La mortalidad y la soledad, principales miedos de los mayores ante la Covid-19

La fragilidad física, psicológica, social y emocional de los mayores es un factor de riesgo ante la pandemia, según expertos del hospital La Salud

Martes, 01 de septiembre de 2020

A.C.-  “Lo que más vemos en los pacientes mayores que tratamos es miedo a la mortalidad porque, a diferencia de la primera ola de la pandemia en marzo, ahora los pacientes geriátricos han visto cómo el COVID-19 se ha cebado en residencias de personas mayores en toda España”, afirman expertos médicos de La Salud de Valencia.

Los síntomas del COVID-19 en las personas mayores de 70 años no difiere de los síntomas que pueden tener el resto de personas pero en esta franja de edad el problema llega a causa de las frecuentes patologías previas que sufren ya que aumentan el riesgo de que haya complicaciones. En este sentido, “la fragilidad de estas personas es un factor de riesgo importante. No sólo la física, sino también la psicológica, la emocional y la social”, asegura el geriatra del hospital valenciano La Salud, José Botella.

Pero no es el miedo a la mortalidad lo único que les preocupa a nuestros mayores. También les inquieta y les provoca ansiedad el miedo a la soledad y muchos de ellos pasaron casi tres meses aislados y solos de marzo a mayo y no quieren volver a pasar por esta experiencia de nuevo. El doctor Botella explica que “ha habido mucha gente sola tanto en casa como en los hospitales y en las residencias. Esta soledad agrava mucho la salud de los mayores y es algo que debemos intentar evitar si volvemos a un nuevo confinamiento. Habrá que buscar modos de que podamos evitar el aislamiento. Una de las secuelas importantes que estamos viendo son las derivadas de la soledad”.

Soledad antes del COVID

Pero la soledad de los mayores no empieza con la pandemia. Muchos de ellos sufren depresión cuando llegan a la edad geriátrica. “Las afecciones relacionadas con la edad como la pérdida auditiva y las enfermedades oculares también pueden hacer que sea más difícil seguir adelante y no caer en una depresión”, asegura Tony Crespo, psicólogo del Servicio de Psiquiatría del Hospital La Salud. “Los familiares directos e indirectos, hijos, nietos e incluso vecinos, tenemos la obligación de rectificar esta situación y combatir la soledad en los ancianos, y para ello tenemos que estar dispuestos a levantarnos y hacer que suceda”, destaca el doctor Crespo.

Es importante escucharlos activamente y “hacer saber a nuestros mayores que estamos ahí, es un regalo que podemos hacer desde nuestro corazón para animar a alguien que nos importa, brindándoles la oportunidad para que se expresen sin interrupciones, y descubrir lo que están pensando y sintiendo y, qué intereses o pasiones permanecen latentes en ellos, solo esperando a ser reavivadas”, añade Crespo. “Podemos profundizar y descubrir cuáles eran sus intereses antes y hacer que intenten despertar el interés por esas actividades olvidadas”, subraya.


Una vez que sepamos lo que les gusta hacer a nuestros seres queridos, podemos utilizar esta información para desarrollar un plan personalizado para erradicar la soledad

Dejar que sigan enseñándonos

“Dicen que de cada mala experiencia se saca algo en provecho, pues bien, quizás ahora sea el momento de que volvamos a conectar con nuestros mayores como cuando éramos niños, permitiéndoles que sigan transmitiéndonos conocimientos adquiridos a lo largo de sus vidas”, explica Tony Crespo.

“La clave -explica- está en dejar que sus pasiones y experiencias guíen el plan de la lección. Por ejemplo, si a nuestra madre le encanta cocinar algún postre, pidámosle que nos enseñe cómo hacerlo. Aparte de ser una gran experiencia de vinculación, también nos ayudará a restablecer un poco de equilibrio en la dinámica entre padres e hijos que puede haberse perdido”.

Fomentar la brecha generacional

Los parientes más jóvenes de la familia pueden desempeñar un papel vital en el fomento de las relaciones entre los ancianos y sus familias. Los nietos a menudo perciben a sus abuelos como extraños o aburridos, cuando deberían considerarlos como una fuente valiosa de sabiduría y diversión.

El doctor  Crespo propone que “saquemos provecho a la generación del internet y del teléfono móvil y, que utilicen estos medios para generar una rutina en los mayores, llamándoles a diario a la misma hora e intentando que se sientan importantes para ellos. Esto a su vez, contribuirá a trabajar cognitivamente las capacidades de nuestros mayores, viéndose estimulado mentalmente por las interacciones con otras personas”.

Vivir junto a los mayores

Otra cuestión es si nuestros mayores conviven con nosotros en la misma casa. Aquí podemos gestar un gran cambio y lograr que se renueven los intereses aletargados en las personas y las actividades.

“Los miembros de la familia debemos brindar un estímulo amable para ayudar a los mayores a aclimatarse -explica Crespo-, conocer nuevas posibilidades y participar en nuevas actividades. Una de las mejores partes de la vida de la tercera edad (además de recibir la atención necesaria) es que las oportunidades de socialización y satisfacción están disponibles justo dentro de casa”.

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