; no obstante, una grave enfermedad que sufrió el emperador marcó un punto de inflexión en su modo de reinar. A pesar de que una serie de errores en su administración habían derivado en una crisis económica y en una hambruna, emprendió un conjunto de reformas públicas y urbanísticas que acabaron por vaciar el tesoro. Acuciado por las deudas, puso en marcha una serie de medidas desesperadas para restablecer las finanzas imperiales, entre las que destacó la de pedir dinero a la plebe».

A lo que me interesa. Florentino ‘Calígula’ Pérez ha venido a demostrar que la gestión de Peter Lim al frente del Valencia CF, es de lo más sensato que está sucediendo en el mundo del fútbol. «Estamos todos arruinados», confiesa el prepotente mandatario madridista. Ellos, Real de Madrid y Barcelona, se han arruinado solitos en un año con un 60% de disminución de ingresos por la pandemia. Porque a diferencia de Lim, han seguido sin tomar medidas drásticas, como despedir a una serie de futbolistas muy caros ya amortizados, paralizar los proyectos faraónicos y aplicar una economía de guerra en sus empresas (léase clubes de fútbol, que por su magnitud son eso, empresas, sin ningún romanticismo pasado).

Como economía de guerra quiero hacer entender el recorte de los desorbitados salarios de sus empleados, el aplazamiento temporal de operaciones de dudosa rentabilidad y como digo, la paralización de obras para el futuro que bien podían esperar uno o dos años. «Estamos todos arruinados» dice, para a continuación y tras el absoluto despilfarro de Bale, James, Jovic o Hazard, anunciar que quiere fichar a Mbappé por otra millonada: ¿se puede ser más embustero? Porque si no ha mentido -que todo puede ser-, el Madrid ha cerrado 2020 con superávit de unos 300.000 euros. Claro, sin un solo fichaje esta vez.

Pues bien, inmiscuido en su mundo aparte de la realidad de sus socios y de la mayoría de aficionados que sobrevivimos como podemos en la penosa realidad económica y sanitaria del país, su altivez le lleva a emprender el liderazgo de una nueva competición, el «Club de los ricos», saltándose todos los pasos intermedios y el orden (bueno, regular o malo) establecido, para erigirse en el nuevo emperador del fútbol mundial, en base a un acuerdo con uno de los mayores operadores financieros del mundo, despreciando a la inmensa mayoría de clubes e ignorando precisamente lo que dijo defender, el diálogo.

Porque si cuenta con JP Morgan y sus 3.000 millones «garantizados», lo que debía de hacer por conducto reglamentario, es reunirse primero con Tebas y luego con Ceferin y tratar de que ese dinero para el fútbol, llegue a todos los agentes implicados: grandes, medianos y sobre todo, pequeños clubes de Europa, reformando la competición de acuerdo con criterios de rentabilidad, sí, pero beneficiando el espectáculo -también- y al fútbol amateur y al fútbol de base sobre todo. Porque lo que es insostenible es seguir fichando Bales, Jameses, Jovics, Hazardes y Mbappeses firmando contratos estratosféricos que luego necesitan financiaciones imposibles de mantener.

Lo que ha hecho el presidente del Madrid es mentir porque ni siquiera, parece ser, tenía ese cacareado apoyo del operador neoyorkino, y por tanto se ha convertido en un individuo nada fiable a partir de ahora para el mundo del fútbol (para mí ya lo es desde hace tiempo). Lo que debe de hacer Florentino es, por una vez y sin que sirva de precedente, reconocer su fracaso y dimitir para dejar paso al diálogo de verdad y al consenso. Lo que debe hacer el señor Pérez es coger un avión y llegarse hasta Singapur para pedir consejo de como gestionar un gran club con una gran deuda y en tiempo de crisis económica y social, a pesar de la irresponsabilidad de los amplificadores de la ignorancia, que lo más cerca que conocen de gestión económica es hacer la compra que les ordenan en casa cada semana.

 

 

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