Iglesias, rehén de Sánchez

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Vicente Torres

01-09-2020

A lo largo del tiempo que dura la coalición de gobierno, Iglesias ha ido echando pulsos a los ministros socialistas y los ha ganado y se ha jactado de ello. Incluso ha insultado a unos de los pocos ministros preparados para su cargo (otra cosa es que lo desempeñe bien) y ha puesto al aparato propagandístico de su partido (léase Echenique) a hacer lo mismo.

Las tornas han cambiado y arrecia la presión social para que Podemos salga del gobierno. Por todo, por maldad, por inutilidad, por asco. A Iglesias, la sola idea de dejar el gobierno le debe de producir pánico. No tendrá donde meterse cuando eso ocurra. Lo mejor que puede esperar es que el personal se olvide de él, cosa que ocurrirá, sin duda, pero es tanto el daño que hace y tanta la repugnancia que inspira que quizá no ocurra de un día para otro.

La suerte que tiene Iglesias es que Sánchez tampoco puede prescindir de él. Sánchez está condenado a pasar a la historia como el peor gobernante que jamás tuvo España, en dura competencia, todo hay que decirlo, con Fernando VII y Zapatero. En cuanto salga del gobierno, tendrá que ir buscando un sitio en el que no lo reconozcan y entonces lamentará su actual obsesión por salir en la tele.

Sánchez e Iglesias son dos psicópatas, trileros, enemigos casi siempre de la verdad, dos funambulistas que además necesitan el apoyo de delincuentes como Otegui, Torra, Junqueras o el prófugo Puigdemont. Dos pájaros de cuenta cuya falta de respeto a los ciudadanos que, mediante sus impuestos, les pagan el sueldo se sustancia en que ni siquiera se preocupan en contar los muertos. No asumen ninguna culpa, con toda la cara dura de que son capaces, que es mucha, apelan a la responsabilidad, cuando ellos no hacen nada, salvo propaganda, y culpan a otros, sobre todo a Ayuso, y a la indisciplina de los ciudadanos del número de contagios.

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