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Opinión

Sin Dios, sin más allá, que sentido tiene la vida

Img. facebook A G-T P
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Antonio Gil-Terrón Puchades

09-09-2020

Caminamos sobre viejos cementerios olvidados, repletos de huesos de linajes de familias que hace años se extinguieron y nadie llora ya. Caminamos sobre las tumbas de poetas a los que nadie nunca leyó; de escultores a los que nadie quiso inmortalizar; de filósofos cuyo pensamiento nadie quiso publicar.

Clavamos nuestras raíces en el vivero del Mundo, mientras, contemplamos con indiferente frialdad, el suelo que un día reclamará nuestros despojos.

Pero qué más da que la tierra obtenga un poco más de nuestros cuerpos. Porque acaso ¿no eran pedazos de nuestro ser, el pelo y las uñas que nunca nos molestamos en enterrar, y que no recibieron más sepelio que aquél que un cubo de basura, burlonamente les pudo ofrendar?

¿Y qué diferencia hay entre el pelo y el corazón, o entre las uñas y los pulmones…? ¿Permitirnos estar más años aferrados al vivero, antes de terminar en una necrópolis? ¿Y para qué? ¿Para dar frutos que también habrán de desaparecer algún día?

¿Entonces…? ¿Qué somos en realidad? ¿Qué nos diferencia de una flor o un almendro? ¿Acaso el vivir más? ¿El sentir? Y sentir, para qué, si al final terminaremos pudriéndonos igual.

¿Quiénes somos en realidad? ¿Acaso frutos del azar y la casualidad? ¿Hijos de la nada? O, peor aún, hijos de una reacción química llamada amor… concupiscencia… instinto de reproducción… Y de ser así, para qué tanto pensar; para qué tanto sufrimiento, si corremos nuestras vidas por un angosto pasillo, con más golpes y amargas caídas que dulces caricias, mientras intentamos construir nuestros sueños sobre un mundo de pesadilla.

Porque si luego no hay nada más, ¿qué locura sin sentido es esta? ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Qué cruel química me permite pensar, si nada puedo hacer para cambiar mi final?

Y si el alma no existe… qué soy yo, más que un amasijo de polvo y agua, que llora mientras su pecho busca – inconscientemente – el filo de una espada a la que abrazar.

NOTA: No pienses en Dios; piensa en ti. Piensa en el sentido de una vida sin Dios ni Más Allá, e intenta razonarla y encontrarle lógica en base al pensamiento puro. Prescinde de Dios y el diablo en la ecuación de la vida, y no entenderás nada de nada.

Piensa en ti y llegarás a Dios.

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