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Opinión

Golpe al mobbing

Escrache a Begoña Villacís en Madrid./Twitter

Vicente Torres

21-08-2020

El acoso moral recibe varios nombres según se haga en el trabajo, en las aulas, en la vivienda, para que la abandonen, etcétera, pero siempre es llevado a cabo por personas cobardes, sin sentido del honor, sin sentimientos, adictas al gusto por la impunidad y muy crueles. Para qué añadir más.

Muchas víctimas del acoso moral, en cualquiera de sus modalidades, han pensado en el suicidio, y bastantes lo han llevado a cabo. Por supuesto que es responsable de muchos casos de depresión, de crisis de ansiedad, de infartos y de muchas otras patologías. El acoso muchas veces es ordenado por personas que tienen mucho poder y lo defienden con uñas y dientes y ajenos a cualquier reparo moral. Cuando piensan que alguien que actúa dentro de su radio de influencia no actúa exactamente como les gusta, le sueltan a los perros. Son personas, pero actúan como canes defendiendo los intereses de su amo, que de vez en cuando les regala una sonrisa o les echa un hueso.

Los que practican el acoso siempre son de la misma calidad moral, o sea, ninguna. El poderoso puede ser algún psicópata financiero, o político, o simple profesor de la universidad que controla un grupo y quiere demostrar quién manda. Gente miserable, que ha optado por el mal en la vida. Gente que disfruta sintiéndose poderosa, lo cual logra cada vez que destroza una vida.

Y, de pronto, los que pregonan el acoso y lo defienden como forma de hacer política y cínicamente lo llaman ‘jarabe democrático’, piensan que se lo hacen a ellos, o dicen que se lo hacen a ellos como estrategia para que no se hable de otras cosas que no les convienen, y dicen que el acoso está mal, pero dada su condición de cursis y pedantes, pretenden hacer distinciones entre escrache y acoso.

Es decir, mira por donde ahora el acoso moral es condenado por los aficionados a practicar el acoso moral.

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