Hace ahora siete años

Fotografía: Antonio Gil-Terrón PuchadesFotografía: Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades

17.03.21

Hace ahora siete años que falleció mi madre. Ese día, como uno más, acudí a la cita diaria en mi muro de FB, y si bien no comenté nada sobre lo que en aquellos momentos estaba pasando, no por ello deje de publicar mi texto cotidiano. Era el mejor homenaje que le podía hacer a mi madre: escribir.

Hoy he querido releer mis notas de aquellos días aquellos días…; lo que es capaz de escribir una persona al pasar por uno de los peores trances de la vida; un trance que no por esperado y anunciado duele menos: La muerte de la madre; una asignatura pendiente que adquirimos nada más nacer y que por mucho que nos expliquen y cuenten, por mucho que hayamos imaginado, no sabemos lo que es hasta que lo pasamos.

Resuenan en mi mente, como si fuera ahora, las palabras que estuve oyendo durante aquellos grises días: ‘Ahora tu madre ya descansa…’ ‘No sabes cuánto lo siento…’ ‘Ya no sufre…’ ‘Está en un mundo mejor…’ Palabras bien intencionadas que en esos momentos oímos como una música de fondo; dolidas, cariñosas, sentidas… lejanas, muy lejanas.

Porque en esos momentos todo a nuestro alrededor se apaga, se hace pequeño. Nada brilla; las luces oscurecen, mientras las palabras… los sonidos, poco a poco, respetuosos callan, dejándonos solos con nuestras silenciosas lágrimas, mientras nuestra alma flota en un frío vacío, arañando la nada.

Fueron aquellos, tres largos días sin sueños ni esperanza. Luego, al tercero, llego el alba y con él, el despertar de su alma. Fue en ese momento –lo juro- cuando pude ver claramente como su rostro rejuvenecido, mirándome con dulzura, sonriente se alejaba; pero no como un adiós, sino como un hasta luego…; como un hasta mañana.

En su recuerdo, la que fue su canción favorita:

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