Jaime Lorente y El Cid Campeador

Estatura de El Cid en Valencia, Plaza de España. /Camino del CidEstatura de El Cid en Valencia, Plaza de España. /Camino del Cid

Vicente Torres

21.12.20

En el título he puesto a Jaime Lorente primero porque al burro siempre hay que ponerlo delante, para que no se espante.

Cualquiera que tenga cierta edad sabrá que a los jóvenes de hoy les resultaría muy difícil entender cómo era la vida en 1980, y más todavía en 1960. Comprender la mentalidad imperante en el siglo XI requiere un esfuerzo considerable. Asimilar un personaje de aquel tiempo a una opción política de hoy es una necedad.

El Cid Campeador es un personaje histórico que, por méritos propios, ha logrado sortear la universal ley del olvido, de la que muchos huyen infructuosamente intentando figurar en alguna enciclopedia.

Que su figura haya sido utilizada políticamente es normal, es lo que suele ocurrir con quienes, por un motivo u otro, destacan. También se hace lo mismo con el nefasto Pablo Iglesias Posse. Y otros lo hacen con Jan Pieterszoon Coen o Edward Vernon, y ninguno de los tres le llega a la suela de los zapatos a Rodrigo Díaz de Vivar, que jamás perdió una batalla, a pesar de que muchas veces estuvo en franca inferioridad de condiciones, que conquistó una plaza tan difícil como Valencia, que hubo que ceder a su muerte, porque era de imposible defensa. Es por eso que el nombre más apropiado para esta ciudad, fundada por los valientes romanos y conquistada luego por este todavía más valiente personaje, sea Valencia del Cid. Lo que ocurre es que ahora está gobernada por un cretino que le ha puesto un palito al nombre.

Cada cual puede interpretar a este personaje histórico como le dé la gana, pero se conoce que hay algunos que han hecho algo, una serie, una película, que no pienso ver, con la intención de molestar a ‘las derechas’. O sea, todos los de derechas son malos y todos los de izquierdas son buenos según el pensamiento de esta gente, con lo que se demuestra que la estupidez no tiene cura, al menos por ahora, aunque es posible que algún día inventen una lavativa que se muestre eficaz, sobre todo aplicada al botarate del título.

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