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Opinión

Leopoldo Calvo Sotelo en el recuerdo

Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo,​ Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y político, Presidente de Gobierno (1981-82), ostentaba el título de Grande de España, entre otros/Img. archivo informaValencia.com
Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo,​ Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y político, Presidente de Gobierno (1981-82), ostentaba el título de Grande de España, entre otros/Img. archivo informaValencia.com

Vicente Torres

06-07-2020

Quienes hemos tenido que sufrir a personas de inferior talento y que por algún motivo, de forma pasajera o permanente, han disfrutado de poder y lo han usado de forma despótica, sabemos darnos cuenta de lo que significa tener como presidente del gobierno a Pedro Sánchez, cuyos discursos, gesticulaciones, risas y modales lo acreditan como torpe.

He recordado a Leopoldo Calvo Sotelo, cuya finura intelectual, sutileza en las respuestas y absoluto respeto a todos, fueran del partido de fueran, se echan en falta.

Leopoldo Calvo Sotelo es el presidente del gobierno más inteligente y más culto que hemos tenido. Con mucha diferencia sobre los demás. Su sentido del humor, finísimo, e indetectable para los de la sal gorda, que eran Felipe González y Alfonso Guerra y en el caso de estos dos cargado de maldad, era pura delicia.

Preguntado al respecto, Antonio de Senillosa los definió de este modo: «Fraga Iribarne lo sabe todo y no entiende nada, Suárez no sabe nada y lo entiende todo». Adolfo Suárez no tenía la preparación ni la inteligencia de Leopoldo Calvo Sotelo, pero en cambio poseía una audacia, un valor y un sentido del deber que le sirvieron para llevar a cabo lo que ningún otro político de su tiempo habría sido capaz de hacer: la Transición. Cuando entró Tejero en el Congreso no se llenó el cuerpo de moratones a causa de la rapidez con que se echaron al suelo esos socialistas, que, además, iban a formar parte del gobierno que tramaba Armada.

En su tiempo, los españoles no supimos valorar la labor de Suárez y Calvo Sotelo, que pusieron sus cualidades y sus destrezas al servicio de España. Tras ellos, comenzó el declive. Una serie de presidentes del gobierno que, en mayor o menor medida, vulgares, adocenados, egoístas, hasta llegar al actual que supera en maldad a Fernando VII, aunque su talento es mucho menor.

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