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Opinión

Los colores del arcoiris

Img. Rosa Muriel
Img. Rosa Muriel

Rosa Muriel / ASÍ ES LA VIDA

20-08-2020

Los recuerdos son aquellos que jamás se olvidan, que se quedan impregnados con tinta para nunca salir de la memoria del corazón, porque fue la risa la cómplice de la alegría, el colchón el testigo de los sueños, la almohada la mejor consejera, la noche la mejor amiga en los días tristes, y las estrellas la mejor luz en los días oscuros.

Recordar es vivir, pero sólo vivir de los recuerdos es morir, porque es difícil desprenderse de lo que uno quiere, de lo que uno extraña, de lo que uno ama; como se puede evitar lo inevitable, como se puede hacer para que el tiempo regrese, para que las caricias, los besos, y los sueños sean inmortales en la mortalidad, convirtiéndose en infinito y permanezcan en lo inexistente, y no se quede sólo en un recuerdo vago y austero.

Escribimos nuestro propio libro.

Somos los protagonistas de qué rumbo debe llevar nuestro libro, nuestros capítulos, nuestros párrafos, nuestras historias, y sólo nosotros escribimos en ellas; y una vez escrito jamás se puede borrar, porque aquí sólo existe esa tinta, pero no una goma de borrar con la que se puedan corregir los errores que se llegan a cometer y se quedan grabados.

Porque para la vida no existen aberraciones, sólo grandes obstáculos y tropiezos. El meollo de la cuestión se encuentra en cómo se levante uno después de las caídas, en cómo se esquivan esos obstáculos, y eso es lo que se queda marcado, es lo que se empieza a tallar, porque son esos momentos los que se quedan en el recuerdo, los que nos hacen reír cuando sale el sol y  observar los bellos colores del arcoiris después de la tormenta, porque la vida toma sentido.

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