Petra y yo

Fotografía Rosa MurielFotografía Rosa Muriel

Rosa Muriel / ASÍ ES LA VIDA

26.01-21Rosa Muriel

Te echo de menos. Me acuerdo mucho de ti y te extraño.  Extraño nuestros encuentros, nuestros paseos, nuestras charlas, porque nadie me entendía como tú. Te escribía cartas que nunca respondías, al teléfono jamás te podías poner, pero tenia tranquilidad cuando preguntaba por ti y me decían que estabas bien. La verdad que era un alivio, porqué me desesperaba pensar que algo te pudiese ocurrir.

Estaba deseando que llegara el verano para correr a tú encuentro. Aquellos veranos se hacían tremendamente cortos, siempre ansiosa de que llegase final de junio para correr hasta ti; eso si, era un viaje largo, horriblemente largo hasta llegar a tú encuentro.

Pienso que cuando me veías te sentías muy feliz, yo lo notaba, lo veía en tus enormes ojos y con mi pequeña estatura tenia que subirme a una silla para poder acariciar tus enormes orejotas… como me gustaban esas orejotas! O cuando me subían encima de ti para dar nuestros paseos por la dehesa o ir a buscar agua al arroyo con esos cántaros en tu lomo; yo sufría al ver como cargabas los enormes cántaros llenos de agua, tú tan digna, te dejabas, pero acuérdate como yo refunfuñaba, no me parecía justo, no podía hacer nada, tan sólo acompañarte y estar junto a ti.

Rosa Muriel

Era fascinante darte comida, como la disfrutabas, me sorprendía que te gustasen tanto …las patatas, con lo ricas y sabrosas que estaban las manzanas, aunque eras muy muy glotona, te gustaba todo, casi disfrutaba yo más dándote con mis pequeñas manos esos manjares de verduras y frutas.

Aguantabas los tirones de orejotas que te daba y tenias una santa paciencia aguantando mis charlas, o cuando te ponía cualquier sombrero de paja viejo que encontraba o te llenaba de accesorios o ropa vieja que pedía a mi tía, ¿te acuerdas lo gruñona que era mi tía? A veces resultaba insoportable, no nos dejaba ni respirar, agotadora… quién nos entendía a la perfección era el tío, nos lo consentía todo. Era un bendito.

Lo mejor era cuando íbamos al arroyo a tomar el baño; que risa daba cuando tú y yo éramos las últimas en llegar, todos nos recibían con alegría al vernos aparecer, y es que andabas despacio, pero llegábamos,

Y a final de agosto pasaba lo que más nos dolía a las dos, la despedida, ningún año me marchaba sin despedirte con ese fantástico collar hecho con hierbas y flores que tú muy gustosamente agradecías terminando por comértelo todo.

Y es que Petra era única, nos adorábamos, era una conexión especial, la burra más guapa que he conocido en mi vida, durante muchos años mi compañera de vacaciones de verano de un lugar que olía a tierra, trigo y cebada.

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