La destitución de Cayetana

Cayetana Álvarez de Toledo

Vicente Torres

18-08-2020

Debo decir que no soy admirador de Cayetana, pero a continuación que dentro del actual panorama político es de lo mejor que hay, si no lo mejor. Preferiría que el PP estuviera dirigido por ella y si fuera así, seguramente, lo votaría.

Como ciudadano, debo velar por mis intereses, no por los de ningún partido. Y cuando se exige que un político haga exactamente lo que le pide el jefe, y lo hace, es obvio que ese político ‘tan obediente’ no defiende los intereses de los ciudadanos, o sea, los míos, sino los suyos propios. Lo que le conviene es tener contento al jefe, no a los votantes. Así las cosas, pregunto: ¿con qué cara me piden el voto?, ¿cómo se atreven a prometer esto o aquello en un sistema democrático? Es obvio que quieren el poder y si lo consiguen cumplirán las promesas que les convengan a ellos, no al ciudadano que vota.

Como ciudadano, quiero políticos con criterio, capaces de levantar la voz si el asunto lo demanda, y que sean conscientes de que su obligación moral es defender los intereses de los ciudadanos, no los de su partido o del líder de su partido.

Nada del discurso de Cayetana se aparta o se sale del ideario del PP. Y eso de que el PP tiene ideario es una hipótesis, porque la Biblia lo dice bien claro: «por sus hechos los conoceréis». El PP ha traicionado a Cayetana, porque le dio un cargo y un cometido y no le ha permitido desempeñarlo. La excusa es que ha desafiado la autoridad del jefe. No que se haya salido del ideario del partido.

Las conclusiones son claras:

Hay que establecer, con carácter de urgencia y de forma irreversible, la separación de poderes.

Hay que cambiar la ley electoral, para que los diputados sepan y noten que sus jefes son los ciudadanos, los que les pagan las nóminas.

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