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Opinión

El cierre de los prostíbulos

Img. JC

Javier Caravaca

22-08- 2020

Irene Montero envió el jueves una carta a los consejeros autonómicos de igualdad para que no se olvidaran de los prostíbulos en relación al COVID. Aunque la prensa ha publicado que la ministra solicitaba su cierre, no es así, según los comentarios que se publican, ya que no tenemos acceso al contenido íntegro de la carta. En honor a la verdad, si no mienten también en eso, la ministra solamente instaba a los consejeros a adoptar medidas específicas para los prostíbulos, del mismo modo que se había hecho con otros negocios de hostelería y de ocio nocturno, lo cual es muy sensato. Irene apoyaba sus argumentos en el difícil rastreo de los contagios, también lógico, y aprovechaba para recordar su lucha contra la explotación sexual, lo cual le honra. Solamente se le puede criticar el descuido al citar que “la salud y los derechos de las mujeres son fundamentales,” pero puede que haya sido un simple lapsus debido a la costumbre. La salud y los derechos de los ciudadanos son fundamentales, nadie lo duda.

Ayer, Castilla La Mancha y Cataluña decidieron el cierre de los prostíbulos, y esto ya no es tan honroso, lógico y sensato. No vendrá mal recordar que, legalmente, no existen prostíbulos, la prostitución no es una actividad regulada. Con lo cual, decretar el cierre de prostíbulos es como no decir nada, porque nadie se puede dar por aludido, ni la policía podrá denunciar a ninguno, al menos sin vulnerar la ley. El hecho encierra una hipocresía despreciable por parte de los políticos, que por un lado admiten que conocen perfectamente qué es un prostíbulo y qué no lo es y por otro tienen la indecencia de no regularlos o de no prohibirlos, según su inclinación ideológica. No entro en el debate de si hay que abolir o regular la prostitución, eso lo dejamos para otro día, pero hay que ser muy cínico para decretar el cierre de una empresa que no existe, cuando sabes reconocer a qué se dedica pero no tienes valor para ponerlo en una licencia de actividad. Con ello, las autoridades competentes se encontrarán con la curiosa paradoja de tener que cerrar, por ejemplo, hoteles, porque saben que allí se ejerce la prostitución, dejando otros abiertos, porque no lo saben, pisoteando así la ley. Y si hay algo que no conviene hacer nunca es violentar la ley, ni siquiera por una buena causa, porque se le coge práctica y se termina por cometer injusticia impunemente. Los políticos saben muy bien de qué hablo. Solamente el consejero de Madrid ha tenido la decencia de estudiar el asunto y decir algo así como que le parece bien y lo está valorando, pero que hay dificultades para aplicar esas medidas en una actividad que no está regulada. El de Castilla La Mancha, en cambio, con toda la estupidez posible, no solo decreta el cierre de los prostíbulos en relación al ocio nocturno, sino que los clausura las veinticuatro horas del día, y ya de paso prohíbe comer y beber en los transportes públicos, pues tú bien sabes, estimado lector, que abrir una botella de agua en el metro puede desencadenar un reguero de muertos. Si por la fuerza se cierra algún hotel, con el convencimiento de que en él se practica la prostitución, me da el pálpito de que alguno se va a encontrar con más demandas en los tribunales de las que pueden digerir.

Y ya que me sacas el tema, ¿algún ingenuo piensa que con el cierre de los prostíbulos se va a conseguir contener el virus? Esa medida absurda solo conseguirá desplazar a las prostitutas que los frecuentan a una clandestinidad mayor, con menos seguridad y en condiciones más penosas. Tampoco evitará que la prostitución siga en la calle, en las rotondas y en los descampados. Tampoco evitará que los clientes vayan a sus pisos privados, o reserven una habitación en un hotel convencional. En el mejor de los casos, el cierre de los prostíbulos condenará a esas mujeres a no tener con qué ganarse la vida mientras dure la estupidez. Quizá sea lamentable que tengan que ganarse la vida así, no lo juzgo hoy, pero más lamentable es condenarlas a la miseria. La irresponsabilidad y torpeza de nuestros políticos no tiene límites.

Para no dejar la pluma sin mojarme un poco los pies, el proxenetismo es un delito, la trata de seres humanos también y la esclavitud, en cualquiera de sus formas de sumisión, también. Está bien que lo sean, pues hay una limitación de la libertad inherente en ellos. La prostitución no es un delito, está bien que no lo sea, pues restringirla es una limitación de la libertad del individuo. ¿Por qué alguien podría prohibir que yo me prostituya libremente? Dos personas deciden tener sexo delante de una cámara, cobran por ello y lo difunden al público: industria legal del porno. A veces no hay cámara ni público. Como dice Escohotado, de la piel para adentro mando yo.

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