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Opinión

Esnifar monóxido de carbono

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Antonio Gil-Terrón Puchades

10-06-2020

Uno de los inventos, del ateísmo talibán, consiste en sacar imágenes angelicales de niños pequeños, con frases que pretenden ser ingeniosas, en las que soflaman que todos los niños nacen ateos y son ateos durante la época más inocente de sus vidas.

Pues bien, a otro tal vez le tapen la boca con tan “pueril” argumento, pero a mí desde luego no me van a enmudecer. Comenzaré por decir que los niños pequeños, además de desconocer la existencia de Dios, si les dejas, engullen todo lo que pillen por delante, especialmente las cosas que se mueven, como las cucarachas.

Por otro lado cabría decir que los niños no nacen ateos, en el sentido coloquial y filosófico del término, sino que simplemente desconocen la existencia de Dios, de la misma manera que no saben para que sirve el orinal, o que existe la Torre Eiffel.

Pero seamos generosos y demos por válida la falaz frase que afirma dogmáticamente que “todos los niños nacen ateos” (y cagones, añadiría yo) aunque claro, por esta falaz regla de tres podríamos afirmar que: “Todos los chimpancés nacen ateos, crecen ateos, y mueren ateos”, ¿o no? En la próxima campaña publicitaria atea podrían poner chimpancés en lugar de adorables bebes…; por variar, digo yo.

Sin salir del tema, la otra frasecita (pretenciosamente subliminal) que circula por ahí estampada sobre una imagen de Darwin, reza lo siguiente: “Lo que no ves con tus ojos, no lo inventes con tu boca”.

De “merengazo”. Este “apabullante y científico argumentario”, da a entender – tácitamente – que todo aquello que no es apreciable por los sentidos humanos [tacto, gusto, olfato, y vista], no existe; este sería el caso de Dios… o del monóxido de carbono; ese gas inodoro, incoloro, insípido e indoloro, cuya inhalación prolongada, produce la muerte.

Hay que tener respeto y precaución por todo lo que nos rodea, pero especialmente por aquello que no podemos apreciar con los sentidos, pero que sin embargo existe la posibilidad de que esté a nuestro lado aunque no lo veamos.

¿Acaso es capaz un hombre, encerrado en una habitación vacía, de percibir las ondas de radio que lo acompañan en su aislamiento? Tan solo lo conseguirá si dispone de un transistor y lo enciende.

Pues bien, la fe es el “transistor” que nos permite percibir a Dios; el problema es que “el transistor de la fe”, no se vende en los comercios ni en la tele tienda. La fe es gratis y libre de impuestos, y Dios se la regala a quien le da la gana, pero especialmente a aquellos que se la piden con humildad y constancia.

Bueno, lo de libre de impuestos es de momento porque, dado que al Gobierno ya no le quedan ubres que estrujar y sangrar, no me extrañaría que aplicasen a Dios y los creyentes el impuesto por donaciones, que puede ser elevadísimo dado que la fe tiene un valor incalculable para el que la recibe.

Por cierto, si según DARWIN en su libro “EL ORIGEN DEL HOMBRE”, el hombre y el mono descienden de los mismos progenitores, y si uno de los elementos diferenciadores entre ambos es que una gran parte de la Humanidad cree en la existencia de un ser superior divino, mientras que el cien por cien de los simios no tienen conciencia de la existencia de Dios, ¿cómo se puede acusar – como se acusa – a los creyentes de ser primitivos, supersticiosos, e intelectualmente poco evolucionados?

Lo que se iban a reír y a disfrutar los ateos si los monos creyesen en Dios. Pues lo siento, pero va ser que no, porque es justo al revés. Y luego dicen que no hay justicia.

https://www.youtube.com/watch?v=e9zZfz0x1rk

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