Parchis
Opinión

Lo de la rata chepuda

Es ya un tópico, un lugar común, que la política española necesita cambios./informaValencia.com

Vicente Torres

25-08-2020

Es ya un tópico, un lugar común, que la política española necesita cambios. Pero esos cambios no son los que proponen los sinvergüenzas esos que, con toda su cara dura, dicen que han venido a regenerarla. Los cambios que necesita la política española también son un lugar común entre las personas decentes, no así entre los golfos, entre los podemitas. Consisten en establecer, de una vez por todas y de modo irreversible, la separación efectiva de poderes. Lo que pretenden los podemitas es lo contrario, otorgar todos los poderes en una sola persona, que además lleva coletas y no hay quien se fíe de ella.

Lo que pasa con estos tipos es curioso. Han venido a la política española a ensuciarla más, a embrutecerla, y señalan a personas para que las acosen y cuando ocurre aplauden y se alegran mucho, y hasta se emocionan. Si le pegan a un policía ya entran en éxtasis. Y todo esto cambia si las tornas se vuelven contra ellos, si les hacen lo que les gusta que les hagan a otros. Esto ya no les va. Entonces se ponen serios y hasta didácticos. Explican que una cosa es el escrache y otra el acoso. Si se les atiende con atención queda claro que el escrache es lo que recetan ellos y acoso lo que se les hace. Todas las crueldades que ellos ordenan contra otros están bien. Porque necesitan tener mucho poder para hacer lo que les da la gana, para comprarse muchos chalets y tener criados y criadas, y para que la policía les proteja. El poder es eso y ellos necesitan el poder. Y aunque sean cutres, extremadamente cutres, y sin pizca de educación, han de salir en las revistas, como si fueran marqueses,

Si les gastan bromas a ellos, como la de la rata chepuda, entonces se ponen serios y hasta lloran de pena. No podía ser de otro modo: lloran.

print

2 Comments

Haga clic aquí para publicar un comentario

  • Muy bueno lo de ‘rata chepuda’ de este individuo con ínfulas de marqués, mismas ínfulas que su mentor, el ‘marxqués’ que hacia también gala de no pagar, y que lo quería ser del ‘marxquesado’ de Tréveris. Mientras sus hijos se morían de hambre y frío, él calentaba la cama de su criada Helen (que, para eso sí que tenía) y endilgaba luego el fruto devenido (un tal Freddy), a su capitalista particular, un tal Engels. Lo cuenta una de las dos hijas suicidas del tal fulano y marxqués frustrado, Eleanor, en su libro “El hijo bastardo de Marx”. Olé por el padre del proletariado mundial que en su vida dio un palo al agua, como no fuera a la tal Helen.