Hércules-Betis

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Francisco Mares

01.02.21

Calpe es el antiguo nombre de Gibraltar y su nombre proviene de su ocupación por los bastetanos: un pueblo prerromano de la Hispania Bética que se había instalado en la costa sur extensible desde Gibraltar a Cartagena y cuyo país anterior a la conquista romana se llamó Bastetania.

Según la mitología griega, Hércules creó el estrecho de Gibraltar separando Europa y África por medio de dos columnas o peñones denominadas las torres de Hércules: la norte era el monte Calpe, que tras la invasión islámica de Jan-al-Tarik derivaría en Gibraltar, y la sur se ubicaba en el Monte Musa al otro lado del estrecho. El peñón de Calpe es el de Ifach que significa del Norte y es en la península ibérica el peñón de Gibraltar del Norte indicativo de los límites de las cordilleras béticas que se extienden desde el peñón de Gibraltar del Sur.

El pacto del Betis fue el eje de la reconquista diseñada por el Psoe de sur a norte: de Sevilla a Bilbao con escalas en Valencia y Madrid. La reconstrucción del Psoe, sufragado por EEUU y la RFA y bendecido por el resto de las potencias aliadas del eje en guerra fría con la URSS, trataba de aglutinar de cabo a rabo las principales ciudades de España antes de que sucumbieran a la influencia de la de Barcelona, donde el PSC-hasta la llegada de Montilla, Iceta e Illa- funcionaría como un partido federal con el grado de autonomía que se pedía para Cataluña.

Fernando Jáuregui, en su artículo para Europa Press del 14-1-2017 »Hacia un nuevo pacto del Betis’‘ (una crítica a las andadas de Sánchez frente a las baronías del sur), dice que lo “suscribieron tácitamente los nuevos socialistas andaluces, encabezados por F González […] con los socialistas vascos, que tenían en Ramón Rubial y Eduardo López Albizu – padre de Patxi López-, más al sindicalista Nicolás Redondo, sus figuras emblemáticas. Todos ellos se empeñaron en arrebatar el poder a los ‘históricos’ del exilio en Toulouse».

En esta operación de sur a sur, del de España al de Francia, mediante el enclave más próximo a Suresnes, se engulló para la causa a los socialistas cristianos y a independientes como los del Partido Socialista Popular de Tierno Galvan. El Psoe arrasó en las elecciones del 82 sin que nadie hubiese apostado por ello tres años antes y lo hizo moviendo sus hilos en el feudo de ETA, aniquilando el socialismo galo tertuliano de los cafés de Toulouse y ofreciendo a cambio café y diálogo para todos. Según Jáuregui, el Psoe del 82 fue referente para la socialdemocracia de Francia, Alemania y Latinoamérica absorbiendo a la progresía de España. Este término, utilizado últimamente por ilustrados de uno y otro bando, ya lo utilizo Jáuregui en su artículo con Pedro Vega para El País del 9-9-82, ‘‘El día en que ‘Isidoro’ se hizo con el Psoe ».

El artículo cuenta los recelos en Bayona ante los emisarios del Psoe Interior y cómo se les dificultaba su intervención en las reuniones con la excusa de la seguridad. González se quejó de que se marginaba a la organización que emergía del núcleo sevillano, ya que entre otras cosas habían decretado su disolución no fiándose de la independencia de criterio de Alfonso Fernández Torres y nombrando a un viejo periodista sevillano y masón, Calderón, para mantener la inactividad frente a los impulsos que provenían de la península.

Redondo y Múgica, impulsores de FG, se habían conocido en 1964 en una reunión de Juventudes Socialistas con M. Boyer en la C/ Bravo Murillo. En el artículo se cuentan las dificultades para cruzar la frontera, a veces a nado, por Múgica y Redondo, cuyos nombres falsos eran Goizalde y Juan: lo hicieron »con los pantalones en mano y el agua al cuello», cruzando el río cuando no en el maletero para dos personas de un Citroën de un portugués que pasaba a Francia ocupando todas las plazas y que alguna vez, acabó a tiros como con Múgica y otro militante de los dirigentes socialistas, a excepción de Isidoro que pasaba tranquilamente como en un precedente de Blablacar.

Si el maletero era un zulo en marcha, en la maleta FG pasaba incluso libros de Carrillo como Después de Franco, ¿Qué?, con menos problemas que Ábalos con la dulce Delcy. Libros que le pedían y que, según Jáuregui, ni se le ocurría leer.

González y Guerra en una foto de 1.979. abc

González y Guerra en una foto de 1.979. rtve

Isidoro utilizaba un pasaporte que había usado como Erasmus de la universidad de Lovaina, hace unos meses proclamada capital europea de la innovación tras el bochorno de la candidatura de Valencia, representada por el ventrílocuo Galiana. Suárez le proveyó el pasaporte para asistir al congreso de Suresnes donde se erigió en secretario general. Así se afirma en el artículo de El País (22-9-19) de Rafael Moreno Izquierdo »El día que ‘Isidoro’ sedujo a los espías de Suárez ». Los militares espías franquistas del Servicio de inteligencia creado por Carrero Blanco eran Cassinello y Faura. El objetivo de los dos militares, “los peones de brega de Suárez”, para reunirse con Isidoro y Guerra, era conocer la hoja de ruta del líder socialista ante la España predemocrática, y de paso llegar a generales cuando su interlocutor llegara a presidente del gobierno. En la reunión, honestamente FG se posicionó a favor de las autonomías y señaló Cataluña como el caso “‘más peligroso’”.

En una segunda reunión un mes después de los atentados sobre los abogados de Atocha, FG concedió que su no rotundo a la amnistía era un sí pero con límites: “ Yo he sufrido más por los muertos de Atocha que Carrillo […], por los policías también […], La resistencia puede llegar a coger las armas […] en una situación de opresión […], el país cambia y en ese momento […] el que la hace la paga. Porque el que mata a un guardia civil no solo le está haciendo la puñeta a la Guardia Civil y al Gobierno, se la está haciendo al Psoe, a todos’”. FG estaba intentando acabar con el ruido de sables y ante los militares a Suárez le pronosticó cuatro o cinco años de poder (no llegaría a 5, dando paso a los 13 de FG).

El acoso y derribo a Suárez fue similar en lo profesional y personal al que instauraría el último gobierno socialista a nivel estatal a partir de la moción a Rajoy, tras hacer lo propio a nivel autonómico a partir del derroque de Rita Barberá (quien llegó a no abrir ni la ventana de casa cuando ya no tenía fuerzas ni para refugiarse los fines de semana en Jávea). Sin embargo, Suárez, una tragedia griega según el título del libro de J. García Abad, pudo llegar a viejo.

El fútbol fue telón de fondo del cambio que orquestó F González desde antes de su campaña del 82: el peligro de la manifestación social catalanista no fue posible tras las ligas perdidas extradeportivamente por el el FCB en los 80, cuando el club enturbió su relación con los equipos vascos y valencianos con los que podía compartir ideario político (secuestro de Quini tras un FCB-Hércules, lesiones obra del bilbaíno Goikoechea a Schuster y Maradona (virus aparte quizás contagiado por alguna señorita afiliada al sindicato del barrio rojo); y cuando lo peor ya no era ganar la liga obtenida en el 85 sino la repercusión europea catalana, otro milagro increíble al fallar todos los penaltis y no ser capaz de ganar a una medianía en la final de Copa de Europa de Sevilla con el motín del Hesperia a punto de explotar; en la década posterior lo que interesaba sociopolíticamente era lo contrario y tan milagrosamente como se perdieron las ligas y Copa de Europa en los 80, se ganaron en los 90: el FCB se nutrió de jugadores vascos y se hizo ‘amic per sempre’ del Valencia de Paco Roig (quien empezó a cargar las tintas contra el RM como principal opresor, aprovechando el affaire Mijatovic), tras ganar una de esas ligas gracias al portero vasco valencianista González, que paró un penalty en el último segundo, hecho sin ton ni son por el ex canterano blaugrana resentido Serer. Había vuelto J Cruyff, el mismo que en 1974, año de Suresnes cuando a FG le interesaba la oposición que al franquismo podía hacerse desde Barcelona, volvió a ganar una liga (7-4-74) tras 14 años de sequía y con 0-5 en el Bernabeu (17-2-74), para disgusto de un Franco que iba ya también acosado de susto en susto apenas 3’5 meses después del atentado a Carrero Blanco (20-12-73).

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