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Opinión

Soldado de Dios

Img. facebook A G_T P
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Antonio Gil-Terrón Puchades

10-09-2020

Un día, hace nueve años, gracias a los reveses que da la vida me vi inmerso en un estado de depresión y ansiedad ante el sombrío e incierto futuro que ante mí se presentaba. Fueron los necesarios dolores del parto que habrían de alumbrar una nueva vida; mi vida. Y es que no hay bien que por mal no venga.

Y busqué luz donde no había más que oscuridad. Para ello abrí al azar el Evangelio buscando respuestas, y esta es la que me encontré:

«No os angustiéis buscando qué comer o qué beber. Por todas esas cosas se afanan los paganos. Vuestro Padre ya sabe que las necesitáis. Buscad su reino, y todo eso se os dará por añadidura». Lucas, 12:29-31.

En ese momento decidí olvidarme de mis problemas domésticos y laborales, para comprometerme en servir en cuerpo y alma a Dios, y ello de la mejor manera que lo sabía hacer: Escribiendo.

En un año escribí, corregí y publiqué, tres nuevos libros; más de mil páginas.

Estos libros, junto con los artículos que publico diariamente en las redes sociales (cerca de 2.000 desde 2012), los difundo gratuitamente a través de Internet, habiendo conseguido mi página http://www.antoniogilterron.com/, lectores en 115 países del Mundo, en tan solo cinco años.

¿Y todo gratis? Pues sí, porque si a mis 66 años, la razón para llevar la vida de ermitaño que llevo, fuese el dinero, les garantizo que no lo haría. Y es que hay cosas en esta vida que jamás haría por dinero, pero sí gratuitamente.

Que nadie piense que actúo así porque me sobra de todo y me puedo permitir una caprichosa y esnobista generosidad; tampoco por vanidad ya que desde hace más de treinta años mi nombre figura entre los mejores poetas de habla hispana.

Es mucho más sencillo. Simplemente hago lo que hago, por querer compartir con mi prójimo todo aquello que ha dado paz y sentido a mi vida.

Me ocupo, humildemente, de las cosas de mi Señor, y Él cuida de mí. Así de simple; así de maravilloso: Busqué el Reino y todo lo demás me vino por añadidura.

Ese es el salario de los soldados de Dios; mi precioso salario con el que sé que jamás seré rico, pero que tampoco nunca me habrá de faltar nada.

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