Con su blanca palidez

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Antonio Gil-Terrón Puchades

19-02-21

Y cuando el frío viento te cale los huesos, y las sombras más funestas te hielen el alma, no temas porque no es nada; tan solo calla, cierra los ojos y entrégate a la dama que desde las sombras te llama.

Y cuando ella te abrace, no te resistas, porque es preciso que sientas su gélido beso antes que descubras que la muerte no es más que el despertar en un nuevo mañana…; el renacer para siempre en un mundo sin lágrimas.

Y ya no más dolor, no más temor, no más angustia, no más desesperanza; tan solo amor y alas en el alma que te llevaran como un águila en su vuelo a un mundo nuevo, más allá de donde los sueños alcanzan.

La muerte no es el final del camino, tan solo la estación de parada donde poder coger el tren de regreso a casa. Por eso cuando llegue la hora de la partida, no digamos adiós en la despedida, sino hasta luego; porque el morir no es más que una parada en el vivir que nos hará descubrir que era cierta la esperanza.

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