Parchis
Opinión

Redondo Terreros y Otegui

Nicolás Redondo Terreros, miembro del Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra. / Img. LD

Vicente Torres

13.11.20

Si Nicolás Redondo Terreros, Susana Díaz y miles de socialistas pretenden seguir considerándose honrados y dignos deben romper el carnet del PSOE. Si no lo hacen, en lo que respecta a la dignidad estarán a la misma altura del Felón.

El miserable Ábalos, virtuoso en las artes de la mendacidad y el descaro, ha venido a comparar la vinculación de Otegui con el gobierno con el de la oposición con el franquismo. Esa es una mentira tan grande como su descaro, además de una vileza. No hay nada que pueda justificar la alianza del PSOE con los terroristas. Aceptar el apoyo de Otegui es pasar por encima de las víctimas del terrorismo, especialmente de las de su partido.

Por otro lado, dar por derrotado a Franco, que estará riéndose en su tumba, es de una ingenuidad que provoca ternura. La izquierda, con su bochornoso modo de actuar, no puede derrotarlo. Cuestión distinta sería si la izquierda tuviera un comportamiento ejemplar. Bien lejos de ello está.

En España sufrimos una larga dictadura como consecuencia de una guerra que no debió producirse jamás. Todas las dictaduras son malas, entre otras cosas porque envilecen al personal, al obligarlo a comulgar con ruedas de molino. Pero todo el mundo sabía que lo que había era una dictadura.

La que sufrimos ahora también lo es, y es peor, porque está camuflada de democracia. No se observa en ninguno de quienes componen el gobierno convicción democrática alguna, ni respeto a la legalidad o a los símbolos.

Los socialistas que estén conformes con este degenerado gobierno, capaz de ultrajar a las víctimas del terrorismo y a todos los españoles sin que se les mueva un músculo de la cara, pueden seguir en el partido. Pero que no pretendan luego tener razón en la guerra civil. Si apoyan la tiranía de las mayorías sobre las minorías, que no presuman de demócratas, porque no lo son. El socialismo español ha enseñado su verdadero rostro. Y da asco.

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