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Opinión

El arte de descubrir a un necio

Pedro Sánchez y Carmen Calvo se divierten en el Parlamento/archivo twitter
Pedro Sánchez y Carmen Calvo se divierten en el Parlamento/archivo twitter

Vicente Torres

10-09-2020

Todo necio, y toda necia, siente la necesidad imperiosa de participar en alguna conjura contra alguien, cuando no de ser el impulsor de la misma.

Una buena persona, no que se crea así, que eso es fácil, sino que intente serlo, lo cual requiere esfuerzo, jamás participaría en una actividad de esas, ni siquiera contra el peor de sus enemigos, porque le repugna ese tipo de comportamiento.

Un necio no tiene por costumbre rectificar y si alguna vez parece que lo hace no es porque se arrepienta de haber obrado mal, sino que lo más probable es que lo haga por motivos estratégicos, porque piensa que hay un sol que calienta más que el de antes.

A ningún necio le preocupa la posibilidad de haber actuado de forma injusta en alguna ocasión, sino que la posibilidad de que eso le haya podido doler a su víctima es muy probable que le alegre.

Un necio piensa, al menospreciar a su víctima de forma reiterada, o circunstancial, que la está humillando, sin comprender que lo que en realidad hace es confirmar su necedad.

Un necio no se guía por principios o códigos morales, sino por la conveniencia de cada momento. Cultiva y acrecienta su capacidad de cálculo en este sentido.

Un necio siempre es un mamón, alguien que no tiene consistencia por sí mismo y que piensa que ser inteligente consiste en saber hacer la pelota mejor que los demás. Considera lo que logra de este modo como muy meritorio, como si hubiera escrito el Quijote.

Un necio puede alardear de su fe, de cualquier religión, e incluso ser un clérigo y haber alcanzado altas magistraturas en su credo, pero, sin duda, piensa que Dios es idiota y lo puede engañar.

Un necio siempre reduce al prójimo a su propio tamaño y demuestra ser incapaz no ya de profundizar en la cordialidad, sino de comportarse según las más elementales normas que demanda la cortesía. Deja en mal lugar a quienes han debido educarle y a sí mismo, por no ser capaz de solucionar esta carencia suya.

Un necio es incapaz de sentir ternura.

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