Cardenal Cañizares: ‘Navidad para todos, también para los que hacen leyes tan injustas’

Cadenal Arzobispo Antonio Cañizares, Gran Canciller de la UCV/Arch.Cadenal Arzobispo Antonio Cañizares, Gran Canciller de la UCV/Arch.

En su carta semanal «Navidad, futuro y esperanza del hombre», el arzobispo de Valencia critica con firmeza las recientemente aprobadas leyes de Educación y de Eutanasia

Valencia, 25 de diciembre de 2020

Antonio Casañ.- «La Navidad trae y es esperanza, futuro, también para el hombre malherido o maltrecho, que ve como el amor de Dios se inclina ante él, y lo acompaña, intenta curarlo y lo ayuda, le ofrece los cuidados paliativos que han olvidado, creo que intencionadamente pero con un error y omisión gravísimo, los señores diputados que no han querido saber nada de ellos y les estorban los débiles, los enfermos, los terminales, los que gritan de dolor y son extremamente vulnerables».

En su carta semanal a la Archidiócesis de Valencia, bajo el título ‘Navidad, futuro y esperanza del hombre’, el cardenal arzobispo de Valencia Antonio Cañizares censura la actitud de los diputados de los partidos de la izquierda, el PSOE y los radicales, con respecto a las recientemente aprobadas ley de Educación y de Eutanasia.

«Navidad para todos, también para los que hacen leyes tan injustas. Navidad y perdón también para estos. Que se arrepientan y que vuelvan a Dios, que tanto ama a los hombres que envió a su Hijo, nacido en carne, nacido de mujer, y que estos mismos u otros que lo tienen en sus manos cambien, y seguro que cambiarán, porque el amor que es Dios es más fuerte, aunque aparezca tan inerme como un Niño, recién nacido, la criatura más frágil de toda, porque ahí, en ese Niño, está y vemos todo el infinito amor, que es Dios-con-nosotros, Emmanuel».

«Navidad es alegría, aplauso a Dios, Dios que quiere al hombre que sufre, no como el aplauso perverso de los que votaron Sí en el Congreso de los Diputados a la ley inicua, perversa y cruel en favor de la muerte, so capa de sentimientos o sentimentalismos de compasión, o los bailes de una señora que, creo, fue ministra de Sanidad en otros momentos, que saltaba de alegría cuando llenaba de tristeza ella misma a la mayoría que no estábamos en el Parlamento y que lo que tendría que hacer es avergonzarse por haber aprobado esta ley y, más aún, de bailarla, y pedirnos perdón a todos», destaca con amargura el cardenal.

«Navidad es cuando se hace justicia a los parados, que sufrieron los ertes y no les han pagado todavía, y en su casa hay hambre y oscuridad, y tristeza, por quitarles el trabajo, que eso sí que es un derecho, -el derecho a un trabajo digno y sostenible- y no la eutanasia. Esto es lo más contrario a la Navidad y a la misma humanidad; ¿dónde quedan lo sentimientos de compasión? ¿en los sueldos para los que gobiernan y están cómodamente en su sillón del Congreso? Pero a pesar de ellos, Dios los ama, y sobre todo ama a los que pierden el empleo o a los empresarios que se han visto obligados a cerrar porque otros no han hecho las cosas bien, y ven cómo sus familias y sus hijos sufren».

El arzobispo hace referencia en el texto a la esencia de la Navidad: «Jesús nace en Belén. Este nacimiento, único en toda la historia, supera todas las expectativas de la humanidad y así será para siempre. Constituye el único acontecimiento por el cual el hombre puede descubrir la alta vocación a la que está llamado: en este acontecimiento está el futuro del hombre».

«Ahí está la gran esperanza. Nace Jesús en Belén de Judá. En Belén la noche oscura se hace día radiante y la fragilidad de un Niño recién nacido en la más radical pobreza de un establo se convierte en fuerza de todos los débiles y esperanza para todos los hombres y todos los pueblos. Ha sido un verdadero derroche de amor el que el Hijo de Dios se haga carne de nuestra carne, nazca en condiciones dignas del último de los pobres».

«En la Navidad, Dios se ha unido, de uno u otro modo, con todos y cada uno de los hombres, se den o no se den cuenta de ello, lo acepten o no lo acepten. Dios se lo juega todo, por decirlo así, en y con el hombre».

«Que no nos roben la Navidad, como están intentando algunos y algunas tendencias culturales, secularizadoras e ideológicas. Y nos la roban cuando ceden a los criterios del mundo enemigo y aprueban leyes que intentan regular un derecho inexistente como es el de la eutanasia; y nos la roban cuando difunden una cultura hedonista en la que no cabe el dolor ni el valor del sufrimiento; y nos la roban cuando pretenden una enseñanza que no educa en el alto valor y dignidad de toda persona, y no hay Navidad donde se infunde miedo y temor y falta de libertad».

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