Parchis
Actualidad IGLESIA

La Iglesia califica la eutanasia como un acto malo ‘en toda ocasión y circunstancia’

El español Luis Fernando Ladaria SJ, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante la presentación de «Samaritanus Bonus» - Img Ecclesia
El español Luis Fernando Ladaria SJ, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante la presentación de «Samaritanus Bonus» - Img Ecclesia

El español Fernando Ladaria SJ, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha presentado la carta Samaritanus Bonus en el la Sala Stampa del Vaticano

Martes, 22.09.20

A. Casañ.-  “La eutanasia es un acto intrínsecamente malo, en toda ocasión y circunstancia”. Tal calificación («intrínsecamente malo») está reservada en el magisterio de la Iglesia para muy pocos actos, y son así calificados porque “no admiten ninguna excepción legítima; no dejan ningún espacio moralmente aceptable para la creatividad de alguna determinación contraria”, tal y como dejó escrito Juan Pablo II en Veritatis Splendor, su encíclica de 1993 sobre la enseñanza moral de la Iglesia.

Así lo recoge el documento firmado por el español Fernando Ladaria SJ, como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la carta Samaritanus Bonus,  que ha sido presentada este martes en la Sala Stampa del Vaticano y en la que se recuerda que «en esta cultura del descarte y de la muerte, la eutanasia y el suicidio asistido aparecen como una solución errónea para resolver los problemas relativos al paciente terminal», una información que recoge la revista digital Ecclesia.

En el texto se sale al paso de varios argumentos que se esgrimen para defender la eutanasia. Se refiere la Santa sede a que el argumento compasivo de la eutanasia es falso. «La compasión humana no consiste en provocar la muerte, sino en acoger al enfermo, en sostenerlo en medio de las dificultades, en ofrecerle afecto, atención y medios para aliviar el sufrimiento», asegura el texto. Asimismo, se refieren al «individualismo creciente» de la sociedad.


“El extraordinario y progresivo desarrollo de las tecnologías biomédicas ha acrecentado de manera exponencial las capacidades clínicas de la medicina en el diagnóstico, en la terapia y en el cuidado de los pacientes. La Iglesia mira con esperanza la investigación científica y tecnológica, y ve en ellas una oportunidad favorable de servicio al bien integral de la vida y de la dignidad de todo ser humano”

También se detiene el texto en el argumento del deseo de morir, en base al principio de la autonomía del paciente, para decidir su muerte cuando es una carga. « La idea de fondo es que cuantos se encuentran en una condición de dependencia y no pueden alcanzar la perfecta autonomía y reciprocidad son cuidados en virtud de un favor», asegura el texto.

El cuidado de la vida es, por tanto, la primera responsabilidad que el médico experimenta en el encuentro con el enfermo. Esta no puede reducirse a la capacidad de curar al enfermo, siendo su horizonte antropológico y moral más amplio: también cuando la curación es imposible o improbable, el acompañamiento médico y de enfermería (el cuidado de las funciones esenciales del cuerpo), psicológico y espiritual, es un deber ineludible, porque lo contrario constituiría un abandono inhumano del enfermo. La medicina, de hecho, que se sirve de muchas ciencias, posee también una importante dimensión de “arte terapéutica” que implica una relación estrecha entre el paciente, los agentes sanitarios, familiares y miembros de las varias comunidades de pertenencia del enfermo: arte terapéutica, actos clínicos y cuidado están inseparablemente unidos en la práctica médica, sobre todo en las fases críticas y terminales de la vida.

El documento recoge, casi calcadas, las palabras que también pronunció el secretario general de la CEE, Luis Argüello, en diciembre del año pasado durante la presentación de Sembradores de esperanza, el documento de los obispos españoles sobre la eutanasia. La carta Samaritanus Bonus afirma que «incurable, de hecho, no es nunca sinónimo de “in-cuidable”».

Ser buen samaratino

Ante la cultura de la muerte, la propuesta positiva desde la Santa Sede es la de actuar a imagen del Buen Samaritano. «Es una contribución esencial que compete a los agentes de pastoral y a toda la comunidad cristiana, con el ejemplo del Buen Samaritano, para que al rechazo le siga la aceptación, y sobre la angustia prevalezca la esperanza, sobre todo cuando el sufrimiento se prolonga por la degeneración de la patología, al aproximarse el final», explica el texto.


“Es difícil reconocer el profundo valor de la vida humana cuando, a pesar de todo esfuerzo asistencial, esta continúa mostrándosenos en su debilidad y fragilidad. El sufrimiento, lejos de ser eliminado del horizonte existencial de la persona, continúa generando una inagotable pregunta por el sentido de la vida. La solución a esta dramática cuestión no podrá jamás ofrecerse solo a la luz del pensamiento humano, porque en el sufrimiento está contenida la grandeza de un misterio específico que solo la Revelación de Dios nos puede desvelar

Se resalta también que en la parábola del Buen Samaritano encontramos actitudes que sirven para ayudar al prójimo que sufre: «Qué actitudes hay que evitar – indiferencia, apatía, prejuicio, miedo a mancharse las manos, encerrarse en sus propias preocupaciones – y cuáles hay que poner en práctica – atención, escucha, comprensión, compasión, discreción».

print

Agregar comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario