De aquí a tres años

Vamos hacia una legislatura larga, en contra de lo pregonado por la oposición. /Foto: archivoVamos hacia una legislatura larga, en contra de lo pregonado por la oposición. /Foto: archivo iV.com

Enrique Arias Vega / A CONTRACORRIENTE

02.12.20

Vamos hacia una legislatura larga, en contra de lo pregonado por la oposición. Y eso por muchas y diferentes razones que incluso le permitieron a Pablo Iglesias profetizar en la última moción  de censura que Pablo Casado no gobernará nunca.

De momento, el líder de Unidas Podemos está al frente de un ministerio que incorpora la Agenda 2030, que viene a ser como una premonición, y que concuerda con los deslices verbales de Pedro Sánchez cuando se remite a su actuación de aquí a diez años.

Por eso, no tienen nada que ver las contradicciones en que incurren un día sí y otro también los ministros del Gobierno, ni los desencuentros entre los partidos de la coalición, ni las denuncias e investigaciones a que están sometidos unos y otros. Ni siquiera las simples mentiras gubernamentales, que las hay.

Este Gobierno se limita a vivir al día, sin importarle lo que dijo el día anterior. La suya es una práctica contrastada por la biología, que viene a demostrar que los recuerdos de la última sensación invalidan las sensaciones anteriores y sólo nos quedamos con ella en nuestra memoria afectiva. Así que el Gobierno dirá lo que haga falta para que sólo recordemos en todos los casos su última afirmación, aunque contradiga todas las anteriores.

Esa hábil estratagema hará que dentro de tres años, cuando toquen las elecciones generales, Pedro Sánchez diga lo que le convenga para poder seguir en el machito.

Claro que eso no es suficiente para su ansiada, reiterada y hasta previsible victoria electoral, sino que se dan unos cuantos requisitos más. El primero, que la suma de los partidos que odian a la oposición política y a todo lo que ella representa son más que sus defensores. Luego, por supuesto, está la desunión de la derecha, que le lleva a la irrelevancia electoral. Pero lo más importante de todo es que el relato social dominante, los valores que se han impuesto en nuestra sociedad, querámoslo o no, son los de una izquierda cada día más radical y más a gusto en su papel de rectora sin oposición ideológica de los destinos colectivos.

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