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Opinión

PP y PSOE se ponen de acuerdo

Img. JC

Javier Caravaca / POLÍTICAMENTE INCORRECTO

03-07-2020

Cada día me levanto con la sensación de que el Gobierno ya no puede sorprenderme, que estoy preparado para digerir cualquier contradiós que se les haya ocurrido, pero nada, tienen una creatividad que ya la quisiera yo para mí.

Si recuerdas, PSOE y Podemos acordaron con Bildu derogar íntegramente la reforma laboral de 2012, para poner otra cosa que fuera más acorde a su ideología. Lo hacían para ganarse el voto favorable de Bildu en la prórroga del estado de alarma, que debe ser algo así como el estado del nirvana para los políticos. De paso le tiraban un ramo de flores a su público, que tan deseoso está de recibir halagos y promesas de vida regalada: trabajos seguros, despidos imposibles, retribuciones holgadas… vamos, todo eso que no se consigue con ser esforzado y productivo, sino con la benevolencia de los políticos.

Pues bien, ayer se votó el asunto en la comisión de la reconstrucción y fueron fieles a lo acordado, lo de derogar salió adelante. Sin embargo, unos minutos después, se conoce que sonó algún teléfono o algo, y el PSOE y el PP solicitaron repetir la votación. Sí, sí, así tal cual, amparándose en el reglamento del foro, nada ilegal. Los de Bildu debieron pensar que era una broma. Pero no lo era, se votó de nuevo y PSOE, PP, Ciudadanos y Junts, que forman una mayoría holgada, votaron esta vez en contra. Y así se dijo adiós a la contrarreforma, que ya si eso se queda para la siguiente pandemia.

Entre lo de votar en contra de reducir el IVA de las mascarillas y votar en contra de derogar la reforma laboral de 2012, el PSOE atesora un grado de contradicción asombroso. Que conste que no juzgo la bondad o vileza de ninguna de las dos cosas, puede haber motivos para defender lo uno y lo contrario, no voy por ahí. La cuestión es que eso no es lo que dicen en sus estatutos, no es lo que refleja su programa, no es lo que acordaron, no es lo que prometieron a los votantes ni es fiel al espíritu del partido, tan de izquierdas, tan socialista y protector de la clase obrera, como llevan en su lema. Llamadme ingenuo, pero me da la sensación de que lo de ayudar a “los de abajo” es un mero discurso para conseguir su cuota de mercado, en algún lugar hay que posicionarse, y el lado derecho ahora está lleno. Creo que igual les da defender a las limpiadoras del hogar que a los accionistas de Repsol, que lo mismo hoy están con la bandera LGTBIQ+ y arengando a los jubilados en una manifa y mañana se envuelven en el águila de San Juan y le pegan un recorte a las pensiones que te dejan cagando con el culo al aire. Por cierto, siempre he sido un currante y he mirado el precio de los macarrones, pero como algún artista de estos me diga que soy de “los de abajo” me lo llevo al barro y le explico cuatro cosas al estilo de los pobres, con un vergajo y un bramante. El dinero va y viene, solo sirve para comprar, los de arriba somos las personas con cultura y valores humanos, los de abajo son los sinvergüenzas de los que anda el parlamento a rebosar.

Perdóname, sufrido lector, pero es que se me llenan las tripas de hiel. Lo que no acabo de entender es cómo sus votantes, sobre todo “los de abajo”, consienten que arrastren su dignidad de esa manera, con qué tragaderas soportan esas humillaciones y por qué demonios siguen creyendo en lo que dicen. Quizá sea porque han interiorizado que el resto son mucho más peligrosos. Tal vez crean que si no están ellos vendrán los de extrema derecha, los fascistas y los ricachones a comerse a sus hijos, a esclavizar a los trabajadores, a condenar a las mujeres a las tareas domésticas, a meter en la cárcel a los homosexuales y a obligarnos a todos a comulgar en misa. Pero hay que ser muy de los de abajo para creerse ese discurso, esta vez sin comillas.

He mirado qué medios se hacían eco de esta noticia absurda, esperando encontrarla solamente donde no cobran del PSOE. Ninguna sorpresa al respecto. Malpensado como soy, he buscado qué decía el País en portada para desviar la atención, y la vergüenza ajena se ha apoderado de mí. “Sánchez sella un pacto por el empleo con patronal y sindicatos por un crecimiento más sostenible e inclusivo,” así se descalza el diario y pone sus pies encima de la mesa, llenos de mierda. En el cuerpo de la noticia incluye mentiras como que “el Ejecutivo de coalición progresista tiene mucho más fácil lograr acuerdos con la patronal que con el PP”, teniendo de progresista lo mismo que mis huevos y después de ponerse de acuerdo con el PP para tirar abajo la contrarreforma. “Habrá que negociar cuestiones clave de la reforma laboral,” escribe un tal Carlos, que debe pensar que sus lectores son retrasados. No diré el apellido para que no te burles de él, que el pobre tiene que comer de algún sitio, por muy indigno que sea el trabajo de engañar que le han mandado. Entre El Mundo Today y El País me llevan loco, a veces no sé si lo que estoy leyendo va en serio o en broma. Por cierto, hoy he leído por ahí que el arzobispo de Canterbury había pedido retirar de la catedral la estatua del emperador Constantino, por nosequé del Black Lives Matter. Me meaba de la risa. Cuando me he dado cuenta de que era verdad he tenido que chutarme Ventolín.

Lo que más me aterra, viendo este vaivén de contradicciones del PSOE, que es quien manda, y la cantidad de basura que se publica, es que no estamos en manos de ningún demonio, que no hay ninguna conspiración para detentar el poder, que no existe ese entramado corrupto y complejo en el que a veces pensamos. Nada: al volante hay un mono, que se chifla por los cacahuetes y que lo mismo te tira un mojón que se pone a masturbarse. Lo único que quiere es conducir. Y me da miedo ir sentado en ese coche.

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